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Libros

Marc Caellas, buscando la literatura de las notas de suicidas de la cultura

Ampliar Marc Caellas
Marc CaellasEFE
Publicado el 29/05/2022 a las 13:03
Virginia Woolf, Silvia Plath, Kurt Cobain, Stefan Zweig, Cesare Pavese, Alejandra Pizarnik, Mishima, George Sanders y Gabriel Ferrater tienen en común que acabaron sus vidas con el suicidio, y ahora el artista pluridisciplinar Marc Caellas reúne en un volumen sus "Notas de suicidio", que ve como "auténticas piezas literarias".
Publicado por Ediciones La Uña Rota, "Notas de suicidio" es, según ha explicado Caellas en una entrevista con EFE, la manifestación de un proyecto más general concebido con el también artista David G. Torres para reflexionar sobre "un tema tabú en Occidente", y que ya tuvo una primera plasmación en forma escénica con la obra teatral "Suicide notes".
"El suicidio es la primera causa externa de mortalidad en Occidente, por delante de accidentes de tráfico, violencia machista o terrorismo y, sin embargo, ni los medios de comunicación ni los políticos ni los artistas están por la labor de hablar seriamente o hacer campañas sobre el asunto", apunta Marc Caellas.
Con la técnica del forense, Caellas desgrana la diversa taxonomía que rodea a la decisión voluntaria de abandonar el mundo de los vivos, con "notas de suicidio para consolar a los padres, para el cónyuge, notas escuetas, lúcidas, inmaduras, conceptuales, ficcionales, en forma de soneto, teatral, avergonzada, política e incluso "la antinota de suicidio" o aquella que no va acompañada de cadáver.
El propio Caellas confiesa que, como escritor, director de teatro o artista le interesa "más la forma que el resultado, más el concepto que la consecuencia, más el estilo que la trama".
Y al igual que preconizaba el escritor Emil Cioran, "el verdadero suicidio, el más logrado, es el de quien lo tiene en su repertorio de posibilidades, pero lo deja para después", en un ejercicio casi de procrastinación.
Entre los estudios que han analizado el fenómeno, Caellas se queda con "Levantar la mano sobre uno mismo", del escritor austríaco Jean Améry, superviviente de Auschwitz, que acabó suicidándose en una habitación de un hotel de Salzburgo con una ingesta de somníferos el 17 de octubre de 1978, dos años después de la publicación del libro.
El gran acierto de Améry es descartar las teorías sociológicas y psicológicas según las cuales es la sociedad la que conduce al individuo indefenso hasta el suicidio.
Subraya Caellas que el suicidio no es ajeno a la sociedad del espectáculo en la que vivimos, como demuestra que "la mayoría de los que saltan al mar en el Golden Gate lo hacen de cara a San Francisco y muy pocos mirando al Pacífico" y por igual razón los hoteles suelen ser escenario habitual de suicidios, porque el suicida sabe que su muerte será registrada, se contactará a familiares y amigos.
El autor ve el suicidio como "una performance de la que su artista desaparece y el cuerpo, el entierro y la culpa caen sobre los demás, que se ven obligados a cerrar la representación tras la salida de escena repentina del protagonista".
La nota de suicidio suele ser "escritura automática" y de ahí que en algunas ocasiones aparezcan los puntos suspensivos ante la falta de tiempo de editar ni de trabajar el texto, como en el caso de la artista de vanguardia Marga Gil Roësset que "pidió perdón por haberse enamorado de Juan Ramón Jiménez a su esposa y amiga Zenobia Camprubí, a la que sintió que había traicionado".
En unas ocasiones el objetivo de la nota es tranquilizar a la madre, como pasó con el escritor colombiano Andrés Caicedo, que se quitó la vida en 1977 tras ingerir 60 pastillas de secobarbital; y en otras la motivación es política, como en el caso del poeta cubano exiliado Reinaldo Arenas, quien tras arremeter contra Fidel Castro concluye: "Cuba será libre. Yo ya lo soy".
Elocuente es la "antinota de suicidio" de la cantautora chilena Violeta Parra, que se descerrajó un tiro en la cabeza el 5 de febrero de 1967, y cuya nota permaneció oculta hasta una reciente investigación de la periodista Sabrine Drysdale, en la que "reparte dardos tanto a familiares como a figuras públicas" y solo salva a su hermano Nicanor Parra.
A veces el suicidio parece estar en los genes, como podría entenderse en el caso del escritor italiano Emilio Salgari, con un padre y dos hijos suicidas, que escribió tres notas, una de ellas dirigida a los periódicos, otra a sus hijos, a los que pide que protejan a su madre y le oculten "la horrenda verdad", y una tercera, más severa, a sus editores a los que acusa de haberse enriquecido a su costa.
No falta el humor, remarca Caellas, en algunas de estas notas, como en la del actor George Sanders: "Querido mundo, me voy porque estoy aburrido. Siento que he vivido lo suficiente. Os dejo con vuestros conflictos, vuestra basura y vuestra mierda fertilizante en esta dulce letrina. Buena suerte"; o la de Mishima, que escribe: "La vida humana es breve, pero yo quisiera vivir siempre".
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