Lápices ilustres
Islandia, el olor a planeta recién hecho
Ilustradores navarros cuentan en esta serie cómo elaboraron su trabajo más sentido


Actualizado el 01/05/2022 a las 12:14
Cuando se fue adentrando en la escalada, con 12 años, a la roca que hasta ese momento veía “como un relleno del paisaje” comenzó a observarle calidades, texturas, estética... esencia. Escalar ha enseñado a Jon Juarez que especializarse en algo ofrece recursos “para entender otras cosas, para distinguir lo que antes no”. Puede comprenderse por eso que impregne un entorno de detalles que genere inmersión con el espectador. Ocurre con esta ilustración, a partir de un viaje en 2015 a Islandia. “Quería que el dibujo guardara esa atmósfera tan de olor a planeta recién hecho, a estrenar, sin explorar; olor a azufre; la sensación de que la tierra que pisas es orgánica, cambiante, y de que se degrada a escala humana, que te acompaña en el tiempo. Me gusta la idea de que algo tan rígido y conservador como una roca sea a la vez más flexible y blando que muchas personas”, sostiene, y vuelve a la escalada: “Cada agujero de la roca parece diseñado por alguien que quiere que disfrutes con el movimiento, como un baile que pide saber leer el siguiente paso e improvisar”.
Se lo había dicho un ilustrador: “He estado en Islandia y es como si lo hubieras dibujado”. Juarez (Pamplona, 22 de junio de 1983) se habría quedado “un mes dibujándolo”. “Cuando algo me gusta mucho y me apetece dibujar de verdad, llego a entender el sitio de otra forma, profundizo más en lo que estoy viendo, me detengo mucho tiempo, lo veo con otra paciencia”, expone el ilustrador, que, entre otras obras, ha publicado cómics, ha ilustrado para marcas comerciales y para músicos, ha trabajado en las producciones 'Angry BirdsToons' y 'Another day of life', para Square-Enix y para una serie de HBO MAX y prepara 'Caramanchada' (Éditions Dupuis), un 'western' sobre la oportunidad de una sociedad de volver a empezar de cero.
Islandia es salvaje. No hay animales. Ni muchos pueblos. Árboles sí, pero no miden más de metro y medio. Como un desierto entre hielo y fumarolas, le deslumbró la mezcla de colores, “el azul con el naranja, las playas más negras con la hierba súper verde”. Colores fuertes que creaban un escenario para él poco acogedor. “No duraría mucho tiempo aquí solo”, se dijo. No lo estaba. Viajaba con su pareja, Leire Salaberria, la figura que camina en el centro con un gorrito mágico. “Fue un viaje especial porque en su vientre viajaba también nuestra hija mayor, a quien pusimos nombre de volcán plutónico y que junto a su hermana pequeña harían temblar la tierra que pisábamos, como dos placas tectónicas”.