Lápices ilustres

La ilustración que nació de una mala noticia

Ilustradores navarros cuentan en esta serie cómo elaboraron su trabajo más sentido

Ilustración de Idoia Iribertegui
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Ilustración de Idoia Iribertegui
Ilustración de Idoia Iribertegui

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Laura Puy Muguiro

Actualizado el 01/05/2022 a las 12:14

Hacía tiempo que la ilustradora pamplonesa Idoia Iribertegui no disfrutaba tanto con un trabajo, y eso que sus ingredientes no auguraban algo bueno antes de mezclarse: 2020 y la mala noticia de que el coronavirus acababa de parar el mundo y que, tras haber sido seleccionada, no iba a poder acudir a la Feria del Libro Infantil de Bolonia, la más relevante de Europa, para mostrar su trabajo. Ni ella ni sus otros diecinueve compañeros de la Asociación de Ilustradores del País Vasco también elegidos. Pero entonces, de la mezcla de ingredientes surgió “el proyecto”: con las ayudas que les concedió el Gobierno vasco por la pandemia decidieron publicar un libro con sus ilustraciones. Sería 'Extrañeza y maravilla' (Media Vaca), “una recopilación de saberes y cosas curiosas y extrañas”.

Y ahí, rebuscando en su mente creativa, Iribertegui (Pamplona, 7 de diciembre de 1973) recordó un “algo extraño y maravilloso” que en 1910 protagonizó en Inglaterra el círculo de Bloomsbury, un grupo de intelectuales cuya existencia había conocido de paseo por el barrio londinense con ese nombre: “para rebelarse contra lo establecido”, varios miembros, entre ellos Virginia Woolf, se maquillaron, disfrazaron y simularon ser un príncipe abisinio y su séquito para pedir la visita al buque insignia de la Armada inglesa, el Dreadnought. El engaño funcionó, les recibieron las autoridades británicas y al día siguiente contaron la verdad en 'The Daily Mirror'.

Profesional desde 2003 y con trabajos en libros de texto, revistas y portadas, autora de una colección sobre 'Lolita Butterfly', 'Olivia y el sexo' y 'Regla Nº.1. Manual imprescindible para mujeres primerizas', su ilustración refleja el momento de la preparación, con Woolf maquillándose, y le gusta porque le permitió hablar de este grupo, de su broma y de esta época de principios del siglo XX que le “entusiasma y apasiona”. “Además, porque está relacionada con mi obsesión por Vanessa Bell”, añade de la hermana de Virginia Woolf. La descubrió en aquellos paseos, en 2015, y, a pesar de la distancia geográfica, de época y de estatus social, “esa sensación de estar siempre dibujando” le ha hecho identificarse con Vanessa, pintora, artista y en los inicios también de aquel grupo. Al empaparse de la vida de ambas le emocionó saber que de niñas pactaron intentar ser libres lo máximo posible, dedicarse al arte y apoyarse. Una relación que hila con la de Variopintas, el grupo de ocho artistas navarras al que pertenece. “Nos queremos y nos ayudamos mucho las unas a las otras”, resume.

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