Primera novela
Ana Ruiz Echauri, Periodista: “Nadie quiere morir con sufrimiento y miedo a que vaya a la cárcel quien le ayudó”
En su primera novela, ‘La ventana de los cernícalos’, ficciona la historia de estas aves que han anidado en su jardinera desde 2003 y que ha contado a través de Twitter. Una historia que se mezcla con la de un artista pentapléjico que se hace amigo de una periodista


Publicado el 11/04/2022 a las 06:00
La última vez que Ana Ruiz Echauri ha mirado por la ventana de su casa ha sido diez minutos antes de esta entrevista. “¡Al oír un piar tremendo!”, ríe la periodista pamplonesa, hija del cineasta Antonio Ruiz, que difundió la cultura y la vida cotidiana de Pamplona a través de una extensa filmografía. “La hembra estaba con un ratoncillo entre las garras que o lo ha cazado o se lo ha cazado el macho. Es la época en la que empiezan a criar: él se pasa el día cazando y le trae regalos porque cuando ella pone huevos, está un mes incubando, quieta”. Lo cuenta de voz y podría haberlo escrito en Twitter, como lleva haciendo años tras haber encontrado un nido de cernícalos en 2003 por primera vez. O habérselo prestado a Sofía, protagonista de su novela La ventana de los cernícalos, que narra en un blog una parte del mundo que le enseña una pareja de cernícalos que un día descubre en su ventana. Palabras que se convierten en una ventana virtual para J., un artista pentapléjico hace cinco años al que empieza a visitar una periodista con la que habla del sinsentido de la vida, del sufrimiento y de la muerte. J. era amigo de Ruiz.
Tiene mucha importancia en la novela la ventana, física y mental.
En el confinamiento me di cuenta de que la ventana se convirtió en un lugar desde el que ver el mundo y de que, igual no de una forma tan terrible como J., muchas personas nunca o casi nunca pueden salir de casa. De hecho, una chica con tratamiento oncológico que estaba encerrada me dijo un día en Twitter: “Tu ventana es el único sitio al que me puedo asomar”. Y la gente fue estupenda porque se dedicó a publicar para ella lo que veían desde las suyas: el mar, una montaña, una calle... Fue absolutamente precioso.
Como una cadena de solidaridad.
Exacto. Se critican mucho las redes sociales porque hay quien las utilizan para el mal. Pero hay muchísimas más personas que las utilizan para el bien. Y hay solidaridad, compasión, ayuda; gente que sabe de cosas y las cuenta para que los demás aprendamos, y eso se valora poco.
¿Quién era J.?
Una persona absolutamente vital y amante de la vida. Era sanitario, artista, amante de la naturaleza, que hacía alpinismo, se metía en cuevas... Y cuando ocurrió lo que ocurrió, su vida se convirtió en una pesadilla que duró cinco años. La novela trata esa inmovilidad e imposibilidad de vivir una vida digna y de lo que defendió siempre: el derecho a despedirse dignamente de ella.
¿Es entendible que una persona amante de la vida quisiera decidir cuándo morir?
Sí, y precisamente por eso. Murió en primavera y una de sus amistades dijo: “¿Pero por qué ahora? Con lo que le gustaba la primavera”. Y alguien contestó: “Por eso”. Es decir, hay un punto de no retorno, un “ya no puedo más, no puedo vivir más, no quiero vivir más, pero necesito que alguien me ayude porque yo solo no puedo. Ni siquiera puedo rascarme si me pica la nariz”.
Se acercó a él para saber si podría entrevistarle. No hubo entrevista, pero se hicieron amigos. ¿Qué implicó en usted?
Los periodistas a veces buscamos noticias pero lo que encontramos son historias, y en este caso encontré una persona y una historia tras la persona. Fue de ese tipo de personas y de historias que te cambian la vida y a quienes debes mucho porque te hacen entender y aprender muchísimas cosas. Es decir: cómo, estando totalmente inmóvil o dependiente de un respirador artificial, se puede seguir creando, teniendo curiosidad y aprendiendo. También entendí la responsabilidad tremenda de los periodistas porque cada historia que contamos es muy trascendental y se queda ahí.
¿Qué pensaba usted de la eutanasia antes de conocer a J.?
Que si tienes derecho a vivir una vida digna, también tienes derecho a despedirte de ella de una forma digna. Había leído mucho. Es muy delicado e incomprensible para algunas personas, pero te hace pensar que todos vamos a morir y que nadie quiere hacerlo con dolor, con sufrimiento, en soledad, con miedo a que quien le ayudó vaya a la cárcel. Afortunadamente, desde hace un año hay una ley que permite morir dignamente a las personas que así lo quieran, y para muchas eso es poder despedirse dignamente sin la preocupación de que a un familiar o a un amigo le puedan interrogar o detener.
Hablaron del “sinsentido de la vida” y lo que un segundo te cambia y hasta te quita.
Si lo piensas, estás bien y al día siguiente te pasa algo y puedes morir. Con la muerte de mi padre, que fue muy repentina y tremenda y poco antes de conocer a J., tengo el recuerdo de “pero si estaba bien, pero si ayer hablé con él y habíamos hecho planes”.
Trae a la vida a J. dieciséis años después de que haya muerto y a su padre.
Parte de la idea de la novela está en recuperar la memoria con una aplicación que permite viajar al pasado, y mi padre dedicó buena parte de su vida a recuperar el pasado, a recopilar viejas películas. Fue muy amigo de José Joaquín Arazuri, que durante años recuperó fotografías antiguas de Pamplona y escribió libros con la añoranza y la nostalgia de la ciudad que ya no estaba. Y mi padre reunió miles de metros de películas antiguas donde se veía cómo era la antigua Pamplona, las gentes, los edificios, las calles... lo que se ha perdido porque siempre se pierde la esencia de las cosas. Estoy muy orgullosa de que la Filmoteca de Navarra tenga el legado de mi padre para que la gente del futuro pueda recorrer todo aquello que no ha conocido.
¿Qué respuesta ha tenido la historia de J.?
Tenía un poco de prevención porque quizá hay quien se han acercado al libro pensando que iba a ser una historia bonita de aves, un poco romántica y humanizando los animales. Pero por ahora nadie se ha quejado de ese desvío hacia una historia más incómoda y de sufrimiento que la de ver nacer a unos pollitos, verlos crecer y volar.
¿Qué le ha supuesto esta novela?
Saldar una especie de deuda de amistad. Esta historia debía conocerse cuando, pasados los años, todo se reposa y puedes leer los correos, los mensajes, y adentrarte en la historia lejos del follón de los primeros días de la noticia, cuando cierta prensa lo mal utilizó sin conocer, sin entender. Además, saldar la deuda con mi padre, que se fue tan pronto y de improviso. Y agradecer a la naturaleza el lujo de conocer estas rapaces silvestres que normalmente no viven en ciudades o en las que no nos fijamos porque miramos muy poco al cielo.


‘La ventana de los cernícalos’
Autora: Ana Ruiz Echauri.
Editorial: Grijalbo. Número de páginas: 286.
Precio: 18,90 euros.
DNI
Ana Ruiz Echauri (Pamplona, 8 de mayo de 1957) ha desarrollado su carrera profesional en las tres ramas del periodismo (prensa, radio y televisión), inauguró Telenavarra en 1981, dirigió la serie de documentales Un programa estelar y se prejubiló en 2020 después de haber formado parte del equipo de informativos de TVE los últimos cuarenta años.