Historia

Los Lehet, un linaje de nobleza y ambiciones (I)

Ximeno Fortuñones Delehet es el primer representante del linaje de los Lehet que aparece citado en un documento. Participó en los cercos de Zaragoza junto con Alfonso el Batallador. Para entonces, además de en Navarra, los Lehet debían estar asentados también en Aragón

Monasterio de Yarte, en Lete
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Begoña Pro

Publicado el 28/03/2022 a las 06:00

La sexta casa de ricoshombres de Navarra corresponde a los Lehet. Están representados por un peculiar escudo, que en el Libro de Armería del Reino de Navarra viene descrito como “en un campo de oro, tres potes a manera como ollas, más larguitos”. No está muy claro el porqué de la elección de este símbolo como emblema familiar, aunque se puede hacer alguna estimación. En heráldica, las ollas, potes o calderas, están asociadas con la riqueza, la ricohombría y la abundancia. Con ellas se distinguía a quienes tenían suficiente solvencia como para mantener su propia mesnada. El número de ollas pintadas en el escudo podría ser meramente ornamental o representar la cantidad de solares que pertenecían a la familia. En el caso de los Lehet, esas tres ollas se podrían corresponder con sus propiedades en los reinos de Pamplona, Aragón y en las tierras de Sare.

El apellido aparece documentado de muy distintas maneras a lo largo de los siglos: Lehet, Lete, Lehete, Let, Leet, Leeth, Leete, Leyt, Leyet, Leiat, Lahet e incluso Alet.

ORIGEN

Desde sus inicios, consta que los Lehet fueron una familia ambiciosa, posicionada cerca de los centros de poder, que buscó extender su ámbito de influencia a la par que lo hacían los reyes de Pamplona y fructificaba la reconquista. Es complicado bucear en los orígenes de este apellido, puesto que muchos de los documentos relacionados con este linaje están considerados por algunos expertos como apócrifos o dudosos.

El primer hombre que aparece en los documentos navarros con el apelativo explícito de Lehet es Jimeno Fortuñones, nombrado sobre todo durante el reinado de Pedro I y el de Alfonso I el Batallador. Gilberto Soriano Calvo, en Influencia de las redes nobiliarias en la expansión cristiana del siglo XII, comenta que aparece como testigo en el testamento de Íñigo Sanz de Arredondo, dado en Leire, en 1098. También consta su participación junto al Batallador en los cercos de Zaragoza (donde se le nombra en lugar destacado como Ximeno Fortuñones Delehet), Tudela y Tarazona. Precisamente durante el sitio de Tarazona (1119), Alfonso I donó la iglesia de Santa María Magdalena de Tudela con todos sus “derechos y emolumentos” al obispo Guillelmo y a la iglesia de Pamplona por su colaboración en los asedios mencionados. Entre los testigos se encuentra Jimeno.

Para entonces, los Lehet debían de estar también asentados en Aragón. Andrés J. Nicolás-Minué Sánchez, en Los tenentes. Génesis de la nobleza de Aragón documenta a Jimeno Fortuñones de Lehet como tenente entre 1054 y 1124. Además, por futuras donaciones, se sabe que tuvo una heredad en Zaragoza; lo que indica que fue receptor de las prebendas que el Batallador fue dando a quienes lo acompañaron en sus conquistas. En el catálogo del Becerro Antiguo y del Becerro Menor de Leyre se encuentra la reseña de una donación efectuada por Eximinio Fortuñones de Leet a dicho monasterio de “un mezquino en Aox, llamado Eneco Fortuñones, y el interesado se reconoció pechero del monasterio como los demás de Aldunate”.

Parece que Jimeno pudo ser hijo de un Fortún Sánchez. Durante esa época, en el reino de Pamplona se documentan varios personajes con este nombre, asociados a las tenencias de Dunci, Caparroso, Echauri, Unciti, Nájera, Punicastro, Peralta, Arlas, Falces y Sangüesa. Estas últimas menciones están ligadas a Fortún Sánchez, ayo de García III el de Nájera. Al ser Jimeno y su sucesor tenentes de Peralta, podríamos pensar en él como el padre de nuestro primer Lehet. Sin embargo, el historiador Serafín Olcoz Yanguas, en El buen padre Fortún Sánchez. La tenencia de Nájera y otras tenencias, hace un recorrido exhaustivo sobre la documentación que habla sobre este personaje y explica que hay ocho documentos en los que se menciona a Fortún Sánchez como tenente de Peralta y considera siete de ellos apócrifos y uno dudoso. Por esto es difícil pensar en este Fortún Sánchez como el padre de Jimeno Fortuñones. Además, en las fuentes consultadas, aparece que se casó con Toda Garcés, descendiente del rey Ramiro Garcés de Viguera, pero no se le documentan hijos varones.

PRIMERAS GENERACIONES

En estos primeros momentos, los Lehet se mantuvieron fieles a Alfonso I el Batallador. Jimeno Fortuñones se casó con Toda, nombrada también con el apellido Lehet, bien por pertenecer a este linaje, bien porque lo adoptara tras sus esponsales. Se documentan tres hijos de este matrimonio: María, Martín y Sancha. Toda la familia aparece con frecuencia en los registros históricos.

Salvador Remírez Vallejo, en Mulieres Templi, Cofradesas y donadas del Temple en el reino de Navarra. Siglo XII, expone la vinculación que tuvieron con la orden templaria. Algo que no es extraño teniendo en cuenta la estrecha relación que mantuvo el propio Alfonso I el Batallador con esta institución. De hecho, en su testamento fue una de las más beneficiadas. Martín, Toda, María y Sancha aparecen como cofrades y cofradesas de la orden.

La estrategia familiar durante estos años fue expandirse hacia el oeste aprovechando los nuevos corredores que se abrían con las conquistas del Batallador. María estuvo casada con Íñigo López, primer señor de Soria. De este matrimonio nació un hijo, Pedro Enneguez. Cuando enviudó, desposó a Lope Iñíguez de Borobia, muy probablemente primo de su difunto esposo. Junto a él tuvo otro hijo, Martín de Borobia. Por su parte, Sancha contrajo matrimonio con el hermano de Iñigo López; Fortún López, segundo señor de Soria.

Becerro de Leyre
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Becerro de LeyrecEDIDA
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Tras la muerte de Jimeno y, más tarde, del Batallador, los Lehet dieron un giro y se posicionan al lado de García Ramírez, apostando por la restauración del reino de Pamplona y su desvinculación del reino de Aragón, al que había estado supeditado desde el magnicidio de Sancho IV en Peñalén (1076).

Cuando muere Alfonso I en 1134, los Lehet participaron en las Cortes de Pamplona para tomar una decisión sobre a quién ofrecer la corona, ya que no estaban dispuestos a entregar el reino a las órdenes militares, tal y como había estipulado el Batallador.

Zurita comenta en sus Anales de Aragón que fue un ricohombre de la familia Lehet el encargado de ir a buscar a García el Restaurador a Monzón: “Y enviaron allá a dos ricos hombres que eran don Guillén Aznárez de Oteyza y Fortuñón Iñiguez de Leet, y lo llevaron encubiertamente, y alzáronlo por su rey en la iglesia de Pamplona sin voluntad y acuerdo de los aragoneses”.

A partir de ese momento, es habitual ver el nombre de los miembros de esta familia en los documentos oficiales junto al Restaurador. El propio Martín, que aparece como confirmante en el testamento del Batallador, estuvo muy unido al rey García Ramírez. Por la donación que hizo este rey en agosto de 1135 al obispo don Sancho de Pamplona de las villas de Janiz y de Zuazu, sabemos que Martín ostentaba entonces la tenencia de Peralta, tal y como la había tenido su padre anteriormente. Fue también tenente de Milagro, Gallipienzo y San Martín de Unx (1137-1143).

En la misma donación se menciona también a su madre, a la que se alude como Andrea Toda de Lehet, y a su hermana, que aparece como Andrea María. No es el único documento en el que María firma como testigo. En 1162 es nombrada en una donación hecha por Lope Lopeiz de Zuerien. Y ella misma protagonizó varias donaciones a la seo pamplonesa durante el obispado de Lope de Artajona. Entre ellas se encontraban posesiones y fincas en Milagro, Los Arcos, Alfaro, Lueza, Zaetera y la abadía de Alzórriz. Fue, además, fundadora del palacio y de la iglesia de Cosin.

Lete 

​El solar del que tomaron su nombre los Lehet es hoy un municipio perteneciente a la cendea de Iza, situado a poco más de dieciocho kilómetros de Pamplona. Aunque con ciertas reservas, se puede decir que este pueblo es nombrado por primera vez, con carácter de señorío realengo y con el nombre de Lehete, en una donación que hizo Sancho III el Mayor en 1024 al abad Leocario del monasterio de Iharte y otras tierras entre las que se encontraban las villas de Lete, Oscoz y Esquiaga. En 1045, también por donación regia, (esta vez de García III el de Nájera), Lete pasó a pertenecer al monasterio de Irache, al pasar el monasterio de Iharte a depender de él. En el siglo XIV tenía diez fuegos (vecinos que pagaban impuestos). A comienzos del siglo XIX tenía setenta y cuatro vecinos y, poco después se documentan tan solo ocho. Con fecha 1 de enero de 2021, su censo era de treinta y cinco habitantes. A lo largo de la historia se ha especulado mucho sobre el significado de este término cuyo origen es incierto. Mikel Belasko Ortega, en el Diccionario etimológico de los nombres de los pueblos, villas y ciudades de Navarra. Apellidos navarros, señala algunas posibilidades, como que su significado pueda ser el de pastizal o pinar. Recoge también la aportación de Arturo Campión, quien la asoció con la voz vasca letagin (colmillo), y descarta su derivación del término vasco lehen (primero), aunque algunos lo hayan barajado.

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