Danza

La danza baila al ritmo de Alvarno

Álvaro Castejón y Arnaud Maillard se adentran en el mundo escénico con la creación del vestuario de espectáculo "Woman", en el que los diseñadores han jugado con los tejidos, cortes y volúmenes para realzar el movimiento en la danza

Cristina Altuna

Actualizado el 21/03/2022 a las 13:44

Acostumbrados a la vorágine de los grandes desfiles, los nervios e ilusiones volverán a acompañar a los creadores de Alvarno en el estreno del espectáculo "Woman" que tendrá lugar esta noche en Madrid. Ese remolino de sentimientos no tendrá lugar en una pasarela, sino cuando se levante el telón del Teatro Lope de Vega y en el escenario aparezcan siete bailarinas con vestidos vaporosos, volúmenes exagerados, torbellinos de flecos, trajes de guerreras con corazas desestructuradas o batas de cola en degradé. Una serie de prendas en las que Álvaro Castejón (Pamplona, 1971) y Arnaud Maillard (Dijon, Francia, 1970) han jugado con la belleza, las emociones, la plasticidad y el movimiento en la que supone la primera incursión de la firma en el mundo de la danza.

Cada una de las prendas de Alvarno va en consonancia con los mensajes que ha querido plasmar Aarón Vivancos, quien ha producido un espectáculo de autor para mostrar una reflexión de situaciones que han experimentado muchas mujeres en distintos momentos de su vida. Es por ello que "Woman" convierte a la mujer en el centro de una obra multidisciplinar que habla de libertad, belleza, esperanza y lucha, pero también de pasión, desolación y fuerza. Una sucesión de estados emocionales que cobran vida en el escenario a través de una obra multidisciplinar que combina la danza interpretativa y el flamenco de vanguardia con el teatro, la música al estilo de bandas sonoras y grandes efectos audiovisuales.

Fotos del desfile de Alvarno.
Fotos del desfile de Alvarno.CEDIDAS

PROPUESTA Y RETO

Pensar que iban a adentrarse en el diseño exclusivo de la danza no era una opción que tuvieran en mente Álvaro Castejón y Arnaud Maillard hace tres años. A los creadores de Alvarno, que continuaban con su trabajo de prendas a medida y vestidos de novia, les llegó una oportunidad y no quisieron desaprovecharla ya que, según explica Álvaro Castejón, “seguir aplicando tu creatividad en proyectos muy distintos a lo que habíamos hecho hasta ahora, es muy enriquecedor”.

Un amigo de Pamplona, que a su vez conocía a Aarón Vivancos, les puso en contacto con el director de la compañía, quien les explicó su propuesta escénica y les ofreció la oportunidad de encargarse del vestuario. “Nos juntamos, nos contó todo su proyecto, el mensaje que quería transmitir mostrando diferentes facetas de la vida de la mujer”. El hilo conductor de la obra les pareció tan interesante como atractivo para plasmar también en telas y diseños los valores y conductas femeninas que iban a invadir el escenario. “El proyecto nos gustó mucho pero, sobre todo, hubo una gran química entre nosotros desde el principio. Aceptamos y comenzamos a trabajar”.

Acostumbrados a los retos, los creadores de Alvarno se adentraron en esta nueva experiencia creativa en la que han trabajado con mucha dedicación e ilusión. “Ha sido un desafío muy grande. Tanto para Arnaud como para mí es algo nuevo, un trabajo diferente, pero muy interesante. Cuando lo ves en escena es impresionante, una sensación muy diferente a ver tus prendas en una pasarela. El desfile es muy efímero y aquí tiene más continuidad y viveza”.

MOVIMIENTO Y TÉCNICA

Con la mujer como centro de su creatividad, comenzaron a plasmar en bocetos aquellos valores sobre los que giraba el espectáculo, unas ideas que coinciden con las señas de identidad de Alvarno. “Para nosotros la danza es movimiento, libertad y la máxima expresión de la belleza”, si bien parte de la indumentaria del espectáculo muestra otras facetas de la vida. “El vestuario también va acorde con cuestiones como la maternidad, la fuerza vital, momentos de violencia o episodios duros de una mujer”.

Los creadores han pasado muchas horas de pruebas y bocetos, pero también de asistencia a los ensayos. “Hemos seguido el espectáculo paso a paso. Lo hemos visto en conjunto y con detalles. Y así íbamos proponiendo lo que veíamos y lo que pensábamos que iba a lucir. Ves incluso los colores con la escenografía”.

El movimiento y la fluidez  con la que deben moverse las bailarinas fue uno de los retos, lo que supuso un estudio de diseños, tejidos y técnicas para que cada una de las prendas se ajustara a las bailarinas y les permitiera la expresión corporal sin limitaciones. “Las bailarinas giran mucho, el vestido tiene que acompañarles, hay que jugar con los cortes y volúmenes, pues tampoco les puede pesar en exceso”.

Conseguido el diseño, el siguiente paso fue la elección de los tejidos que debían aportar comodidad, volumen y silueta a las prendas. “Son telas con una parte elástica importante porque se los ponen muy rápido y tienen que sentarles como un guante. Es como una segunda piel”, destaca Álvaro Castejón, que también hace referencia a unos tejidos fáciles de lavar, que no necesitan plancha y que aporten valor a las bailarinas.

CIEN METROS DE TELA 

Los colores también juegan con la visualización del espectáculo. Por ello, no están elegidos al azar sino que acompañan cada una de las escenas en las que puede haber dulzura, que se muestra con aportes de colores más claros, pero también situaciones dramáticas o pasionales que hacen del negro, el rojo y el granate el centro del universo cromático de Alvarno.

Las coreografías con aires flamencos les guiaron a la bata de cola, una prenda que nunca habian diseñado ni confeccionado y para la que contaron con las opiniones de las bailarinas y la ayuda de un taller especializado en Madrid. “Tuvimos que hacer muchos cálculos. Por ejemplo, cuando dan la patada, la bata de cola sube, pero luego tiene que caer a su sitio”. Una precisión que llega también a los vestidos llenos de flecos que las bailarinas suben y bajan con sus brazos. “Todo al centímetro para que los flecos de una no se enreden con los de la otra”.

Si el vestuario de Alvarno se va descifrando conforme transcurre el espectáculo, la primera sorpresa surgirá cuando se levante el telón y el público descubre una bailarina con un vestido rojo confeccionado con cien metros de tela de paracaídas del que, instantes después, saldrán seis bailarinas más. La prenda invade todo el escenario como si fuese una hoguera y las artistas flotasen entre las llamas. “Fue uno de los vestidos más complicados. Era difícil manejar tanta cantidad de tela que fabricamos con distintos materiales. Cuando íbamos a hacer las pruebas, no cabíamos en la sala.”

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