Arte

El Centro Huarte capta el aura y el sonido extraterrestre de los acantilados de Zumaia

Los artistas Xabier Erkizia y Charlotte Charbonel han participado en el proyecto transfronterizo 'Rocamnesia'

Xabier Erkizia y Charlotte Charbonell este viernes en el Centro Huarte. Junto a ellos la máquina ‘Aura Lodi’.
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Xabier Erkizia y Charlotte Charbonell este viernes en el Centro Huarte. Junto a ellos la máquina ‘Aura Lodi’
Xabier Erkizia y Charlotte Charbonell este viernes en el Centro Huarte. Junto a ellos la máquina ‘Aura Lodi’.

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Ion Stegmeier

Publicado el 12/03/2022 a las 06:00

Entre las láminas que componen el flysch de Zumaia, la particular milhojas rocosa que se ha ido formando a lo largo de millones de años junto al mar, hay una de las capas que contiene una gran concentración de iridio. Es un elemento poco común en la Tierra, de hecho está considerado como un metal extraterrestre, ya que se encuentra abundantemente en los meteoritos como el que impactó en Yucatán hace 65 millones de años, el que provocó la extinción de los dinosaurios. Un elemento, el iridio de Zumaia, lo suficientemente fascinante como para plantear un reto artístico.

La asociación vascofrancesa Co-op y el Centro Huarte, en colaboración con el Geoparkea de Zumaia, invitaron a Charlotte Charbonnel (París, 1980) y Xabier Erkizia (Lesaka, 1975) a trabajar sobre ello en una residencia algo extraña -la pandemia les obligó a trabajar a distancia- durante dos años. Este viernes se abrió al público el resultado de todo ello, Rocamnesia, en el propio centro de arte contemporáneo. Cada uno se ha aproximado de una manera distinta al tema; Erkizia, artista sonoro y productor, ve esas placas como páginas de un libro inabarcable por su extensión, mientras Charbonnell opta por superar los límites de la razón con una máquina que capta y fotografía de algún modo el aura de los lugares.

Erkizia admite que se perdía al hablar de un periodo tan grande de tiempo, tan inabarcable para el cerebro humano. “Me generó tensión intentar comprender ese tiempo, más que nada porque yo trabajo con el sonido y para mí el lienzo es el tiempo”, explica. Se planteó en primer lugar qué sonido actual se podría escuchar en aquel momento, y ha llevado a la muestra varias aproximaciones.

Por un lado ha instalado dos altavoces ultrasónicos, muy direccionales ,donde se reproducen emisiones de radio naturales que ha generado la ionosfera. “La ionosfera genera una serie de fenomenologías climáticas que solo se pueden grabar mediante antenas; básicamente ese ruido de fondo que escuchamos en una radio de FM es parte de eso”, explica.

En el Centro Huarte se escuchan esas pequeñas crepitaciones que en realidad son registros sonoros de las tormentas que ocurren por todo el planeta, que van rebotando en la ionosfera y vuelven. Ese rebote lo recrea Erkizia en la gran sala del segundo piso con los altavoces ultrasónicos. “Proyectan el sonido como si fuera una bola de billar y va rebotando en las paredes y techo”, explica. La sensación es muy curiosa.

Para abordar esos millones de años imposibles de leer se acordó además de la tradición japonesa del makimono, libros escritos en rollos que nunca se pueden ver completamente por su longitud. Así ha dispuesta un pergamino de seis metros en el suelo que tampoco se puede leer entero. Finalmente, una caja negra en una pared emite un rugido telúrico poderoso. Es el volcán de la Palma, una tentación sonora que Erkizia no pudo evitar y fue a grabar en persona, como un sonido que pertenece también a esa prehistoria. Erkizia ha titulado a su obra Prooímion, palabra griega que literalmente significa “canto o poema que precede”, y que con el tiempo acabó transformándose en prólogo.

Charlotte Charbonel, en cambio, trabaja con los elementos naturales sobre todo in situ, para activar cualquier cosa que el propio sitio le diga. “Trabajo con la energía detectable, que puede ser la presión, la temperatura..”, explica. Se interesó mucho por la geología en este lugar, quería conocer todo y hacer visible lo invisible. La artista francesa trabajó con las conexiones entre el iridio, los dinosaurios, el aura del lugar y lo unió todo en una máquina -la llamó Aura Lodi- capaz de sacar el aura de un sitio concreto.

Propuso una acción hace dos semanas en Zumaia, en una gruta a la que se puede acceder cuando la marea está baja. “Fue mágico al entrar porque daba la sensación de que era como estar dentro de la gruta de un dragón”, explica. Allí llevó su Aura Lodi, una especie de araña gigante que capta la imagen y la topografía de un lugar en 360 grados. El contacto con la gente activa la máquina, que luego traduce esos datos en imágenes. “Las personas que se juntaron alrededor de la máquina evocaron el momento en el que cayó el meteorito”, explica Charbonel. En el Centro Huarte puede verse tanto la máquina como las imágenes que creó.

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