Documental

Asier Altuna: "Una casa del faro se ha convertido en una escultura, es algo increíble"

El director vasco presenta el jueves en los cines Golem Baiona de Pamplona su documental ‘Hondalea’, sobre la obra más ambiciosa de la artista Cristina Iglesias

Vista cenital del edificio del faro de la isla de Santa Clara con la cubierta retirada y la obra de Cristina Iglesias ya instalada en su interior.
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Vista cenital del edificio del faro de la isla de Santa Clara con la cubierta retirada y la obra de Cristina Iglesias ya instalada en su interior
Vista cenital del edificio del faro de la isla de Santa Clara con la cubierta retirada y la obra de Cristina Iglesias ya instalada en su interior.

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Ion Stegmeier

Publicado el 01/03/2022 a las 06:00

El farero cerró la puerta por última vez en 1968 y desde entonces la única casa de la isla de Santa Clara, en plena bahía de San Sebastián, había permanecido vacía, arruinándose lentamente. Hasta que apareció Cristina Iglesias con un sueño. La artista pensó en rehabilitar el edificio por fuera, vaciarlo por dentro, y cavar bajo su suelo diez metros para emplazar ahí su mejor escultura: una especie de gruta marina hecha con 15 toneladas de bronce en la que entra y sale el agua cada pocos minutos. Fueron 20 meses de obras hasta construir Hondalea, que en euskera significa “abismo en el mar” o “fondo de mar”, y Asier Altuna (Bergara, 1969) tuvo el privilegio de seguir todo el proceso con su cámara para dejar testimonio. 'Hondalea abismo marino', producida por Marian Fernández Pascal (Pamplona, 1974), se presentó en el último Festival de San Sebastián y este jueves se estrenará en los cines Golem Baiona de Pamplona a las 18.00 y 20.15 horas, dentro del ciclo Golem Arte. Ambos pases serán presentados por el director de la cinta, autor de películas como 'Amama', 'ARZAK since 1897' o 'Aupa Etxebeste!' junto con Telmo Esnal.

Los que han podido ver Hondalea dicen que es difícil de explicar, incluso de fotografiar, y usted se propuso filmarlo, ¿Doble reto?

Es más fácil para mí porque he vivido el proceso de construcción desde el principio hasta el final. Además hemos tenido el privilegio de estar en la casa-estudio de Cristina Iglesias en Torrelodones y ver esa mesa de 5 por 3 metros llena de elementos que tienen que ver con la obra, ver cómo iba cuidando todos esos detalles de manera exhaustiva... Ver a Cristina en acción ha sido muy interesante. También me sorprendió la empresa Alfa Arte, una fundición en Eibar que se dedica exclusivamente a hacer esculturas. Mientras trabajaba en ésta, Iglesias estaba haciendo otra escultura para Houston, otra para Lisboa...

Al principio se va aproximando la cámara a San Sebastián pero por el otro lado, el del mar, que no estamos acostumbrados, un poco como cuando le das la vuelta a un mapa y el territorio se hace raro.

Sí, la Donosti que no hemos visto normalmente, que no es la postal. Es verdad que yo he vivido de otra manera la ciudad los 20 meses que he estado rodando, muy desde el otro lado. Ir a la isla es muy agradecido porque ves otra Donosti, es verdad. Y luego está el mar, y te metes con una embarcación y vas un poco más a alta mar y la imagen que hay de la ciudad con esa bahía es impresionante. Tiene algo de pictórico también.

¿El cine al final es un poco eso, buscar un punto de vista?

Yo entro en la historia que voy a contar y la intuición te dice dónde te tienes que colocar. El cine lo que tiene de bueno es que te colocas en sitios muy diferentes, y estás en sitios privilegiados, conociendo mundos que si no fuera por el cine no conocerías. Es lo que me ha pasado en la casa del faro, viendo la cama donde dormía el farero, ésa es una imagen que siempre recordaré. Eso, que era una casa del faro, se ha convertido en una escultura.Es increíble.

¿Y qué le dijo la intuición durante todo el proceso?

Nos colocamos en un sitio para no molestar, porque Cristina Iglesias es una persona muy discreta y tampoco es que le encanten las cámaras. Luego viendo la importancia del tiempo y de la naturaleza en su obra la intuición nos decía que teníamos que rodar con planos largos y que la naturaleza tenía que ser importante. La suerte de que la localización de esta escultura es una isla era un aliciente, porque el mar está vivo y es muy agradecido. La mayor dificultad fue elegir los planos.

Cuando el proyecto sólo estaba en la cabeza de la artista, ¿tuvieron que hacer todos un acto de fe?

Ella es la única que lo tenía claro. Es visionaria en ese aspecto. La gente que hemos estado alrededor somos los que más hemos aprendido porque era increíble que aquello funcionara. Más allá de la dimensión del proyecto, las dificultades vinieron del mar, de la naturaleza y del acceso. Ella buscaba eso. No es la primera obra suya que trata lo remoto, lo que es difícil para acceder y es difícil de llegar. La obra tiene que ver con su imaginario, el proceso de elaboración de esta escultura es lo que más se ha aproximado a sus ideas.

Ella dice que la escultura es una ficción, y quien va allí cree que es el mar lo que se mueve ahí abajo, ¿se sentía cómplice?

Sí, Cristina tiene esa capacidad que tiene el cine también, en este caso su escultura intenta crear mundos nuevos. Eso es una gozada. El que tú como espectador te metas en esa casa del faro y te des cuenta que ese espacio es tan especial que hasta ahora nunca lo has vivido es algo increíble. Tiene esa capacidad de ficcionar, y eso sí que compartimos con ella. Creo que hay muchos aspectos cinematográficos en su obra, el misterio con el que juega, y el tratamiento del tiempo.

Le da muchas vueltas por ejemplo a los chorros de agua que irrumpen en la obra, la inundan y se vacían continuamente.

Ella se pregunta cuánto tiempo es capaz una persona de esperar a que el agua vuelva a salir en la escultura. Eso es suspense. Eso es cine. El esperar. Yo, por ejemplo, me pasé mucho tiempo esperando que la bahía se llenara de niebla porque me parecía que era una plano que tenía que estar, porque su obra va de eso también, de no contar todo, de que la primera capa no descubra todo lo que hay detrás.

¿Le afectaron las críticas al proyecto durante la construcción?

Son cosas que le afectan. Ella es la primera que pone mucha atención en la naturaleza y en la ecología. Tiene muy claro que su obra está con la esencia de todo eso que fue criticado. Tuvieron reuniones, tuvo oportunidad de explicar su proyecto y al final todo pasó.

Después de haber hecho el documental sobre Arzak y éste, ¿se siente cómodo en el género?

Yo no voy a dejar de hacer de todo. He hecho ficción, he hecho series, muchos cortos y documentales. Los dos últimos, el de Arzak y Hondalea, han sido dos encargos y me ha tocado retratar a personajes super interesantes, pero también echo de menos la ficción. Ahora estoy trabajando en un proyecto de película bastante complicada de financiar porque es de época y que se llama Karmele, basada en un libro de Kirmen Uribe. Me apetece muchísimo meterme en ficción, pero nunca dejaré de hacer documentales. Y me apetece también contar historias que tengo en el tintero. Ha llegado el momento de dejar de hacer encargos y dedicarme a los proyectos que tengo entre manos.

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