Lápices Ilustres
La ilustración que se convirtió en vital
La importancia de aquel momento se comprende porque aquellas sensaciones han regresado a su autora al repasar sus trabajos y toparse con esta ilustración


Publicado el 06/02/2022 a las 06:00
A más de diez mil kilómetros de distancia, en Buenos Aires, la ilustración le conectó con la sensación de casa. Y en un momento que ella notaba “patas arriba, como si no hubiera un eje concreto”, el dibujo le hizo sentir cierta paz, “que todo iba a estar bien”. Miren Asiain Lora (Pamplona, 23 de agosto de 1988) ha buscado las palabras para expresar aquel instante porque entonces, hace ocho años, no las necesitó y, sin embargo, fue vital: la vivió como el preludio de querer apostar al cien por cien en ser ilustradora.
La importancia de aquel momento se comprende porque aquellas sensaciones han regresado a ella al repasar sus trabajos y toparse con esta ilustración. “Podía haber elegido una imagen más espectacular, o más actual. Pero esta me parece muy especial. He recordado cuándo la dibujé y me ha hecho volver a entonces. Marcó un antes y un después: dejaba atrás una vida y quería comenzar una nueva, dedicarme profesionalmente al mundo del arte”, rememora la artista, ilustradora de una decena de libros y de pósteres para festivales y proyectos de música y teatro.
En 2014 estaba viviendo en Buenos Aires, donde había terminado la carrera de Bellas Artes tiempo atrás, y trabajaba en un local en el que serigrafiaba carteras y bolsos al tiempo que aceptaba encargos de ilustración. “Cuando surgió esta imagen, yo estaba muy cansada de aquello y sentí que era el momento de apostar por la ilustración y dedicarme en exclusiva al arte”.
Y así como en otras de sus imágenes hay mucho boceto detrás, “mucho pensar”, esta, “muy simbólica”, surgió sola, de manera muy fluida. “Salió porque tenía que salir y salió en el momento justo”, expresa convencida. Le conectó con la familia que estaba lejos. “Supongo que en mis pinturas me pasa como con los sueños y, aunque nunca hayamos estado en esa barca ni en ese paraje, incluso ni siendo yo ni mi familia esos personajes de la imagen, lo siento familiar o conocido: de alguna manera sí somos”.
Muy crítica con su trabajo, a Asiain le ocurre que cuando al tiempo contempla alguna de sus obras encuentra que cambiaría algo. Con esta no. “Esta es lo que es”. Dice que, si bien durante la creación “es bonito sentir la sensación de perderse”, con esta notó que las cosas se alineaban, “como si se hubieran ordenado”.