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periodista y autor de 'A través de la mirilla'

Jose Murugarren: "Con la mirilla del móvil esta sociedad permite captar todo y no implicarse"

Las tecnologías, la política, la ciudad, la adolescencia, el papel de la mujer... son algunos de los temas que aparecen en las columnas que el periodista de Diario de Navarra ha recopilado en un libro

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Jose Murugarren, fotografiado en la sede de 'Diario de Navarra'Eduardo Buxens
Publicado el 02/01/2022 a las 06:00
Algunos de los textos que Jose Murugarren ha recopilado en 'A través de la mirilla' nacen de hechos noticiosos, pero en su mayoría son columnas no pegadas del todo a la actualidad. "Hablan de temas como las relaciones de padres e hijos, la ciudad, los móviles, el papel de la mujer... asuntos que preocupan y no son de un día concreto". Se trata de una selección de las columnas que el periodista pamplonés ha ido publicando estos años en Diario de Navarra, donde es redactor jefe, más algún otro texto "de estos que a veces surgen".
Dice en el prólogo que son columnas que parecen cuentos.
Son historias que te ocurren cuando paseas por la ciudad, yendo a trabajar, al centro... Es lo extraordinario de lo cotidiano. En una relato hasta cuando me atropellaron. Son cosas que dejan huella, como el día que viniendo por la Universidad me topé con una joven que llevaba un cuchillo en el bolso. Me preguntaron muchos si era cierto, o fruto de la imaginación. Era cierto.
¿No hay recreación literaria?
Algún punto. Pero los elementos sustanciales han ocurrido. Puedes armar la trama pero cuando hablo del señor mayor con el que planeo qué hacer con unos globos que estaban en la calle, es eso lo que ocurrió. Cuando hablo del hombre que soñaba con recoger brócoli, es cierto, yo le invité a comer. Me lo encontré una mañana de primavera en Mendebaldea. Me pidió dinero y me interesé por él. Venía de Tanzania, atravesó África caminando, después el estrecho, y la Península, porque quería ir a Tudela a trabajar el brócoli. Y fue tan generoso que, sin tener nada, guardó parte de la comida para su compañero de piso.
¿Son entonces cuentos que son periodismo?
Es una forma de relatar un hecho cierto. La columna que habla del comercio local y Maradona parte de un debate real que hubo en una frutería, aunque haya elementos que lo decoran. Otras historias también surgen de hechos, como la madre joven que me encontré en la biblioteca con el niño en una mano y un libro en otra y me dijo que le llamaban rara. A partir de esas vivencias construyes algo que tiene que ver con el periodismo, de intentar contar de otra forma cosas que te llegan. Cuando en periodismo hablamos de hacer bien las cosas, generalmente nos referimos a que la información esté contrastada. Eso es imprescindible, pero hay también elementos que tienen que ver con el gusto por escribir bien, una intención estilística de buscar en cierto modo la belleza.
En esas columnas se notan ciertos temas constantes. Uno, el que la política va por un lado y la realidad por otra.
Todos los temas que voy tratando siempre dejan la puerta abierta a cierta esperanza, a lo positivo. Pero con otro elemento, la política, se me nota el desencanto, un escepticismo. Tengo la sensación de que los políticos crean personajes de sí mismos y quieren convencernos de que son buenos y capaces de gestionar con prudencia y éxito mientras los adversarios son una cuadrilla de inútiles. Como en todo, las virtudes y los defectos están muy repartidos y no dependen de ser de derechas ni de izquierdas.
¿Nos ocurre eso a los medios también?
Es verdad que a veces tenemos una forma de ver las cosas muy imbuida por la situación de actualidad. Pueden ser temas políticos, económicos, la covid..., todo afecta y ocupa mucho espacio de telediarios y periódicos, pero al mismo tiempo las calles siguen llenas de vida, y el sol invita a dar una vuelta. Es la otra cara de la realidad. A veces, con preocupaciones ciertas como la covid, se alimentan bolas de nieve que producen angustia.
Las columnas destilan preocupación por las tecnologías.
Comparto la preocupación de que los niños tengan móviles con acceso a todo y que sea elemento sustancial de su formación, cuando el móvil también te aleja. Hay edades en que el contacto directo y personal, el encuentro, es relevante para entender una manera de relacionarse. Algo no encaja cuando ves cuadrillas interactuando con el móvil con otros que no están allí y se pierden el encuentro con quienes sí han acudido. Es verdad que en la pandemia la tecnología ha sido un recurso para resolver ausencias, pero produce miedo que gestionar mal esos instrumentos en edades tempranas pueda crear problemas.
También habla de la obsesión por tomar fotos de todo, en la columna que da título al libro.
Es la historia de un atentado en París, con dos víctimas españolas. Lo más doloroso fue que mientras el chico intenta salvar a su compañera, la preocupación de la gente no fue socorrer sino hacer fotos y captar imágenes. El título recoge esa desazón de una sociedad que, a través de la mirilla del móvil, capta todo sin implicarse. El único vinculo es fotografiar, no me planteo ayudar. Fotografío un atentado como cualquier otra cosa banal. El riesgo es tomar todas las imágenes como si valieran lo mismo, igualo una excursión al zoo con una circunstancia en que se juegan vidas humana. Por eso en otra parte del libro pongo en valor a gente con comportamientos que se salen de lo común y de esos parámetros, como el chico de Tudela que se lanzó al Ebro a salvar a una criatura…
¿Hay también en el libro una idea de que el tiempo pasado fue mejor?
No. Cuando alguien dice eso, traslada que fue mejor su tiempo, cuando tuvo 20 o 30 años y estaba lleno de facultades, de objetivos en la vida. Es como los Sanfermines. Quienes dicen que los de antes eran mejores es porque eran los que él disfrutó. De hecho, también digo que vivimos el mejor tiempo de la historia. Tenemos sanidad publica, abres el grifo y hay agua caliente, todo el mundo tiene acceso a actividades, a bibliotecas...
Lo que sí se nota en estos textos es optimismo, o al menos un elogio del optimismo.
El regalo es estar aquí. Siempre hay razones para el optimismo, a pesar de las dificultades siempre hay salidas. Merece la pena ser optimista. No son importantes las cosas que te ocurren sino cómo te las tomas. Eso es lo que marca.
DNI
Jose Murugarren Leoz, hijo de comerciantes, se crió en el barrio pamplonés de la Txantrea, aunque se trasladó a la Rochapea y al Casco Viejo. Estudió primero en Escolapios y ya en la Universidad se decidió por Ciencias de la Información. Tras trabajar en Deia y hacer colaboraciones en distintos medios, desde 1991 forma parte de la plantilla de Diario de Navarra, donde es redactor jefe de información local. Es coautor de libros como Sanfermines, 204 horas de fiesta y Pamplona, 25 años de democracia municipal y ha ganado varios concursos de cuentos. Está casado con Ana Osa, médico radiólogo, con quien tiene dos hijas, Maider y Ainara.
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