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Pamplona

Una mirada a la historia del Paseo de Sarasate

El Paseo de Valencia (Paseo de Sarasate desde 1904) es un bulevar que se fue constituyendo desde el siglo XVIII y que empezó a tomar una forma muy parecida a la actual desde finales del siglo XIX, especialmente con la reforma de 1895

El Paseo de Valencia, ya entonces Paseo de Sarasate, hacia 1925
El Paseo de Valencia, ya entonces Paseo de Sarasate, hacia 1925DN
  • Juan José Martinena. Pamplona
Publicado el 22/11/2021 a las 06:00
La prensa de las últimas semanas viene informando de que en fechas próximas el Ayuntamiento tiene intención de acometer importantes obras de remodelación en el céntrico Paseo de Sarasate, al que muchos pamploneses seguimos llamando Paseo de Valencia, nombre que ostentó desde 1850 hasta que se le dio el actual en 1904. Uno, que ya tiene años y ha conocido unas cuantas intervenciones no siempre acertadas, cuando oye noticias como esa se asusta un poco. Nuestro paseo, que técnica y morfológicamente es un bulevar, y que incluso así lo denominaban los rótulos puestos por el propio Ayuntamiento entre los años 1903 y 1925, está bien como está. No le falta ni un detalle acorde con su trazado y su aspecto decimonónicos, que apenas alteró la reforma anterior, allá por 1956. Farolas, bancos, estatuas de antiguos monarcas, y el simbólico monumento a los Fueros encajan perfectamente en ese entorno como en una escenografía. Y por supuesto, árboles, grandes y frondosos, cuya sombra se busca y se agradece en los meses de verano. Lo único que le sobra son esas absurdas barreras metálicas que separan y aíslan el paseo central -el salón, como se decía antes- de las dos calzadas laterales, impidiendo la necesaria comunicación. Y sobra especialmente ahora, cuando se ha suprimido la circulación de vehículos, incluidas las villavesas, por la calzada del lado de San Nicolás, pasándola acertadamente a la del lado sur, el de los números impares, en el que se encuentra, entre otros, el edificio de Correos.
EL PASEO SE EMPEZÓ A FORMAR EN EL SIGLO XVIII
Hasta finales del siglo XVI, los terrenos que hoy ocupa el paseo eran una parte del llamado campo de la Taconera, situado fuera de la antigua muralla medieval de la población de San Nicolás. Cuando hacia 1580, tras la construcción de la ciudadela, hubo que levantar unas murallas nuevas para conectarla con el resto del recinto, que por esta parte eran las que hubo que derribar en 1920 para construir el Segundo Ensanche, aquel campo quedó englobado entre la muralla antigua y la nueva, pasando a integrarse en el interior de la ciudad. Su vasta extensión comprendía lo que hoy son los jardines de la Taconera, el Bosquecillo y los terrenos que ocupan las manzanas de casas del Primer Ensanche, la antigua Audiencia, ahora sede del Parlamento, y el paseo de Sarasate.
Ciñéndonos a lo que hoy es el paseo, hay que decir que hubo que esperar hasta los primeros años del siglo XVIII para que su espacio quedase definido en la trama urbana por su lado Sur, el de enfrente de la iglesia de San Nicolás, donde hasta entonces no había nada construido. El primer edificio que se levantó en ese lado fue el enorme caserón de la antigua Casa de Misericordia, que se inauguró en 1706 y se derribó en 1924 para trazar la actual calle García Castañón, una de las nuevas del Segundo Ensanche. El segundo fue el llamado Mesón de los Carros, más tarde Parador General, que se terminó en 1739. En 1850 pasó a ocuparlo la fonda Otermin, y desde 1894 hasta 1932, el colegio de los escolapios. En su solar se edificó poco después el Banco Hispano Americano, actual Caixabank. En el solar contiguo a la antigua Casa de Misericordia se levantó en 1764 la casa de los hornos de la ciudad, el llamado Vínculo, que se reedificó de nueva planta un siglo después; en 1918 el Ayuntamiento lo vendió al Estado, que levantó en su solar la actual casa de Correos, inaugurada en 1926.
En el siglo XIX se completó este lado del paseo con la construcción en 1850 por el Ayuntamiento de la nueva Alhóndiga, en el solar que hace esquina con la avenida de San Ignacio. En 1895 se instaló en aquel edificio el Banco de España, que años más tarde, en 1927, levantó en su solar el edificio actual, obra de los arquitectos José Yárnoz y José Astiz. Poco después, en 1854, se inauguró la Casa de baños, entre las calles del Vínculo y de la Alhóndiga, cuya fachada posterior daba a la plaza del Vínculo; costó 278.092 reales de vellón y se derribó en 1969. El servicio de baños públicos había cesado en 1922. Pero el espacio central del paseo, continuaba bastante abandonado. Las únicas actuaciones de que hay noticia fueron la colocación en 1861 de algunos bancos de piedra sin respaldo, como los que había en la Taconera, y la instalación en 1883 de cinco farolas de gas, que unos años más tarde pasarían a dar luz con bombillas eléctricas.
LA GRAN REFORMA DE 1885
Hay una fecha en la segunda mitad del siglo XIX en la que este céntrico paraje de la ciudad, que hasta entonces había formado parte de los jardines de la Taconera, empezó a tomar el aspecto de paseo, muy parecido ya -salvo algunos detalles que se irían modificando en los años siguientes- al que presenta en la actualidad, y que en nuestra opinión debería mantener después de la reforma que ahora se pretende llevar a cabo. Mariano Arigita, en su guía de Pamplona publicada en 1904, al referirse al entonces llamado Paseo de Valencia, incluye esta interesante noticia: “fue mejorado por el Ayuntamiento en virtud de un acuerdo de de 15 de enero de 1885, desde cuya fecha apenas ha tenido alguna pequeña modificación. Junto a los edificios de ambos lados hay aceras espaciosas perfectamente enlazadas, con una línea de frondosas acacias en sus bordes; sigue después una amplia carretera muy llana y adoquinada en el tramo de la derecha; viene luego un cordón de piedra que sirve de sostén al pavimento del paseo, cuyo borde flanquean bancos de madera, árboles, jarrones de flores naturales sobre pedestales de piedra y grandes farolas de arco voltaico”. La reforma, que incluía la nivelación del suelo y la construcción de las dos calzadas laterales para la circulación de carros y carruajes, se llevó a cabo según proyecto del arquitecto Florencio de Ansoleaga y tuvo un coste total de 50.295,47 pesetas. Según el Dr. Arazuri entonces se plantaron nuevos olmos, algunos de seis años, en lugar de los que antes había. Los plantados en 1885 duraron casi un siglo, hasta que la grafiosis acabó con ellos en 1980.
LAS ESTATUAS DE LOS REYES
“Forma el paseo -decía la descripción de Arigita- una elipse prolongada, en cuyos extremos hay dos lindos surtidores de agua de Arteta, rodeados de jardín, y haciendo simetría seis estatuas de regios personajes, que en algún tiempo adornaban el palacio real de Madrid y fueron cedidas generosamente al Ayuntamiento de Pamplona en 1885 para ornato de este paseo. La construcción de pedestales, restauración y colocación de las estatuas costó 8.365,87 pesetas. En el espacio próximo a este paseo por la parte de la Diputación se halla el monumento a los Fueros, levantado en recuerdo de la famosa protesta de los navarros en 1894 contra las pretensiones de Gamazo”.
José Joaquín Arazuri, en su magnífica obra Pamplona, calles y barrios, incluye una noticia, que muchos recordamos, y es que en 1972 la Dirección del Patrimonio Nacional solicitó al Ayuntamiento la devolución a Madrid de dos de las estatuas, que representan al rey de España Fernando VI y a su esposa la reina Bárbara de Braganza, en permuta de las cuáles se enviarían a Pamplona otras dos, que representan a los reyes de Navarra García Ramírez el Restaurador y Felipe III de Evreux. La operación de desmontaje de las figuras tuvo lugar el 6 de diciembre del citado año 1972.
Arigita, continuando su descripción del paseo, añadía que en él se hallaban situados entonces, además de la parroquia medieval de San Nicolás, el Gobierno Civil, la casa de baños, la del Vínculo, la Casa de Misericordia y el colegio de los escolapios. El Gobierno Civil tuvo su sede desde 1870 hasta 1914 en la casa llamada de Alzugaray, un señorial edificio construido en 1865 según proyecto del arquitecto Nemesio Barrios, que estaba situado al final del Paseo, haciendo esquina con la calle Ciudadela; se demolió en 1971, para levantar allí la casa donde hoy está el Banco Sabadell-Guipuzcoano. Del resto de los edificios citados ya hemos hablado en otro epígrafe. Anteriormente habían ocupado ese solar el primer hospital de la Orden de San Juan de Dios, que aparece en el plano de Pamplona de 1719 como Hospital del Rey, y más tarde el cuartel de Infantería de San Martín, establecido por el virrey conde de Gages hacia 1750, que sería derribado en 1855.
Completaban el mobiliario urbano del paseo un antiestético urinario público y una vistosa caseta de cierto empaque, en la que se servían debidas y refrescos.
La construcción del señorial edificio de la antigua Audiencia -actual sede del Parlamento-, inaugurado en 1898, vino a completar perfecta y armónicamente la fisonomía del paseo, según el modelo de bulevar con salón central tan de moda entonces. El agradable espacio urbano, que junto con la Plaza del Castillo, era y todavía sigue siendo en parte algo así como el cuarto de estar de la ciudad, adquirió además una mayor relevancia institucional al estar rematado en sus dos extremos por el neoclásico palacio de la Diputación, obra de José de Nagusía, inaugurado en 1851, y el palacio de Justicia, proyectado por el también arquitecto Julián Arteaga.
EL ARBOLADO, UN ELEMENTO ESENCIAL
El arbolado, en cualquier paseo público pero sobre todo en los del tipo bulevar, es un elemento absolutamente esencial. Incluso lo recoge así el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, tanto en la voz bulevar como en la voz alameda, que viene a ser la versión española del otro vocablo, un galicismo que proviene de boulevard.
El pasado día 13, la ingeniera y paisajista Marion Disenowski afirmaba en este periódico que talar los árboles de este paseo sería un delito. “Tener árboles de semejante porte en el paseo de Sarasate es una maravilla. Cuando se construyó el monumento a los Fueros ya había árboles. No se puede quitar un árbol sano que tiene cuarenta años”. Personalmente no tengo la menor duda a este respecto, pero me alegra oírselo decir a una experta con dilatada experiencia en su especialidad. Y aún puedo añadir a su acertado comentario una precisión de carácter histórico, que viene a reforzar la solidez de su razonamiento. Y es que no ya cuando se construyó el monumento a los Fueros, terminado en 1903, sino dos siglos antes, ya existía el arbolado en lo que hoy es el paseo, como se puede comprobar en distintos planos que se conservan en los archivos militares de Madrid, fechados entre los años 1720 y 1756.
En San Sebastián, que posee un modelo de bulevar muy similar al de nuestro paseo -allí incluso ha conservado el nombre- han tenido la sensibilidad y el acierto de llevar a cabo su remodelación en la forma armoniosa y amable que actualmente presenta. Empezaron, lo mismo que acabamos de hacer aquí, por pasar la circulación rodada y las paradas de autobús y de taxi a la calzada del lado opuesto al de las terrazas de bares y cafés, que era el que ocupaban antes, dejando éste para el paseo y lugar de encuentro de los vecinos, actuaciones de artistas callejeros y todo tipo de actividades similares. Por lo que hemos ido leyendo y oyendo en los medios, parece que aquí el proyecto elaborado por los técnicos de nuestro Ayuntamiento va en esa dirección, lo cual me tranquiliza un poco. En cualquier caso, si en algo precisa algún retoque puntual que lo mejore, bien venido sea. Lo que realmente importa es que nuestro paseo más céntrico y con más años de historia, mantenga su fisonomía, tan familiar para los pamploneses -y pamplonesas- y no pierda ninguno de los elementos que constituyen sus señas de identidad.
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