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ENTREVISTA
Fernando Aramburu Escritor

Fernando Aramburu: “Mis novelas tratan de seres humanos, yo no escribo de temas, no me interesa”

Fernando Aramburu estuvo en Pamplona para presentar ‘Los vencejos’, que llega cinco años después de ‘Patria’. En su nueva novela, se adentra en el comportamiento del ser humano y en la realidad política y social de España

El escritor Fernando Aramburu estuvo en Pamplona para presentar 'Los vencejos', su  nueva novela
El escritor Fernando Aramburu estuvo en Pamplona para presentar 'Los vencejos', su nueva novela josé carlos cordovilla
Actualizado el 21/11/2021 a las 17:56
No hay un solo detalle que escape a la mirada de Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959), quien observa todo lo que tiene a su alrededor y a las personas con las que entabla una conversación. Cuesta arrancarle una sonrisa, aunque las esboza, y no deja nada al amparo de la improvisación cuando habla de literatura, desvela sus momentos creativos, reconoce su debilidad por la poesía o se define como una persona metódica y disciplinada en el arte de escribir. Así se mostró cuando estuvo en Pamplona para presentar Los vencejos, novela que llega cinco años después del éxito internacional de Patria. Consciente de que tiene el listón muy alto, Fernando Aramburu no siente presión en su regreso a la novela. Todo lo contrario. Dice que siempre escribirá aquello que le interese sobre el ser humano. Y desde ese libertad surgió Los vencejos, cuyo protagonista es Toni, un hombre de 55 años, enfadado con el mundo, que decide poner fin a su vida en el plazo de un año y escribe un diario para poner en orden sus ideas, sentimientos y reflejar la situación política y social española.
Ideas, reflexiones, necesidades, ¿de donde surge 'Los vencejos?
La novela surgió de una pregunta que, probablemente, se han hecho muchas personas en esta vida, no solo yo. La pregunta es: ¿qué pasaría con nosotros, cómo viviríamos, qué tipo de estrategia vital adoptaríamos si supieramos con exactitud el día y la hora de nuestra muerte.
Una pregunta compleja
Es una pregunta como tantas otras que no tiene respuesta puesto que hay cosas que se escapan del control humano. No podemos planear un accidente, ni planear con antelación una enfermedad. Se me ocurrió que la única posibilidad de responder a esta pregunta era con ayuda de la ficción. Y necesitaba el suicidio, al menos en parte, pues permite ser dueño absoluto del propio destino. Nunca se sabe bien los infiernos vitales que pueden habitar en el ser humano.
El protagonista es quien lleva las riendas del relato. Escribir en primera persona, ¿es una invitación a la reflexión?
Me pareció interesante dar la oportunidad de observar por dentro, en todo su detalle, la intimidad de un semejante. Es algo que la vida nos veda. Es una manera de entrar en el interior de la intimidad del ser humano.
¿Es necesaria la literatura para analizar cómo vivimos y qué pensamos?
Por muy armónica y estrechamente que convivamos con otros seres, familiares, amigos, allegados, siempre quedan en los demás huecos, zonas oscuras, secretos a los que no accedemos. Y quizá sea lo mejor, que no conozcamos plenamente ni siquiera a nuestros hijos, nuestros padres o nuestros hermanos.
Decepción, rutina, fracasos, también las alegrías y amistades, lo plasma en un hombre de 55 años. Llegada cierta edad, ¿se percibe la vida de otra manera?
Para arrastrar desencanto, la persona ha tenido que vivir bastante y tener acumulada una notable cantidad de experiencia personal. Y pensé en ese perfil, bueno... no sé si lo pensé. Tengo la sensación de haber alargado la mano y haber extraído de una gran ciudad un ejemplar humano, un hombre como muchos otros, una persona que vive, que tiene un recorrido personal, pero que no ha protagonizado grandes hechos en su vida.
¿La gente está aburrida, desencantada, hay muchos Tonis en la sociedad?
Creo que hay millones. Hombres o mujeres, da igual. Son personas con una trayectoria gris, que viven una época que no es especialmente entusiasmante, en la que no hay guerras ni grandes empresas nacionales ni descubrimientos de nuevos continentes. Nos vamos arrastrando con nuestras pequeñas esperanzas privadas. Se disfruta de una seguridad personal o social dentro de un estado de bienestar, en una democracia. Pero en esas vidas falta épica y esa sombra se vierte sobre esta sociedad.
¿Qué tiene su personaje de Fernando Aramburu?
Que fui docente, que también tengo una biblioteca y una perra. Pero nada más. Mi situación vital es muy distinta y no arrastro su amargura. No me identifico con el personaje, no soy así, pero tiene afirmaciones que comparto. Por ejemplo, él no renuncia a la moral, como yo tampoco lo hago.
La novela parte de un suicidio, pero en el fondo es un canto a la vida, ¿no le parece?
Me gusta mucho esa interpretación. Es así, yo la comparto. Lo que ocurre es que, en este canto a la vida, el lector tendrá que acompañar al protagonista por zonas oscuras. Sí, esto forma parte del paquete literario que he entregado con la novela. Hay un personaje que camina por el borde del abismo nihilista, a quien la vida retiene y le impide caer en la negatividad completa. Y al final se le impone la vida. Esto es una metáfora de que a veces no conseguimos imponer nuestra voluntad y está bien que así sea, al menos en algunas ocasiones.
Vive en Hannover (Alemania), pero sigue de cerca la actualidad española. ¿Lo hace como escritor o desde una visión personal?
Procuro estar informado desde mi país de residencia, lo que significa leer los periódicos prácticamente a diario y seguir las noticias por internet. Eso lo hago por interés personal. Pero, en este caso, también hubo intención literaria. Estuve muy atento a todo lo que ocurría para extraer asuntos provechosos para mi novela y para que los personajes hablaran sobre su propio país y ejercieran la crítica, que tiene que haberla.
¿Por qué?
Mi manera de concebir al ser humano me obliga a tratarlo en su relación con la historia colectiva. Lo que nosotros vemos de nosotros mismos en el espejo no nos define por completo, sino que formamos parte de una sociedad, de un colectivo que nos va moldeando. En parte, somos fruto de nuestro esfuerzo porque leemos, porque trabajamos, porque pensamos. Pero también nos vamos haciendo en el roce con los demás.
Dos elecciones generales, el conflicto catalán, la irrupción de Vox o el comportamiento de los políticos le han servido en su radiografía de España. Visto desde fuera, ¿que le llama la atención de nuestro país?
Supongo que lo mismo que a un ciudadano de aquí. Hay un ruido y jaleo constante, una división profunda entre la izquierda y la derecha, visiones extremistas y la incapacidad de los políticos para llegar a acuerdos. Todo este genera tensión y va en contra del sosiego social. Con la educación ocurre lo mismo, que cambian las leyes según quién gobierne. Lo que pasa en en España no ocurrirá en Alemania, allí hay bastante facilidad para que los partidos políticos lleguen a consensos o acuerdos de mínimos.
El sexo está muy presente en su obra. ¿Sabe que han surgido ciertas críticas por el tratamiento que le ha dado?
Todo esto me parece totalmente superficial. A veces la crítica no es más que la piel de algo que está por debajo, que puede ser una animadversión personal, envidia o falta de comprensión lectora. Pero a mí esto me deja completamente frío. Yo sé qué he ofrecido y por qué lo he ofrecido.
Explique entonces sus razones
El sexo está muy presente en la vida de los seres humanos. En la literatura no se trata así como así para hacer una novela amena u ofrecer unas páginas calentitas. Puedes ser un hombre de libros, muy racional, con un discurso analítico y lógico, que trata de entender la realidad pero, por dentro, tiene unas pulsiones naturales. Hablar de este tema es criticar por criticar y es justamente lo que no me interesa. Yo no escribo de temas, mis novelas tratan de seres humanos.
Un escritor está expuesto a lo que opinen los demás. Usted, ¿juzga a sus personajes?
Nunca, yo no juzgo a nadie. Mis personajes no son sacos en los que meto mis opiniones. Los lectores empatizan con los personajes, les cogen manía, les da pena, esperan que el malo sea castigado, que la chica llegue sana a casa y que el abuelito muera sin dolor. Eso me parece muy bien y es lo que yo hago cuando leo los libros de los demás. Pero un escritor analiza desde otra perspectiva, pues las novelas viven de los conflictos de las personas y las conductas inmorales. Por eso, casi siempre le vienen muy bien los malos, porque producen acción, mientras que los personajes bondadosos no generan narración.
'Patria' fue un éxito internacional, pero 'Los vencejos'  es una novela completamente diferente
Claro, es que lo he querido así. Agradezco las satisfacciones que me dio 'Patria', pero ya terminó. No puedo hipotecar mi creación literaria a un solo libro ni pretendo repetir el éxito que tuvo. Quiero crear textos con consistencia y relieve literario y si me lo reconocen, entonces sí considero que tengo éxito, aunque el libro no sea muy leído.
Igual quien lea su nueva novela con la referencia de Patria se lleva una desilusión.
Pero ese no es mi problema. No estoy dispuesto a escribir el mismo libro con distintos títulos toda mi vida. Desde que empecé a escribir, quiero lograr la literatura. Si el libro que yo publique tiene éxito, me alegro. Pero mi ambición termina con el punto final. 'Los vencejos' no me ha costado menos esfuerzo que 'Patria'. No soy un escritor camarero, no llevo a las mesas lo que me piden. Mis libros no son de lectura obligatoria, están ahí para quien quiera leerlos.
Dice que 'Los Vencejos' le ha costado esfuerzo, ¿es el libro al que más tiempo ha dedicado?
Podría haber sido más corta o más larga, pero 700 páginas son las necesarias para llevar a cabo el ejercicio literario que me había impuesto. Es uno de mis libros más largos y acaso el que he escrito con mayor intensidad. Entusiasmado como un niño, lo escribí trabajando mañana, tarde y noche.
¿Ha pensado en algún momento si una segunda parte de 'Patria' podría ser su siguiente novela?
No lo voy a hacer, no habrá segunda parte. Era un libro que necesitaba escribir, que hace un recorrido literario completo y ahí se queda.
Más de millón y medio de ejemplares vendidos, una serie de televisión y traducida a 34 idiomas. ¿En algún momento se imaginó el fenómeno vivido con 'Patria'?
Cuando un escritor publica un libro tiene esperanzas, pero de ninguna manera piensas en tanta repercusión, esto no te lo puedes imaginar nunca. Creo que lo ocurrido con Patria no se explica solo desde la literatura. Tocó un nervio en una época que hizo que la novela sirviera como base para el debate social, para bien o para mal.
¿Esto es fácil de digerir?
Afortunadamente la repercusión es posterior a la escritura del libro, si no, me habría vuelto loco. Pero lo ocurrido, en mi caso, lo he digerido bien por dos razones. Primero, porque no tengo 20 o 30 años y ves las cosas con distancia y, segundo, porque son un hombre sereno y agradecido.
El sueño de un adolescente que quería ser escritor ya es una realidad. ¿Cómo es su trabajo día a día?
Soy un hombre metódico, muy disciplinado. Soy así y no porque me gusta sufrir o aburrirme, que no me aburro, sino porque he comprobado que de esta manera soy productivo. No puedo estar sin escribir, me genera una desazón que no quiero experimentar.
Dice que cada libro que escribe termina con el punto y final. ¿Se olvida de ellos?
Creativamente si me olvido. Cuando termino un libro, el siguiente ya está pidiendo atención en el cerebro y yo se la doy. Ademas, vuelves a sentirte como un principiante.
Cuando el texto se convierte en libro, ¿siente curiosidad por volverlo a leer?
No. Yo leo mucho, pero leo de los demás. Yo entrego los libros en su versión definitiva y antes de dárselo al editor, me los han leído otras personas. El libro está revisado hasta la última pieza, como si fuera un mecanismo de relojería. Y una vez que ha dado a luz, ya basta. Además, empezaría a angustiarme juzgando la puntuación, descubriría un adjetivo sobrante, una palabra inexacta, una frase mejorable y eso me angustiaría mucho. Sufriría.
Tengo entendido que le gusta mucho leer poesía
No la escribo, pero sí la comento porque la busco. Me aporta muchísimo todo lo que tiene que ver con la armonía, musicalidad, el gesto moral noble, la belleza, el trato armónico con los demás. Todo aquello que nos muestra la vida desde sus facetas más gratas. A eso le llamo poesía y lo necesito, todos lo necesitamos, aunque no nos demos cuenta. Siempre tengo un libro de poemas encima de la mesilla.
¿Trabaja ya en un nuevo libro?
Cuando finalice la promoción de la novela, volveré a encerrarme y en mi soledad creativa echaré un vistazo a las carpetas y es probable que a alguno de los proyectos le dedicaré mi tiempo y mi energía. Pero no será una novela gruesa como Los Vencejos. Necesito cambiar, introducirme por caminos que me supongan algún tipo de dificultad.
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