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César Muñoz Sola, pintando al aire libre, en una fotografía realizada hacia 1955.

En el centenario de César Muñoz Sola

El 15 de noviembre de 1921 nacía en Tudela el pintor César Muñoz Sola. Su centenario supone un magnífico momento para recordar a un artista que, junto a Lasterra, Ascunce, Echauri, Eslava y otros más, llevaron a la pintura navarra a cotas insospechadas.

  • José María Muruzábal del Solar
19/11/2021
La generación de artistas navarros nacidos en los años veinte y principios de los años treinta del siglo XX es, quizás, la más grande generación que ha dado la pintura navarra.
Uno, quizás pecando de la ingenuidad que suele dar la esperanza, pensaba que este centenario sería recordado con diversos actos en Navarra. El Ayuntamiento de Tudela, junto con el Museo Muñoz Sola, º relativa al periodo 1940-60, titulada Los años secretos. La misma incluye obras que realizó el artista entre 1940, año que deja su Tudela natal, y 1960, cuando regresa definitivamente a Navarra.
El Museo de Navarra, silencio. Pamplona, más silencio, ya que el área de cultura de nuestro ayuntamiento parece que tampoco está por la labor. La Revista 'Pregón' ha dedicado al artista tres artículos sucesivos, los años 2019, 2020 y 2021, presentando un trabajo de Inés Zudaire, pintora y amiga de Muñoz Sola. De ahí tomamos algunos apuntes para este artículo.
César Muñoz Sola nace en Tudela el día 15 de noviembre del año 1921. Desde niño se inicia en el dibujo reflejando escenas taurinas y temas típicos del pueblo que veía en la calle; después pasó un tiempo en la Fundación Castel Ruiz. En 1935 estudia en la escuela pública y tiene como maestro a Don Teófilo Martínez; por las noches asiste a las clases de dibujo artístico del profesor Don Manuel Díaz.
Su afición a los toros es primordial en sus inicios como pintor. Terminada la guerra civil, el pintor marcha a Madrid “con ochocientas pesetas en el bolsillo, pero lleno de ánimo”, como le gustaba comentar. Allí trabaja en un taller y por las tardes estudia en la Escuela de Artes y Oficios. Una vez asentado, Muñoz Sola pone su primer estudio de pintura y hace su primera exposición el año 1947, en el Círculo de Bellas Artes.
En Madrid consigue una beca de la Diputación Foral de Navarra. Más adelante ingresa en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, donde permanece entre 1947 y 1950. Allí aprende con profesores importantes como son Chicharro, Benedito, Julio Moisés, Stolz, Viciano y Núñez Losada.
En 1950 consigue otra beca con la que acude a Roma para completar su formación. Allí expone por vez primera fuera de España. Entre los años 1956 y 1958 se traslada a París, donde hace varios retratos a personalidades y pinta paisajes y estampas parisinas. Aquí entró en contacto con la pintura francesa e inició su colección, la que hoy se conserva en el Museo de Tudela.
Desde París se traslada a Estados Unidos, donde vive entre 1958 y 1959. Visita Nueva York y otras ciudades; en la ciudad de Washington se hace con público de personalidades de gran renombre y posibilidades económicas. Vuelve a España lleno de éxitos y, entre 1960-64, fija su residencia en Pamplona. Con fecha 14 de julio de 1962 contrae matrimonio con M. Teresa Asensio Arratibel; el matrimonio tiene dos hijos, Tomás y Teresa Muñoz Asensio.
El hijo continúa la trayectoria de su padre en el mundo cultural y artístico. En 1963 expone en la Sociedad Amigos del Arte de Madrid, junto a José Mª Ascunce y Jesús Lasterra, con el título Tres pintores navarros. En la misma presentaron ciento veintiocho obras, en una muestra para la historia de la pintura navarra.
A partir de estos años, Muñoz Sola realiza exposiciones individuales en Madrid, Francia, Italia, Estados Unidos y, muchas de ellas, en Pamplona. La sala de García Castañón, de la CAMP, será el lugar predilecto donde exhibía sus cuadros; allí trabó gran amistad con el director de dicha sala, José Mª Muruzábal del Val, mi padre. En el año 1987 traslada su residencia a Tudela, para estar más cercano a la naturaleza y poder plasmarla en sus lienzos. César Muñoz Sola fallece el 12 de marzo de 2000, en un accidente automovilístico en Murchante.
EL ARTISTA
La pintura no tiene secretos para Muñoz Sola, deja correr sus gustos personales en las composiciones, interpretando lo bello y lo perfecto en la composición, el dibujo y el color. César define su estilo como un estilo realista, figurativo. Desde el comienzo de su pintura y hasta el final de su vida, siendo fiel a sí mismo, no tiene grandes cambios en sus etapas. Muñoz Sola embellece con su pincel todo aquello que pinta, idealiza los objetos cotidianos, convierte en belleza lo habitual y lo real. El dibujo siempre ha tenido una gran influencia en su pintura; dibuja pintando y pinta dibujando. Los dibujos de lápiz y carbón los utiliza con gran dominio. A su vez es un gran observador, agudo y meticuloso en las composiciones.
En algunas obras expresa con los pinceles las luces, pintándolas con mucha fuerza y vitalidad. El pintor da mucho valor en sus obras a la técnica de las transparencias, es decir, pintar el color sobre otro color. Es la técnica de las veladoras sutiles en los cuadros que tienen grandes texturas
En la temática de su producción destaca especialmente el retrato. Pintó cientos y cientos de retratos, en un estilo preciosista, con una técnica impecable y buscando el máximo acercamiento a la persona concreta. Fue, sin duda, el retratista oficial de la sociedad navarra del último tercio del siglo XX. Los retratos de presidentes de la DFN, el del rey Juan Carlos del Palacio de la Diputación, el retrato de Manuel de Irujo, los diversos rectores de las universidades navarras e infinidad de personas particulares de Navarra, son reflejo de dicha temática.
El artista se encuentra más libre pintando paisaje, la segunda de sus temáticas. La razón podría ser que no se trata de hacer algo por encargo y que está en contacto directo con la naturaleza, que tanto le gustaba. Sale al campo con el caballete, y tiene la libertad de poder crear, quitar y poner árboles, nubes, cielos, campos, y sobre todo observar, aquello que más le llama la atención.
Al pintor le gusta plasmar un paisaje rústico, horizontes en el campo navarro, callejuelas y rincones desconocidos de nuestros pueblos, paisajes que la gente no se percata. A César no le gusta pintar el paisaje urbano, lo encuentra frío y dice que carece de carácter. Pinta temas seleccionados por él, que van con su personalidad, donde va plasmando en el lienzo unos paisajes que trasmiten paz y sosiego.
El tercero y último de los géneros pictóricos que vamos a comentar es el bodegón, que tanta fama le otorgó en Navarra. El estilo de estos cuadros es realista, y algunas veces hiperrealista. Los bodegones están muy trabajados, utiliza pinceles finos, y juega con las luces y contraluces, pintando casi siempre sobre fondos oscuros, con sobriedad, como lo hacían pintores como Zurbarán y Meléndez en sus bodegones, pintándolos con grandes efectos ópticos, hasta el punto que las frutas y cacharrería les obligan a salirse del lienzo.
La composición en estos bodegones tiene una estética bien pensada. Para el pintor son muy importantes los tonos de luz en frutas y vasijas. A César le gusta repetir este mismo tema muchas veces, y pinta las frutas en todas las estaciones del año. Estos cuadros de naturalezas muertas son más íntimos que los de otros géneros a la hora de pintarlos, porque mantienen una relación muy especial entre el modelo y el pintor. Los bodegones que pinta César tienen unos colores sobrios, nada estridentes, muy trabajados y ricos en matices.
Muñoz Sola vive hoy en infinidad de instituciones, de colecciones artísticas y de hogares de Navarra. Quede aquí el recuerdo de su vida y de su obra. ¡Lástima de ocasión para recordar su nombre con una gran exposición antológica! Pero claro, estamos en Navarra…
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