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Historia cinematográfica

La primera proyección de cine en Navarra (1896)

El autor recuerda los avatares de la primera sesión de cine en Navarra, que tuvo lugar el 24 de octubre de 1896 en el Teatro Principal de Pamplona

El Teatro Principal de Pamplona, lugar donde se vio por primera vez imagen en movimiento
El Teatro Principal de Pamplona, lugar donde se vio por primera vez imagen en movimientoDN
  • Alberto Cañada Zarranz 
Publicado el 08/11/2021 a las 06:00
El pasado 24 de octubre se cumplieron 125 años de la primera visita a Navarra de una máquina de proyección de imágenes en movimiento, lo que enseguida se conocería como Cinematografía.
En el ámbito universal, se reconoce la fecha del 28 de diciembre de 1895 como el punto de partida del Cinematógrafo como arte y como espectáculo. Aquel día los hermanos Lumière presentaban públicamente su máquina de proyección en el Salon Indien del Grand Hotel de París, sesión con acceso por venta de localidades.
Antes de ese día, muchas personas ya habían podido disfrutar de las películas de cine. Uno de sus principales difusores fue el polifacético inventor Thomas Alva Edison (1847-1931), que en 1894 inauguraba en Nueva York su salón de Kinetoscopios, un aparato capaz de ofrecer a un espectador una corta película que contemplaba a través de un visor individual.
Fueron muchas las máquinas que aparecieron en aquellos años con similares características, como el Mutoscopio de Dickson y Herman Casler (1894) el Bioscopio de Georges Demeny (Francia, 1895), el Animatógrafo de R. W. Paul y B. Acres (Londres, 1895), el Bioscopio (Max Skladanowsky (Berlin, 1895), etcétera.
La primera noticia que reciben los lectores de prensa navarros sobre este gran invento, es una reseña que aparece el 11 de marzo de 1896 en El Aralar y en La Tradición Navarra. Es lógicamente una nota de agencia, pero en ambos periódicos le dedican una extensión razonable. El titular de ambos -lo único que los diferencia- hace hincapié en que el aparato de los Lumière es consecuencia del progreso de la fotografía. El texto alude a la era de los grandes inventos y menciona a Edison, quien ya había conseguido la fotografía del movimiento con su Kinetoscopio, pero esto era incompleto pues “las fotografías desarrolladas en una larga cinta de pequeñas dimensiones, ofrecían la imagen falta de luz y de relieve, no pudiendo ser observadas más que por una persona”. Con el instrumento creado por Lumière “en vez de un espectador pueden ser mil ó los que se quiera los que contemplen la escena fotografiada, en la cual las personas, animales, objetos y edificios son reproducidos en su tamaño natural, lo cual puede suponerse, da a todo la ilusión de realidad”.
En España las primeras noticias de la llegada del cine se fechan en el mes de abril de 1896. En aquellos días había venido a Madrid un agente de la casa Lumière (A. Promio) con la misión de rodar películas -y de paso exhibirlas- con objeto de incrementar el repertorio de cintas de su casa cinematográfica. El 13 de mayo, organizó la primera exhibición pública de cine, en la cual exhibirá las películas que había filmado desde su llegada a España. Tuvo lugar en un salón del Hotel Rusia sito en la Carrera de San Jerónimo nº 36.
EL CINEMATÓGRAFO LLEGA A PAMPLONA
Cinematógrafo de Lumière
Cinematógrafo de Lumièredn
La primera proyección de cinematógrafo en Navarra se hace en el marco de una selecta ambientación. Esta tiene lugar en el Teatro Principal de Pamplona el 24 de octubre de 1896. El señor Alberto Durán había cursado al Ayuntamiento una instancia solicitando el teatro “al objeto de dar dos o más espectáculos-conferencias y presentar el célebre aparato “Kinematógrafo” (fotografía animada)”. Llama la atención, la celeridad con que la Comisión de Fomento municipal responde a esta petición (fechada el 22 de ese mismo mes), pero aún es más interesante leer el informe de dicha comisión justificando su aprobación: “Vista la presente (instancia) y resultando que lo que en ella se propone, ó séa, la presentación del “Kinematógrafo”, maravillosa invención de Edison, es un espectáculo cultísimo que ha sido muy bien acogido por todos los sitios donde se ha presentado, se concede el teatro á Dn. Alberto Durán desde esta fecha hasta el 31 del mes actual en las condiciones acostumbradas. Por la Comisión de Fomento. El Presidente, Francisco de Aldaz”.
No podemos asegurar de qué tipo de aparato salieron las imágenes que se vieron en la pantalla del teatro, pues hasta el año siguiente no se presenta en la capital navarra un Cinematógrafo Lumière. Si hubiera sido una máquina patentada por los hermanos de Lyon, probablemente se habría anunciado como Cinematógrafo (con “C”). Por otra parte, una apreciación técnica tan elemental como la que da El Eco de Navarra (25-X-96) al referirse a la “oscilación” de la imagen producida por la máquina, puede corroborar esta teoría, pues el aparato de los Lumière maravilló desde el principio precisamente por la estabilidad de los cuadros. Es posible por tanto que lo que se vio en Pamplona fuera producto de alguna invención de Edison, aunque un vistazo a la programación vuelve a sembrar la duda, pues en ella se contempla la llegada de un tren a la estación, las olas rompiendo contra las rocas, es decir, escenas como las que filmaron en su inicio Louis y Auguste Lumière.
En cualquier caso el Kinematógrafo que admiran los pamploneses es para estos una novedad impactante. La presentación del aparato fue solemne y privada. A las siete de la tarde se congregaron en el coliseo de la Plaza del Castillo los afortunados invitados, entre ellos el Gobernador civil, varios diputados y magistrados, las autoridades municipales, periodistas y otros importantes personajes. La sesión comenzó con una explicación acerca del aparato que iban a ver funcionar y su novedad con respecto a las anteriores exhibiciones de imágenes que se habían visto hasta entonces. A continuación salieron proyectadas contra la pantalla las escenas que dejaron fascinados a los espectadores de aquella privilegiada función, un programa que apenas duró diez minutos, lo suficiente como para dejar boquiabierta a la concurrencia. Estas fueron las “vistas” de aquella primera sesión:
1- “Una pelea de negros”
2- “Una fragua en la que se ve el martillar del hierro y el humo que despide el fuego”
3- “Un paseo de coches en el que los carruajes pasan a trote”
4- “Un campo de labradores y vacas que cambian de sitio”
5- “Una playa y una lancha en la que van de paseo por el mar unas niñas con su madre”
6- “El baile de la “serpentina” cambiando de color el traje tal como se representa en el teatro”
7- “Los boulevares de Paris con su aglomeración de gentes y coches que van y vienen”
8- “La llegada de un tren a la estación con la salida y entrada de viajeros”.
La empresa o “Sociedad del Kinematógrafo”, que había organizado la sesión, distribuyó un anuncio en el que explicaba las virtudes del aparato que exhibía. En él se leía que el Kinematógrafo era un “aparato maravilloso que permite apreciar con toda claridad y precisión la fotografía animada, escenas de la vida real, calles y paseos donde mayor es el tránsito de carruajes y más grande la circulación, la llegada de un tren a la estación a toda velocidad, las olas del mar estrellándose sobre las rocas y en fin cuanto ocurre ante nuestra vista, con todo lujo de detalles y reproducido en perfecta fotografía”.
Todos los periódicos que aceptaron la invitación, coincidieron en elogiar la perfección de aquel aparato, aunque los gacetilleros poco añadieron al texto preparado por la organización; así lo reflejaron:
La Tradición Navarra (25-X-1896): “Atentamente invitados por la Sociedad del Kinematógrafo, asistimos anoche á la primera exhibición de tan portentoso aparato en el teatro principal (...) el Kinematógrafo aparato maravilloso que permite apreciar con toda claridad y precisión la fotografía animada, escenas de la vida real (...) y en fin cuanto ocurre ante nuestra vista, con todo lujo de detalles y reproducido en perfecta fotografía verdadera.”
A pesar de esta cálida acogida inicial, las inevitables voces críticas llegan a la redacción del periódico y el día 27, la línea editorial católico-conservadora obliga a incluir la siguiente nota: “Continúa el Kinematógrafo exhibiendo en el teatro las fotografías animadas. Hay que reconocer que es de gran efecto dicho aparato y si la empresa comprendiese sus verdaderos intereses haría bien en suprimir algunos cuadros que presenta, pues aunque la mayoría son inocentes, hay otros tales como la serpentina y la escena del fotógrafo que sobre ser los menos animados no son propios del público honesto que acudiría con más agrado y en mayor número si se suprimieran estos atrevimientos”. Pronto llegaban las primeras censuras; alguien adivinó las posibilidades “perniciosas” de un aparato que reproducía con semejante fidelidad la realidad, y se apresuró a crear un clima de alerta contra sus posibles efectos sobre la moral institucionalizada.
El Aralar (25-X-1896) también agradece la invitación y tras haber presenciado la sesión concluyen: “podemos afirmar que no hay exageración en el anuncio circulado por la empresa donde dice que es el “Kinematografo aparato maravilloso que permite apreciar...”.
Kinetoscopio de Edison
Kinetoscopio de EdisonDN
El Eco de Navarra (25-X-1896) se limitaba a dar la programación prevista, aunque al final hacía un interesante comentario: “El efecto es completo y lo sería más sin la oscilación que la máquina produce al desarrollar la cinta”. En otra gacetilla publicada el martes 27, informa que “El domingo estuvo muy concurrido el Kinematógrafo. La gente aplaudió mucho y pidió la repetición del número de la serpentina”. Los demás días se dieron dos funciones: a las ocho y media y a las nueve y media, cobrándose por la entrada 1 peseta.
En el periódico El Liberal Navarro, hay seguimiento de esta actividad casi a diario. El lunes 26, apuntan: “El mejor elogio puede hacerse diciendo que sabe a poco el número de fotografías exhibidas”. Al día siguiente advierte a los lectores de que el día 28 es la última exhibición “del maravilloso invento “Kinematógrafo” (fotografía animada)” y que los propietarios del mismo “muy agradecidos á las deferencias del público pamplonés y deseando corresponder á ellas del mejor modo posible, han preparado para mañana una exhibición monstruo, para la cual se ha confeccionado un programa selecto en extremo y que seguramente llevará al teatro Principal numerosa concurrencia. Consta el programa de doce números, todo ellos muy variados y en los que el espectador podrá admirar la grandiosidad del “Kinematógrafo”, del que han quedado asombradas cuantas personas han tenido ocasión de verlo. Todo esto unido a que se expenden también entradas de las localidades altas desde las que muy bien se pueden apreciar los efectos del “Kinematógrafo”, hace esperar una buena entrada, y nosotros recomendamos al que no haya visto este curiosísimo espectáculo, acuda mañana al Teatro Principal en la seguridad que ha de agradecer nuestra recomendación” (27-X-1896). Al gacetillero de este periódico también parece que le gustó el divertimento.
La Lealtad Navarra es también parca en palabras, aunque estas sean muy significativas: “El público que asiste estas noches al Teatro sale muy complacido del Kinematografo, curiosa novedad que llama mucho la atención” (27-X-1986).
Todos los periódicos se hicieron eco de la presentación del Kinematógrafo en Pamplona, lo que significa que hubo interés entre la población, si no los diarios no le habrían dedicado espacio. Era al menos un espectáculo que tenía categoría suficiente como para protagonizar las sesiones del Teatro Principal durante cinco días; no era una diversión barraquera. Al menos en este principio.
Lo que había sucedido en esta semana de finales del mes de octubre de 1896, fue por una parte el punto de llegada de una serie de exhibiciones en las que se había intentado mostrar al público algo muy cercano a la reproducción de la realidad; por otro lado suponía el comienzo de una nueva manera de entretenimiento, la presentación de una de las más populares diversiones públicas de todos los tiempos. A partir de ese momento, la visita del Cinematógrafo va a ser esperada y acogida con sumo interés por los espectadores navarros. La siguiente visita del nuevo entretenimiento a Navarra tendría lugar al año siguiente, en Pamplona desde los sanfermines hasta el 24 de agosto, y a finales de octubre en Tudela.
La carrera del Cinematógrafo es fulgurante; en todos los países su implantación es rápida debido a su extraordinario éxito popular. Aquí no somos una excepción y en los sanfermines de 1898, se presentaron nada menos que cuatro aparatos que mostraban imágenes en movimiento. Los primeros cinéfilos empezaban a surgir.
Alberto Cañada Zarranz es autor del libro Llegada e implantación del cinematógrafo en Navarra (1896-1930).
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