Literatura
Irazoki: “La poesía es una búsqueda de alivio, un espacio de libertad”
Francisco Javier Irazoki publica ‘Palabra de árbol’, una antología con poemas escritos desde 1976 hasta 2020, con los que hace un recorrido por sus experiencias vitales. El poeta, que reside en París, presentó el libro en Pamplona


Publicado el 29/10/2021 a las 06:00
Ha escrito más de 300 poemas y en todos ellos hay una parte de Francisco Javier Irazoki. De lo que ha vivido y experimentado, también de lo que ha reflexionado, incluso de lo que le ha dolido. Es así porque hace de la palabra escrita un espacio de libertad y, también, su refugio. Todas esas vivencias que, como él dice, quedan plasmadas en un papel, las ha rescatado para publicar Palabra de árbol, una antología de su obra poética con la que evoca también su tránsito vital desde 1976 hasta 2020.
Hace un recorrido por su infancia, adolescencia, también de su vida en París. ¿Cuánto tiene de sentimental su antología?
Toda antología es un capricho, pero considero que tiene que tener un criterio. Releí todos los poemas y mi criterio fue elegir, no los poemas más bellos, sino los que dijeran algo de mi biografía, aunque fueran un poco más torpes. A veces hay poemas en los que parece que el componente onírico es grande, pero eso es reflejo de una viviencia profunda.
Todos sus poemas, entonces, ¿son una vivencia personal?
Todo está vivido, no he escrito nada que no haya percibido, sentido o reflexionado. No sé si es un valor en sí, pero me introduje en el mundo de la literatura con ese principio. La poesía es una búsqueda de alivio. Uno vive, acumula experiencias, tiene pensamientos y reflexiones. Eso lo vuelcas en la página en blanco y, automáticamente sientes una ligereza que dura poco porque luego sigues viviendo y reflexionando.
¿Su encuentro con la poesía fue una necesidad de plasmar lo que uno lleva dentro?
Totalmente, la poesía siempre la he concebido de esta manera, desde que era un adolescente. La necesidad de descargar el peso de la experiencia es el principal ingrediente de mi literatura.
Palabra de árbol es el título del libro, pero también de un poema sobre la muerte de un hermano que no llegó a conocer.
Describe mi experiencia de recordar a mi hermano muerto. Fue un suceso muy fuerte en mi familia. Las palabras salieron por pura necesidad, es una experiencia muy fuerte. Es un poema muy importante en mi vida.
Sabe por qué escribe, ahora queda deducir para quién escribe. ¿Que aporta la poesía y la lectura en general al ser humano?
No entro en la mente de otras personas, pero creo que los que escribimos poesía debemos contribuir a conseguir que vean que hay un espacio para la reflexión, para la sensibilidad. En realidad, para ver tu vida.
¿Cuándo escribió su primer poema?
A los 15 años, pero antes ya escribía. Tenía 10 años cuando en el colegio nos mandaron hacer una redacción durante el descanso navideño. Me apetecía muy poco escribir ese texto y lo hice a última hora. Pero ahí descubrí una libertad que ignoraba completamente. Eché a volar y me di cuenta que era libre en la palabra escrita. Los curas recelaron, pensaron que había copiado, no sé donde porque no tenía ningún libro en casa. Así que me hicieron repetir la redacción en clase y el resultado fue idéntico. Eché a volar de nuevo.
Desde que emprendió el vuelo, en sus poemas hay reflexiones de todo tipo, desde lo más íntimo hasta lo social y político.
Todo me interesa. Mi sensibilidad está canalizada en una búsqueda poética. Y eso te va conformando una mirada atenta,no puedes tener una mirada dormida, por lo que siempre estoy pendiente de las cosas. En el aspecto humano, miro desde lo más íntimo, desde la decepción, el encuentro amoroso, las amenazas de la enfermedad, las obsesiones, pero también desde la amistad y experiencias buenas.
¿A veces le duele lo que escribe?
Muchas veces. Envuelto en palabras, deposito el dolor que siento tanto por temas personales como de la sociedad, como el problema político terrible que hemos tenido en esta tierra. Yo no he sido víctima de nada, pero sí he sido víctima de ver que había crueldad, aunque no me afectara. Eso no lo puedo aplaudir, lo tengo que plasmar.
Hace 28 años se marchó a París por el amor de una mujer. La vida parisina, ¿le ha cambiado la percepción de sus orígenes y su forma de pensar?
El descubrimiento de otra cultura y otro idioma te da una frialdad en tus ojos para mirar de otra manera tu tierra de origen. Esa ciudad me ha convenido totalmente. Me he encontrado con una diversidad cultural importante y me gusta la personalidad del parisino. Es discreto y a la vez tiene una solidaridad que no te manifiesta directamente, pero cuando tienes un problema, acuden a socorrerte.
Desde la distancia, ¿cómo se ve España?
A veces duele, en otros momentos añoras cosas. La sensación que transmite España es de caos. Cuando llegué a París, empecé a estudiar música y coincidí con mucho estudiantes entusiasmados que admiraban profundamente la transición política y lo consideraban un país vivo. Todo eso se ha ido apagando y piensan que España no ha sabido aprovechar las oportunidades que le dio la Unión Europea. Por el contrario, admiran su vida cultural, la consideran de calidad y muy creativa. En los escaparates siempre están autores como Javier Cercas, Fernando Aramburu, Luis Landero o Ricardo Menéndez Salmón.
Llegó un momento en que decidió pasar del verso a la prosa poética, como lo muestra en esta antología. ¿Por qué lo hizo?
Pensé que estaba agotado en el verso. Dominaba la técnica, pero me dí cuenta que me estaba repitiendo. Tener la sensación de que estoy diciendo de otra manera lo que ya he dicho es muy molesto para mí. He escrito 300 poemas en total y no quiero escribir más. Prefiero adentrarme en terrenos que desconozco porque te obliga a renovarte, eso es vida. Con la prosa sentí de nuevo una gran libertad.
Ha revisado todo sus poemas para esta antología. Con la mirada lejana que otorga el tiempo, ¿cómo se ha sentido?
Ha sido una experiencia curiosa. Me reconozco en lo que fui, te viene a la mente el deseo de corregirete literariamente, pero no quiero, ese era yo, con todos mis defectos. Asumo mis errores y mis aciertos.
DNI
Francisco Javier Irazoki nace en Lesaka el 21 de octubre de 1954. Sus primeros poemarios editados fueron Árgoma (1980) y Cielos sesgados (1992) y cuenta con una extensa producción literaria. En 1993 se traslada a Paris, donde cursa estudios musicales (armonía, composición, historia de la música). Casado con la geopolitóloga francesa Bárbara Loyer, tiene dos hijos: Adriel e Ilka, de 27 y 24 años respectivamente. Desde 2018, tiene doble nacionalidad: española y francesa.