Bárbara Blasco, periodista y escritora

"Es difícil aceptar las partes oscuras de nuestros familiares"

El libro con el que ganó el Premio Tusquets Editores de Novela, ‘Dicen los síntomas’, sobre la enfermedad y nuestra relación con ella, le llevó este lunes a Letraheridas

La periodista y autora valenciana Bárbara Blasco participó en el primer encuentro del ciclo con Elvira Lindo
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La periodista y autora valenciana Bárbara Blasco participó en el primer encuentro del ciclo con Elvira Lindo
La periodista y autora valenciana Bárbara Blasco participó en el primer encuentro del ciclo con Elvira Lindo

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Laura Puy Muguiro

Publicado el 26/10/2021 a las 08:51

Dicen los síntomas transcurre casi en su totalidad en la habitación 234 de un hospital con un hombre en fase terminal y por la que aparecen su mujer, sus dos hijas y otro paciente. Es una historia sobre la enfermedad y cómo nos relacionamos con ella, sobre cómo nos construimos y nuestros lazos familiares. La protagoniza Virginia, una de las hijas, que intenta comprender el mundo a través de la enfermedad. Ganadora del Premio Tusquets Editores de Novela 2020, su autora, la valenciana Bárbara Blasco, compartió charla ayer con la escritora Elvira Lindo en el primer encuentro de Letraheridas.

¿Entiende que le diga que me lo he pasado bien leyendo Dicen los síntomas?

[ríe] Lo puedo entender, perfectamente, porque yo me lo he pasado bien escribiéndola. No quiere decir que seas sádica ni que disfrutes con la enfermedad y el dolor. Me parece compatible. Creo que hay situaciones trágicas que están muy cerca de lo humorístico, y en este caso la intención era aliviar esa tensión de hospital, de muerte, con algunas escenas un poco más divertidas.

Quien no ha leído la novela puede preguntarse cómo se puede uno divertir con algo así.

Una intención del libro era precisamente salirme de la historia única. Entiendo que a nadie le gusta la enfermedad, que es un asco, pero tiene muchísimas más cosas, y enfrentarte de alguna manera a la muerte te hace vivir la vida con muchísima más intensidad y ver el mundo de otra forma. Pero, normalmente, eso no se cuenta ni de la enfermedad ni de la muerte porque es un proceso natural envuelto en silencio, en tabú... y en literatura a mí me interesa mirar desde otro lado y tratar de buscar alguna realidad escondida bajo apariencia.

¿Se puede encontrar algo bueno en la enfermedad?

Para Virginia, una forma de entender el mundo es a través de la historia de las enfermedades e incluso de las enfermedades de quienes le rodean, de su familia. Me parecía bonito que el personaje encontrara la poesía de los cuerpos, las metáforas que se van construyendo a partir de esos síntomas, que les diera un significado. Porque creo que es importante darle un significado propio, un significado que construye uno mismo, y no dejarse llevar por “la batalla, la lucha contra el cáncer...”, metáforas muchas veces terroríficas porque ponen al enfermo una culpa y una carga que no debería tener.

La poesía de la enfermedad para unos, la hipocondria para otros...

Virginia no lo vive con miedo, sino como un lugar a donde nos dirigimos casi todos: la enfermedad y la muerte. En ese sentido, soy como ella: pensar en la enfermedad me ayuda a que, cuando llegue, la tenga trabajada y sea una idea más cómoda que pueda aceptar mejor, igual que la idea de la muerte. Y aunque es difícil aceptar la nada desde ser alguien, creo que no es malo familiarizarse con ello y hacerlo desde el humor, no con dramatismo y catastrofismo.

¿Por qué le interesa la enfermedad?

Para trabajarme yo. Supongo que hay razones también personales. Pasé una enfermedad y es verdad que, a partir de ahí, me cambió un poco la manera de vivir el tiempo, de pensar que esa vida que yo aplazaba siempre -“cuando llegue la verdadera vida, ya disfrutaré, ya haré lo quiera”- se convirtió en un “ahora o nunca”. Tenía casi 40 años. En ese sentido, tuvo algo positivo.

De hecho, hay para quien la enfermedad es un despertar a una mayor consciencia vital.

Eso es, dentro también de ese miedo de ver la muerte. Pero creo que nada es absoluto. Toda parte negativa casi siempre viene con algo positivo. Es tan falso centrarse solo en lo negativo como solo en lo positivo. No vamos a hacer tampoco que la enfermedad sea una bicoca, “estemos enfermos ¡qué bien!”.

Y, sin embargo, su protagonista dice que estar enfermo se vive como “una debilidad deshonrosa, símbolo del fracaso por excelencia”. ¿No es contradictorio?

Es un rasgo característico de nuestras sociedades que no me gusta demasiado: la carga de fracaso que lleva la enfermedad, de no saber gestionar tu cuerpo, y medimos todo de esa forma entre capitalista e infantiloide, ocultando lo que no nos gusta. Las enfermedades soportadas de forma social son mucho más llevaderas.

En la novela cita obras sobre enfermedad de varios autores: Juan Gracia Armendáriz, Sergio del Molino, Anatole Broyard...

No distingo literatura de vida, así que no sé si me vino antes el interés de escribir la novela o si la novela salió del interés en la enfermedad. En una novela, mis obsesiones se acaban cuajando, y escribiendo sobre ellas acaban aplastándose, un poquito.

Su editorial ha dicho de la novela que es el “retrato excelente de una mujer en crisis”. Casi he visto más en crisis a su entorno.

También veo sin salvación a quienes están a su alrededor. Ella está en crisis porque está encontrando su camino hacia su propia realidad, algo sobre lo que me interesaba escribir: el camino de esa ficción familiar construida y vendida como una realidad hasta llegar a la suya, aceptar lo que es, lo que quiere ser y desembarazarse de esa presión. El mundo donde nos hemos criado es el que conocemos, y muchas veces nos limita, sobre todo si no coincide con lo que piensas o si el papel que te asignan no es el que quieres tener. La familia de Virginia es bastante disfuncional, pero creo que casi todas las familias acaban siendo un poco así y las únicas normales son las otras, las que te imaginas. Hay mucha idealización en la familia y la maternidad: seguimos viviendo como en un cuento de hadas, y es difícil aceptar las partes oscuras de nuestros familiares, padres o hijos.

¿Y cómo casa esa consciencia vital y “mi cuerpo quiere acabar conmigo y va a conseguirlo” que dice la protagonista?

El tiempo de nuestra vida es el de nuestro cuerpo, y, en esta sociedad que ahora valora mucho la estética y la apariencia, se da el contraste de que nos pensamos que no somos cuerpo o que vivimos un poco de espaldas a lo que sucede en su interior, de los procesos del cuerpo. Tenemos poca curiosidad por saber. Cuando he ido al médico y he hablado con otros pacientes, he flipado muchas veces porque no quieren saber nada de lo que les pasa en su interior. Se ponen en manos de un médico como si fuera un dios, un gurú. Y él sabe mucho más de medicina, por supuesto, pero creo que yo escucho mi cuerpo más y que tengo que colaborar porque vivo dentro de él.

¿Escribió cuando estuvo enferma sobre qué le pasaba?

Tuve un cáncer en una época en la que no veía el futuro. Me quería separar, no tenía trabajo y, por primera vez, no sabía qué iba a ser de mí, no veía qué iba a pasar, y era un poco excitante y extraño. Entonces un día me toqué aquí [se lleva una mano al pecho], me encontré un bultito y me dije: “Si esto fuera una novela, la protagonista tendría un cáncer”. Fui a hacerme una mamografía, el médico me decía que no parecía nada, pero yo pensaba en la trama [sonríe]: tenía una intuición. Y aunque las pruebas salieron bien, si el médico no me hubiera visto tan angustiada y segura de que tenía algo, no me hubiera hecho la biopsia: tenía dos fibroadenomas que lo enmascaraban [el tumor]. Por eso digo que la literatura me salvó la vida [sonríe].

Sonríe mucho. Interpreto que está bien.

[sonríe] Muy bien, estupendamente, en todos los sentidos.

DNI

Bárbara Blasco Grau (Valencia, 11 de abril de 1972, 49 años) trabajó como dependienta, teleoperadora, camarera, ayudante de mago, bailarina de cabaret, empleada de gasolinera, actriz secundaria y vendedora de enciclopedias antes de licenciarse en Periodismo. Ha estudiado dirección cinematográfica en el Centre d’Estudis Cinematogràfics de Catalunya y guion de cine en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba. Es autora de las novelas Suerte y La memoria del alambre, colabora habitualmente en Valencia Plaza e imparte clases en el Taller de Escritura Creativa de Fuentetaja.

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