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Teatro

Noemi Rodríguez, actriz y directora de ‘Man Up’: “Este espectáculo me ha reconciliado con los hombres”

“Desenmascarar el relato tradicional de la masculinidad y sus referentes” es el reto de Teatro en Vilo con ‘Man up’, en el Teatro Gayarre el 31 de octubre en el marco de Letraheridas

Noemi Rodríguez toma en brazos a Baldo Ruiz en una escena del espectáculo
Noemi Rodríguez toma en brazos a Baldo Ruiz en una escena del espectáculo marcosgpunto
Publicado el 25/10/2021 a las 06:00
Man Up ha supuesto un salto al vacío para Noemi Rodríguez y Andrea Jiménez. Actrices, directoras y fundadoras de la compañía de Teatro en Vilo, decidieron este nuevo show, que desenmascara las formas tradicionales de la masculinidad e imagina nuevas formas de ser hombre a través de la ironía, la irreverencia y el humor absurdo, subiéndose al escenario con cinco hombres, ellas que siempre habían trabajado con mujeres. Rodríguez habla hoy de qué ha supuesto ese salto al vacío y de qué supone a los espectadores Man Up, “no una tesis sobre la masculinidad, sino acción y emoción, las del teatro”.
Man Up. ¿Qué traducción le han dado?
La expresión en inglés significa “hazte hombre, sé un hombre”. Pero nosotras quisimos cuestionar esa idea de la masculinidad hegemónica con la que nos creamos hombres y mujeres: qué supone ser un hombres, que implica ser el proveedor, alguien que siempre debe ser fuerte, no llorar, activo sexualmente; que debe demostrar virilidad, sobreponerse a todo, estar por encima de todo aquello que no es hombre...
¿Y cómo cuestionan esa masculinidad?
A través de preguntas y de la experiencia de cinco actores en escena. Esas preguntas no vienen solo de nosotras como directoras. También de las que hicimos por WhatsApp a cientos de personas de distinta edad, género y procedencia: “¿Qué te gustaría ver, oír, decir o hacer a un hombre o a un grupo de hombres en un escenario? Fue al inicio del proceso, trabajando con improvisaciones con los actores: nos faltaban voces, las de los actores no era suficientes, y de ahí nuestra petición. Y, por medio de audios, recibimos las respuestas, los deseos, muchísimos y muy interesantes, fuertes y cargados de dolor y de deseo. Todas esas propuestas articulan la dramaturgia del espectáculo y hacen que sucedan cosas en el escenario.
¿Un ejemplo de propuesta?
Alguien pidió algo muy sencillo: “Me gustaría ver a un grupo de hombres haciendo lo que yo hago con mis amigas en la playa, echándonos crema, peinándonos y hablando de lo que nos pasa”. Las mujeres estamos súper familiarizadas con este tipo de cercanía, de intimidad, y Andrea y yo hemos descubierto en este proceso que es excepcional, raro, en un grupo de hombres. Y viendo el espectador que eso sucede en escena, porque los actores hacen que esos deseos se cumplan, se convierte en algo profundamente conmovedor. Al poner el foco ahí te das cuenta de que hay cosas que pueden resultar muy extrañas simplemente por una cuestión de género, pero que no deberían serlo. Y es más: que pasen ciertas cosas y no pasen otras genera un dolor inmenso a los individuos simplemente por una condición de género.
¿Man Up es llegar a entendimiento, no una lucha de géneros?
Exacto. Los espectadores y la crítica (recuerdo una que decía “Man Up es una carta de amor a la humanidad...”) ven que es una voluntad de encuentro entre esas voces que vienen de fuera, de hombres y de mujeres, y de Andrea y yo conversando con estos hombres a un nivel de enorme intimidad y honestidad y evidenciando los dolores que nosotras hemos tenido en nuestra experiencia y que ellos tienen en su experiencia vital por esta cuestión de género. No es una batalla, es un foro, una conversación.
También tenía apuntada esa frase de la crítica, que seguía “a través de hacer arqueología de lo masculino”. ¿Entienden ahí la palabra arqueología?
Me resulta interesante la idea de arqueología, del estudio del pasado y de las ruinas. Y me encanta porque aparece un breve estudio de esa arqueología, de esas ruinas, de esa cosa que ya no funciona en la sociedad, en las relaciones, ni para hombres ni para mujeres, en un momento que se está cuestionando tantísimo el género. Se trata de construir desde las ruinas, de ver un nuevo horizonte, de entender nuevas posibilidades, de reconciliar.
Presentan el espectáculo como “el reto de desenmascarar el relato tradicional de la masculinidad...”. ¿Vivimos aún en engaño respecto a los géneros?
Tenemos un bombardeo de referentes de lo que se supone que debemos ser como hombres y como mujeres y nos condicionan tremendamente desde que somos muy pequeñitas y pequeñitos, desde los juegos. Asimilar lo que tienes que ser en función de tu género es un recorrido muy doloroso y castrante, y el género debemos cuestionarlo porque nos limita e imposibilita nuestro potencial como humanos, parejas, hermanos, padres... por estar atendiendo a una idea que nos han enseñado e impuesto.
¿El género es una máscara?
El teatro funciona a través de máscaras, juegas a ser otros. Aquí jugamos a ser otros que podríamos ser de no tener esta máscara de lo que debe ser un hombre. Nos quitamos la máscara y a ver qué pasa si expreso mis emociones delante de un público; si le digo a mi madre lo que nunca le he dicho, que la quiero; o a mi hermana que estoy orgulloso de ella.
¿Por eso los cinco actores interpretan a Batman, Adán, McEnroe, John Wayne, Humphrey Bogart... pero también a ellos?
Eso es. ¿Quiénes son cuando se quitan esa máscara? Mucho más que ese cliché. Y ocurre que, al liberarse ellos, se libera el público. Hemos recibido muchos mensajes de espectadores a los que el show les ha hecho decir a su familia que es homosexual, un “te quiero” a su mujer al día siguiente o un “es una maravilla trabajar contigo” a una compañera. Son historias reales que han pasado, y es muy emocionante. Para nosotras y para los actores ha sido un proceso transformador.
Me planteaba cuántas veces les han preguntado qué hacen dos mujeres escribiendo sobre masculinidad...
Cuando tuvimos esta idea, produjo rechazo en nuestro entorno: con lo que nos había costado llegar hasta aquí, cómo dos mujeres que siempre habíamos trabajado con mujeres y que teníamos esta oportunidad (nuestro primer espectáculo en el Centro Dramático Nacional) dábamos voz a cinco tíos. Para Andrea y para mí ha sido un salto al vacío. Personalmente, me daba cierto cargo de conciencia, pero decidí que si lo hacía, era poniéndolo todo encima de la mesa, algo que mereciera muchísimo la pena. Y procuramos transformar ese peso en algo positivo e importante.
¿Y hoy, si le preguntan cómo da voz a cinco hombres, qué dice?
Pueden tener esa cuestión antes del espectáculo, pero desaparece cuando lo ven. La voz de la mujer está ampliamente representada, por las voces que nos llega de fuera y por las nuestras, pues Andrea y yo también estamos en escena.
Después de este recorrido, ¿qué ha entendido sobre qué significa la masculinidad, ser hombre?
Este espectáculo me ha ayudado muchísimo a reconciliarme con los hombres a través de la convivencia, de la intimidad, con estos cinco hombres maravillosos que lo han dado todo. Ver que compartimos tanto a pesar de los pesos de convenciones sociales; también dolores, aunque algunos sean diferentes por distintas razones, y sueños, esperanzas y gestos que nos llevan al encuentro, no a la diferencia.

Ficha artística

Reparto: Fernado Delgado-Hierro, Pablo Gallego Boutou, Alberto Jo Lee, Juan Paños, Baldo Ruiz, Andrea Jiménez y Noemi Rodríguez.

Dramaturgia: Andrea Jiménez y Noemi Rodríguez, a partir de las improvisaciones realizadas con los actores.

Dirección: Andrea Jiménez y Noemi Rodríguez.

Producción: Centro Dramático Nacional.

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