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Cuando ir al cine era la estrella

Alberto Cañada revisa las proyecciones de 1940 a 1980 en Pamplona

Gente haciendo cola en el cine Aitor, en la calle Gayarre, para ver la película El desierto de Pigalle en enero de 1965
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Gente haciendo cola en el cine Aitor, en la calle Gayarre, para ver la película El desierto de Pigalle en enero de 1965
Gente haciendo cola en el cine Aitor, en la calle Gayarre, para ver la película El desierto de Pigalle en enero de 1965

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Laura Puy Muguiro

Actualizado el 18/10/2021 a las 21:05

Mantiene Alberto Cañada que de la industria del cine se habla, escribe e investiga fundamentalmente de la producción: qué películas se hicieron, cuándo, dónde, quién las produjo, quién las dirigió... “Pero muy pocas veces de los sitios donde aquellas películas se exhibían o cómo reaccionaban los espectadores, que al fin y al cabo son los que acaban influyendo en la producción, ya que los productores deben saber muy bien cómo es el público para decidir qué películas hacer”, señalaba este lunes, 18 de octubre. Las palabras del periodista pamplonés y responsable de la programación en la Filmoteca de Navarra eran el modo de introducir su último libro, Los cines de Pamplona 1940-1980, una “crónica primicial” de dónde se proyectaron películas en esos cuarenta años.

Porque el título lleva la palabra “cine”, pero la investigación es en realidad un trabajo sobre todos aquellos locales, “a lo mejor no cines”, donde se vieron filmes. Lo destacaba Cañada porque dijo haber tenido “la suerte” de que una persona que él no conocía, Joaquín Almoguera, le entregara “un tesoro”: la programación con la que Asociación Diocesana de Cines Parroquiales en 16 milímetros surtió a “un montón de pueblos navarros” y locales asociados en Pamplona, algunos difíciles de imaginar hoy como lugares de proyección: el Hospital Psiquiátrico, las Damas Apostólicas, el Asilo del Niño Jesús...

Y hubo proliferación porque la Agrupación Diocesana de Cines Parroquiales nacida en 1955 creó una red de programación para unos 90 locales no comerciales ubicados en colegios, parroquias y otros centros, donde se proyectaba casi siempre cine infantil.

Fachada del cine Novedades, en la calle San Agustín.
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Fachada del cine Novedades, en la calle San Agustín.GALLE
Fachada del cine Novedades, en la calle San Agustín.

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¿Y cuál pudo ser el momento con más locales de proyección? No es fácil averiguar qué otros locales distintos a las salas comerciales, pero de aquellas Cañada señaló que Saide gestionó once a la vez entre 1960 y 1965. La Agrupación Diocesana terminó su actividad en 1966 y empezaron a desaparecer cines parroquiales, agrupaciones deportivas... No obstante, puede entenderse que fueron unos años prolíficos. Como dato, en 1963 los cines comerciales de Pamplona contabilizaron 3 millones de espectadores, el doble que en 2019, según el Anuario del cine español. Aunque los siguientes números corresponden a Navarra y no a Pamplona, sirvan también como ejemplo: en 1969 había 110 cines (5,6 millones de espectadores) y una población de 450.000 habitantes y en 2019, 61 salas (1,6 millones de espectadores) y una población de 650.000 habitantes.

Fue ese primer lustro de los años sesenta el de la proyección de películas de Walt Disney, James Bond, Mario Moreno Cantinflas, Alfredo Landa, Paco Martínez Soria o Manolo Escobar, con taquillazos como 101 dálmatas, Ahí va ese bólido, Mary Poppins, 007 contra el Dr.No, Desde Rusia con amor, El padrecito, Su excelencia, Mi canción es para ti, Pero ¿en qué país vivimos?

Editado por el Gobierno de Navarra e ilustrado con fotografías de cines, carteles de ciclos y filmes, entradas, programas de mano, tipos de proyectores empleados e imágenes de proyeccionistas y personas relacionadas con las salas, sus 605 páginas están escritas “por un cronista, no un historiador”, en el sentido de que, a pesar de la importante situación política, se ha ceñido al relato de la parte cinematográfica: las historias de cada local donde se proyectó cine, procurando llegar “al fondo de todos y cada uno de ellos”. Es el método, además, que siguió en sus publicaciones precedentes: Llegada e implantación del cinematógrafo en Navarra (1896-1930) y El cine en Pamplona durante la II República y la Guerra Civil (1931-1939).

De ahí, también, una de las causas de que la nueva publicación arranque en 1940: porque cerró la anterior en 1939. Igualmente, porque en 1940 se inauguró el cine Príncipe de Viana, “el cinematógrafo más elegante de la capital navarra”. El cierre de esta investigación en 1980 lo ha marcado “la inauguración de las primeras multisalas de Navarra”, lo que generó “un cambio sustancial en el negocio de la exhibición cinematográfica”.

A la introducción del contexto histórico y social de la época (tejido industrial y económico de Navarra, evolución de los barrios en Pamplona, constitución de parroquias o negocios, actividades de ocio, deportivas y musicales) siguen capítulos sobre una visión general del cine en España, la situación del cinematógrafo en la capital navarra en la llamada “época dorada” (1940-1960) con la apertura de emblemáticas salas de cine y la llegada de la televisión y los cineclubs (1960 y 1980), “principales rivales de los salones cinematográficos”.

La obra incluye un capítulo sobre las salas de cine comercial, con el monopolio de Saide veinte años (1942-1964) y la competencia que surgió con los cines Mikael y Aitor, gestionados por Carmelo Echavarren. Cañada describe además locales que mantuvieron durante años una programación regular, abierta al público, y sin ánimo de lucro: Salón Loyola, Salón Champagnat, Colegio Calasanz... Y el cinerama y el cine público (proyecciones gratuitas en la calle, financiadas por el Ayuntamiento) ocupan su espacio junto con cineclubs como el Cine Club Pamplona, el Cine Club Lux, Club de Cine Universidad, Cine Club Oberena o Cine Club Luis Lumière.

¿Fue Pamplona una ciudad fuertemente cinéfila? Hay que tener en cuenta que sobre todo en las décadas de los 40 y 50 no había otras alternativas de ocio a la que la gente sin muchos recursos pudiese acudir, de modo que ir al cine no fue un fenómeno exclusivo de Pamplona.

“Pero sí es verdad”, continuó Cañada, “que de más adelante, de cuando el cine era ya una elección casi más que una obligación por no haber nada más, hay estudios de los años 80 con comparativas sobre la afluencia, y Navarra tenía un índice de asistencia privilegiado. Esa formación, esa grey infantil que todos los fines de semana iban al cine del colegio, la parroquia, el barrio... acabó aficionándose e integrándose en cineclubs”.

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