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Arte

La mirada imposible del valle de Arce

Sus vecinos lo han fotografiado en un proyecto artístico con Protocolectivo

Cuatro de las fotografías realizadas por vecinos del valle de Arce
Fotografía del valle de ArceIrati Erro
Publicado el 09/10/2021 a las 06:00
¿Cuántas miradas hay para verlo todo?, ¿cuántos observadores en el mundo observando y observándonos? Las preguntas de los cuatro artistas de Protocolectivo llegan con unas 2.200 fotografías encima de la mesa. Son las que en septiembre tomaron con cámaras analógicas más de un centenar de vecinos de los diecisiete núcleos del valle de Arce. Niños, jóvenes y mayores convertidos en fotógrafos de su valle, de su vida diaria, de sus recorridos y de sus preferencias, creándose sin saberlo nexos de unión entre quienes viven a kilómetros de distancia. Desde ahora van a tener un archivo de su mirada del valle y la relación con él, el proyecto Descamino que esta tarde les presentará Protocolectivo en el Ayuntamiento del valle. Un proyecto del programa Landarte impulsado por el Gobierno foral: busca el empoderamiento de las comunidades rurales a través de la cultura contemporánea, que artistas y vecinos colaboren juntos y que estos últimos participen de forma activa.
Valle bisagra entre el Pirineo y el Prepirineo, montañoso y con enormes extensiones de bosque, es una zona formada por tres valles geográficos (ríos Irati, Urrobi y Gurpegi), con muchos pueblos abandonados y una población muy dispersa y repartida entre Nagore, Azparren, Usoz, Imízcoz, Urdirotz, Gorraiz, Lakabe, Uriz, Lusarreta, Espoz, Zazpe, Villanueva de Arce, Aritzkuren, Arrieta, Uli Alto, Zandueta y Saragüeta. Con 265 habitantes censados, hay poblaciones grandes de 40 y 45 vecinos y otras, de uno o dos. Y entre todos repartieron los miembros de Protocolectivo 61 cámaras fotográficas analógicas, de un solo uso, que los vecinos han compartido por grupos.
Pero hasta concretar el proyecto fue necesario un trabajo de campo durante casi dos meses de verano en los que los miembros de Protocolectivo, curadores en este proyecto más que artistas, viajaron al valle en múltiples ocasiones. Consideraron fundamental ir, conocer a la gente y hacer vida con ellos para reflexionar sobre qué tipo de arte contemporáneo podía resultar útil allí.
Fotos realizadas por los vecinos del valle de Arce

T: PROYECTO
Fotografías realizadas por los vecinos del valle de ArceJavier Díez
Descubrieron así iniciativas en el valle como encuestas para sondear qué hacer con el Palacio de Arce que se va a restaurar; poblaciones muy colaborativas como Lakabe, Aritzkuren, Zazpe...; trabajos de auzolan como el organizado esta mañana para proteger las excavaciones romanas descubiertas cerca de Nagore... Además, “el enorme interés en preservar su patrimonio.
“Comprobamos que es una geografía mucho más interesada en cuestiones de la memoria y de la preservación que de darse difusión”, expone Miguel Ayesa Usechi, que forma equipo en Protocolectivo junto a Sonia Ciriza Labiano, Germán Úcar e Iñigo Garcés Jiménez. De ahí la idea de que el día a día de los habitantes del valle “fuera archivo”, porque tal vez ahora no sean conscientes, pero es posible que revisando las fotografías dentro de unos años tengan una imagen amplia del valle. “Todos habitan el mismo valle y comparten un ecosistema del que ellos son parte. Esto te hace empatizar con la mirada del otro, darte cuenta de que estás ahí, y compartir múltiples puntos de vista porque hay muchas miradas hacia el valle y muchas conexiones”.
Pero se dieron cuenta también de la gran atomización del valle -muchas poblaciones, muy pequeñas y muy dispersas- y de que en algunos casos no ayuda a la movilidad entre poblaciones que estén distribuidos en los tres valles geográficos. “Percibimos, igual que varios vecinos, una falta de identidad manifiesta a nivel de valle”, señala Ayesa Usechi, algo que su compañero Úcar englobó en “conciencia de valle”.
Sonia Ciriza y Miguel Ayesa forman Protocolectivo junto con Germán Úcar e Íñigo Garcés. En la imagen, con fotos del proyecto
Sonia Ciriza y Miguel Ayesa forman Protocolectivo junto con Germán Úcar e Íñigo Garcés. En la imagen, con fotos del proyectoj.a.goñi
LA CRUDEZA DE LA ANALÓGICA
La idea de repartir las cámaras y desaparecer se debió a que los miembros de Protocolectivo no quisieron inmiscuirse, sino que se creara “algo íntimo, de cada pueblo, que la gente fotografiase con libertad y cuando quisiera en el plazo de dos semanas”, señala Ciriza, tratando de descentralizar la práctica para que se correspondiera con la naturaleza del valle. Una intención ahí de lo que Úcar llama “la mirada imposible”, ese querer verlo todo.
Buscaron con intención que las cámaras fuera analógicas. Porque hubo quien se ofreció a fotografiar con sus móviles, pero Protocolectivo quería que las fotos no tuvieran ningún tipo de mirada mediada, que quien las tomara no hiciera cuatro y eligiera cuál entregar al proyecto. Además, que tuvieran un número limitado de fotos, hasta 39.
Y así han salido, sin flash, veladas, con encuadres no perfectos, con dedos tapando una parte de la imagen... ‘errores’ que hasta que se popularizó la fotografía digital, no hace tantos años, era habitual cometer. “Estamos en un mundo construido a partir de imágenes mediadas, preparadísimas, retocadísimas... y la crudeza de estas otras fotos te acercan de una manera excepcional a la foto sin retoque”.
Protocolectivo ha buscado líneas que conecten territorios y atraviesen el valle, “formalizaciones artísticas de diferente naturaleza”, igual que el empleado por los aborígenes australianos con sus songlines (trazos de canción): durante siglos se ha transmitido de generación en generación el emplazamiento en el territorio de los pozos de agua a través de canciones en cuyas letras se triangulaban su ubicación por los hitos de referencia espacial existentes en la región. Mapas orales, simbólicos en definitiva.
No buscaba Protocolectivo postales bonitas sino que las fotografías mostraran la experiencia del día a día, las personas que habitan el valle, los trabajos que se hacen allí. “Entiendes que van a aparecer las huertas, la leña, los montes que rodean el valle, algunos animales... Pero llega a sorprender la forma en la que los han retratado o la relación que han creado entre las imágenes de animales o algún objeto que tiene que ver con quien ha tomado la fotografía”.
Fotografía analógica de Protocolectivo
Fotografía analógica de ProtocolectivoAsun Espiral
Porque las imágenes desvelan puntos de unión, como el respeto a la naturaleza y la forma en la que los vecinos habitan sus pueblos, o contrastes que ofrecen conexiones, como pueblos despoblándose mientras que otros se están repoblando y reconstruyendo. El revelado de las fotos ha mostrado que “cada persona tiene un recorrido, y en este, un tema sobre el que más ha incidido, conectándose con los de otros”.
Existen varios hilos temáticos. Vivir en el valle, por ejemplo, ya muestra la mirada hacia la naturaleza y los animales, “muy presentes en las fotos”. Hay imágenes además de lo que en arte contemporáneo y fotografía se denomina el tercer paisaje, el de las cunetas de las carreteras, los lugares residuales de las ciudades, los espacios de transición entre la ciudad y el campo que no han sido controlados por la acción deliberada del hombre. El derecho al no ordenamiento que Gilles Clément defendió en Manifiesto del Tercer paisaje.
Pues los habitantes del valle de Arce han fotografiado, “y mucho”, ese tercer paisaje: unas chatarras amontonadas al lado de una huerta, la zona llamada muerta de árboles muy pulidos que se dejan ver cuando baja el nivel del pantano, espacios en desuso, pueblos despoblados... Ayesa confiesa su asombro: “Me ha sorprendido mucho que varios tengan esa mirada tan de fotógrafo contemporáneo
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