Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE
Edición impresa

Actualidad Navarra, Pamplona, Tudela, Estella, Osasuna, Deportes, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, Política, Economía, Trabajo, Sociedad.

Cultura

Inmaculada Alva, historiadora: “Las primeras mujeres del Opus Dei fueron una revolución en la posguerra”

Aunque inicialmente, el fundador de la Obra no admitió a las mujeres, Escrivá de Balaguer las aceptó en 1930. Dos historiadoras han escrito un libro sobre esos primeros años

La sevillana Inmaculada Alva, de 56 años y profesora en la Universidad de Navarra, posa con un ejemplar del libro en Pamplona
La sevillana Inmaculada Alva, de 56 años y profesora en la Universidad de Navarra, posa con un ejemplar del libro en Pamplona JESUS CASO
  • Sonsoles Echavarren
Publicado el 28/09/2021 a las 06:00
Unas monjas “muy raras” que se pintaban las uñas, se preocupaban por su aspecto y trabajaban en editoriales. O unas mujeres que dejaban la casa de sus padres, no para casarse, como era lo habitual, sino para trabajar “casi como criadas” en unos centros que no eran conventos. Así definieron algunas personas a las primeras mujeres del Opus Dei. A aquellas féminas que en los años treinta y cuarenta del siglo pasado siguieron el mensaje del fundador de la Obra, el entonces joven sacerdote y hoy santo Josemaría Escrivá de Balaguer. Fueron pioneras. Muchas, universitarias y, en cierta medida, “revolucionarias”, en unos años en los que, la mujer era considerada como menor de edad y necesitaba el permiso de su padre o su marido para todo. Así lo exponen dos investigadoras que han publicado un libro sobre este fenómeno. Las historiadoras Inmaculada Alva y Mercedes Montero, profesoras de la Universidad de Navarra, han escrito El hecho inesperado. Mujeres en el Opus Dei (1930-1950).
Josemaría Escrivá de Balaguer fundó el Opus Dei en 1928. Inicialmente, solo para hombres. ¿Cuándo y por qué decide aceptar a las mujeres?
Fue el 14 de febrero de 1930. Durante la celebración de una misa, tuvo una revelación: su mensaje de santidad en medio del mundo y de que la luz de Dios llegue a todas partes se quedaría cojo si no contaba con la mujer y la familia.
Una decisión que sorprende en la España anterior a la Segunda República y en una sociedad que no tenía en cuenta a la mujer...
Entonces solo el 8% de los universitarios eran mujeres. Y la mayoría estudiaba Filosofía y Letras o Farmacia, que se consideraban estudios más femeninos. Había mujeres que trabajan (maestras, enfermeras...) pero lo normal era que, aunque lo hicieran, al casarse se dedicaran a la familia. El éxito de la mujer estaba en la casa.
Guadalupe Ortiz de Landázuri (primera por la izda, agachada) y otras numerarias, en la residencia Abando (Bilbao) en 1947. La segunda por la dcha (de pie) es la corellana Rosario Arellano
Guadalupe Ortiz de Landázuri (primera por la izda, agachada) y otras numerarias, en la residencia Abando (Bilbao) en 1947. La segunda por la dcha (de pie) es la corellana Rosario Arellano DN
Dicho esto, ¿cómo se logró reclutar a las primeras mujeres en una época en la que las féminas solo salían de la casa familiar para casarse o ir al convento?
Lo que hizo San Josemaría fue algo muy revolucionario. En los años treinta se unieron muy pocas mujeres porque no entendieron bien el mensaje. La mayoría eran muy piadosas y terminaron en el convento. En esa década, el fundador era el capellán de algunos hospitales de Madrid. Y allí conectó con dos enfermas: María Ignacia García Escobar y Antonia Sierra, que fueron las primeras mujeres del Opus Dei. Ellas comprendieron que su misión era rezar y ofrecer su sufrimiento para que la Obra saliera adelante. Fueron apareciendo otras mujeres, todas de entre 20 y 30 años; y la mayoría, trabajadoras. Como Carmen Cuervo o Modesta Cabeza, que era pianista. Esta última vivió la quema de una iglesia estando dentro, sufrió un shock y terminó en un sanatorio mental.
Pero durante la Guerra Civil se paraliza todo el engranaje...
San Josemaría, antes de pasar a Burgos, se escondió en al Legación de Honduras, en Madrid. Y se escribía con uno de los primeros numerarios, Miguel Fisac, que estaba escondido en el falso techo de una casa, a través de las cartas que le lleva su hermana, Lola. En aquellos años, utilizaban un lenguaje en clave para no levantar sospechas. El fundador era el “abuelo” y él se refiere a los miembros de la Obra como sus “nietos”. Cuando hablan de Jesús, le llamaban “Don Manuel” y al hacer referencia al Opus, decían “la empresa del abuelo”. Gracias a esas cartas, Lola Fisac va conociendo el mensaje y, al terminar la guerra, solicita la admisión.
Termina la contienda y el país empieza a reconstruirse. ¿Ocurre lo mismo con el Opus Dei?
Sí, es un segundo renacimiento. España retrocede y la mujer aún está mucho peor que en los años treinta. La Obra cuenta con muy pocas féminas. Las primeras se habían muerto y el fundador pide a las pocas que hay, muchas relacionadas con Acción Católica, que hablen a sus amigas. Se busca así, no solo hacer apostolado, sino volver a dar brillo a la vocación cristiana de los laicos.
¿Y la gente de la calle entiende el mensaje? Porque muchas familias critican que sus hijas que se fueran de casa para servir...
Así fue. Las primeras, cosían, rezaban y poco más. Pero enseguida llegan algunas (Narcisa González Guzmán, Enrica Botella y Encarnación Ortega) que conectan con el mensaje. Al mismo tiempo, algunas personas ven al Opus Dei como “medias tintas”. Una vez, una alumna de Guadalupe Ortiz de Landázuri (una de las primeras mujeres de la Obra que fue profesora de Química en un colegio de Madrid) dijo que había visto a su maestra metida en “algo raquítico”. “Es una cosa de monjas que se pintan las uñas y se meten en editoriales”, escribió. En esos años, las mujeres se dedicaron prioritaria, pero no exclusivamente, a la atención doméstica de centros de varones.
Aurora Nieto, viuda y con tres hijos, fue una de las primeras supernumerarias del Opus Dei. En la imagen, en Salamanca, en 1945
Aurora Nieto, viuda y con tres hijos, fue una de las primeras supernumerarias del Opus Dei. En la imagen, en Salamanca, en 1945 DN
Entonces, ¿no se podían dedicar a su profesión?
El fundador aseguró que, con el tiempo, solo el 10% de las mujeres de la Obra se dedicarían a las labores domésticas y que entre sus hijas habría médicos, arquitectos, periodistas... Lo dijo en unos años en los que las mujeres aún eran el 8% de los universitarios.
Y, a pesar de eso, creó una editorial y una residencia para chicas universitarias en 1947.
Fueron dos hitos. La editorial Minerva, la primera de mujeres y para mujeres, quiso impulsar la cultura. Y con la residencia se quiso volver al espíritu de la Residencia de Señoritas de los años veinte (la versión femenina de la Residencia de Estudiantes), aunque, ideológicamente, no tuvieran nada que ver. El fundador se dio cuenta de la importancia de la mujer universitaria a la hora de cristianizar. Y comienzan a pedir la admisión muchas estudiantes de Medicina, Ciencias, Filosofía y Letras... Entre las primeras, hubo una navarra: Rosario Arellano, de Corella, y hermana de Jesús, que era numerario. Ella iba a casarse pero, tras escuchar al fundador en unos Ejercicios Espirituales descubrió su vocación.
En 1950 comienza la expansión internacional. ¿Las mujeres renuncia a su profesión?
Pero igual que ocurrió con los hombres. Así como el fundador pidió a las mejores cabezas que se hicieran sacerdotes, muchas mujeres viajaron a Estados Unidos, Inglaterra, México, Argentina, Guatemala... para extender la Obra e ir abriendo centros. Tuvieron que hacer sacrificios.

El 70% son mujeres casadas

​Si en los años cuarenta, y según los historiadores, el perfil del miembro del Opus Dei era un varón, numerario y con estudios universitarios; actualmente la situación es completamente diferente. Y el prototipo es el de una mujer, casada (supernumeraria) y también con estudios universitarios. Así lo explica la historiadora Inmaculada Alva y recalca que de los 90.000 miembros del Opus Dei repartidos en todo el mundo, el 70% son mujeres casadas. Entre los hombres, hay numerarios, supernumerarios, sacerdotes y agregados. Y entre las féminas, numerarias, supernumerarias, agregadas y numerarias auxiliares (las que, como su trabajo profesional, se encargan de la atención doméstica en los centros). “Como numeraria, estoy muy agradecida con haber hecho este estudio. He investigado sobre algo que conozco, que es mi propia historia. Aunque, poco conocida”. En su opinión, este trabajo ha servido para “valorar más positivamente” a estas mujeres. “Así se dan a conocer. Porque ni si quiera se sabía quiénes eran. Hemos abierto los ojos a una realidad desconocida”.

volver arriba

Activar Notificaciones