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Salón del Cómic de Navarra

Un cómic que dos pamploneses editaron en 1984 para no echar tierra sobre la Historia

Pedro Osés y Javier Mina firmaron en 1984 un cómic sobre lo ocurrido en torno a la Comuna de París en 1871 y aquel espíritu revolucionario. Hoy hablan por primera vez de este trabajo.

Osés, ante originales del cómic expuestos en Condestable, algunos coloreados para la ocasión
Osés, ante originales del cómic expuestos en Condestable, algunos coloreados para la ocasiónEduardo Buxens
Actualizado el 17/09/2021 a las 12:54
Pedro Osés ha sonreído al tomar en sus manos los dos volúmenes del cómic. “Cuánto trabajo tuvo...”, desliza al tiempo que pasa las hojas con suavidad. Su mente se ha trasladado a comienzos de los ochenta, a cuando elaboró con Javier Mina 'Los apaches de París', sobre unos hechos ocurridos entre finales de 1870 y mayo de 1871 a raíz de que las tropas francesas fueran derrocadas por Prusia: el pueblo llegó al poder, creándose la Comuna, y gobernó París durante 72 días, hasta que las tropas gubernamentales entraron en la capital francesa y lanzaron una represión sangrienta. 
Este 2021 se cumplen 150 años de aquellos hechos, y el trabajo de los dos artistas pamploneses -Mina el del guion y Osés el de los dibujos- vuelve al presente: participan hoy en una mesa redonda en Condestable en el marco del Salón del Cómic de Navarra, que expone varias de los páginas originales de Los apaches de París que editó Pamiela Komika en 1984, hace 37 años.
Osés fue el iniciador de la idea del proyecto, en 1971, en el aniversario del centenario de La Comuna, cuando vio en la revista Triunfo un reportaje de dos páginas sobre aquello. “Me sorprendió mucho saber qué había pasado. Había ido alguna vez a París, había pintado sobre mayo del 68, pero los libros de Historia no hablan de esto, y tuve ganas de dibujar algo. Era una historia no contada, sobre la que se había echado tierra por ser una experiencia de principios de la revolución social”, recuerda a sus 78 años de aquel momento en que propuso el proyecto a Mina, que aceptó al instante. “Yo había vivido en Francia, de 1973 a 1976”, cuenta este desde su residencia fuera de Navarra, “y tenía mucho contacto con la cultura e historia francesa, el mundo de ese París del XIX y ese espíritu revolucionario, ese intento casi romántico de construir una sociedad socialista que me recordaba mucho a las polis griegas. Y aquello era apasionante, muy atractivo”.
No obstante, pasó una década hasta que el proyecto comenzó a fraguarse. “Era muy ambicioso meterse en una historia que no sabíamos cómo iba a funcionar, de 200 páginas y con un trabajo importante”, añade Osés. Hasta entonces, ambos publicaron fanzines y se introdujeron en el mundo del cómic, Osés procedente de la pintura y Mina, de la literatura.
Los apaches de París supuso “dedicación total” durante un par de años tras iniciarse en 1980 con un viaje a París, para documentarse en museos y librerías y visitar zonas concretas. “Estuvimos en los últimos lugares donde había transcurrido la acción, la parte más alta de París, la zona norte, entonces ya barrios de inmigración”, habla Osés de aquellos distritos. “Cuando fuimos, esa parte alta de París estaba en una fase de reurbanización, en cambio constante, y llegamos justo para tomar imágenes, que se ven en el cómic, de lugares de la llamada Semana sangrienta, rincones anónimos, que tenían su aroma, su ambiente, y que luego desaparecieron”, evoca Osés. También Mina entendió que debían viajar a París y empaparse de la atmósfera, teniendo en cuenta que encontrar documentación no era fácil al no existir los accesos de ahora a la información. “De modo que o ibas a París para vivir aquello de primera mano y de paso comprar algún libro y consultar algo en las bibliotecas o estabas perdido”, resume.
Fueron sin cámara de fotos. Solo con papel y lápiz. Uno para hacer bocetos y otro, para tomar notas. Pero con mucha documentación previa. “Me había apuntado”, indica el guionista, “los puntos exactos en los que habían ocurrido momentos clave. Íbamos con las ideas muy claras y un plan establecido”.
Los apaches de París recoge el desarrollo de La Comuna en un plano histórico a partir de personajes de ficción, protagonistas junto a otros reales. “Fue un trabajo muy ambicioso”, afirma Osés, a lo que Mina añade riendo: “Fuimos demasiado osados. Pero, con una trama de ficción, contamos la historia de verdad, extrayendo de la masa de documentación lo que podía ser significativo”.
De Mina surgió el título. ¿Apaches? Con ese nombre se denominaba a gente del hampa, a ladrones, a personas violentas de ambientes que ya retrató Eugene Sue en Los misterios de París en 1845. “Y la apelación y el hecho sociológico quedaron ahí”, apunta Mina. Y así fue cómo la burguesía consideraba a los revolucionarios de 1871 “chusma, canallas, hampones, gente despreciable, totalmente equiparables a los delincuentes” y cómo Mina quiso hacer un guiño “al contrario de la realidad”.
MATERIAL SOBRE EL PROCESO
La exposición muestra medio centenar de los dibujos originales, algunos coloreados para la ocasión. No se han expuesto nunca hasta ahora y tampoco hasta ahora sus dos autores han hablado de él en público. En la charla mostrarán material que expone el desarrollo del trabajo hace 40 años, dibujos del viaje y del proceso, “papeles de verdad del momento”, indica Mina sobre lo que escribieron y anotaron. Y para el Salón han elaborado también un fanzine que, a la manera de un panfleto, explica lo sucedido en París en 1871. Una publicación que cuenta con ilustraciones y textos manuscritos para la ocasión e incluye además dibujos firmados por los cronistas gráficos del momento, así como enlaces a la música de la Comuna.
De los 200 dibujos de Los apaches de París, Osés se queda con aquellos sobre los lugares de la capital francesa en los que estuvieron en 1980 para documentarse, muestra de que, “de alguna manera, algo ha permanecido ahí a lo largo de la historia, quizá algo del espíritu de entonces”. “Esto que pasó en un momento dado y que fue reprimido salvajemente es la historia de una frustración tremenda, algo que pudo ser y no fue, de cosas que no se hicieron bien. Pero, ¿qué hubiera hecho yo?, ¿cómo podemos juzgar aquello hoy en día? Mi conclusión es que las armas no llevan a ningún lado”, reflexiona Osés.
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