Edición impresa

Actualidad Navarra, Pamplona, Tudela, Estella, Osasuna, Deportes, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, Política, Economía, Trabajo, Sociedad.

Historia

El Archivo de Navarra dedica su microexposición de septiembre a la Batalla de Beotíbar

El enfrentamiento, del que se cumple el 700 aniversario, tuvo lugar en tierras guipuzcoanas, en la frontera de los reinos de Navarra y Castilla

Uno de los documentos que se pueden ver sobre la Batalla de Beotíbar
Uno de los documentos que se pueden ver sobre la Batalla de BeotíbarGobierno de Navarra
  • Diario de Navarra
Publicado el 15/09/2021 a las 13:05
El Archivo de Navarra dedica su microexposición de septiembre a la Batalla de Beotíbar (1321), de la que se cumple el 700 aniversario y que tuvo lugar en tierras guipuzcoanas, en la frontera de los reinos de Navarra y de Castilla. La muestra ofrece al público la posibilidad de contemplar algunos de los documentos que se conservan relacionados con este acontecimiento.
Entre otros, se pueden ver las cuentas originales del merino de Pamplona de 1321, principal fuente para el conocimiento del suceso. Bajo el título '700 aniversario de la Batalla de Beotíbar (1321)', la muestra, de pequeño formato, de acceso libre y gratuito, permanecerá abierta en la galería baja del Archivo de Navarra todos los días del mes de septiembre de 10:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 20:00 horas.
Frontera de los malhechores
“La frontera de los malhechores es la denominación con la que en tiempos medievales fue conocido el tramo noroccidental del límite fronterizo entre los reinos de Castilla y Navarra”, explican responsables del Archivo de Navarra.
Este nombre se debe a las acciones de pillaje y asaltos que los “malhechores” guipuzcoanos y alaveses llevaban a cabo contra las comarcas navarras de esta área y que, en ocasiones, motivaban operaciones de represión y castigo por parte de los oficiales al servicio de la corona navarra.
Una de estas operaciones tuvo lugar en 1321, la llamada Batalla de Beotíbar, “que llegaría a adquirir después una gran notoriedad”, recuerdan.
La situación de inseguridad en la zona noroeste del Reino de Navarra era, por un lado, común a todas aquellas otras áreas fronterizas y de relieve montañoso, ya que dichas condiciones geográficas favorecían el bandolerismo. Pero, por otro, “respondía específicamente a la situación de poder que los “malhechores” guipuzcoanos y alaveses vinculados a los linajes nobiliarios oñacinos habían alcanzado al inicio de la Baja Edad Media y que tenían como una de sus víctimas principales a los ganaderos navarros de las merindades de Pamplona y Estella”, comentan.
“Así, cuando en 1312 el gobernador francés de Navarra, Enguerrand de Villiers, accedió a otorgar fuero a los pobladores de Echarri-Aranaz”, tal y como se puede comprobar en el documento que da inicio a la micromuestra, “expresó que habían sido los habitantes de la Tierra de Aranaz (comarca de la Barranca) los que habían solicitado que se llevase a cabo la construcción en el lugar de Echarri de una bastida, es decir, de una población fortificada (que finalmente se llevaría a cabo dando lugar a la villa de Echarri-Aranaz), precisando que la aludida Tierra de Aranaz estaba en la frontera de los malfechores”.
La “Facienda” o Batalla de Beotíbar
Sería precisamente en 1321, pocos años después de autorizada la población de Echarri-Aranaz, cuando tendría lugar la facienda (de “facienda” vocablo que significa hecho de armas o combate) de Beotíbar. “Los hechos se iniciaron como respuesta a la toma del castillo navarro de Gorriti por parte de los guipuzcoanos, lo que llevó al gobernador del reino a impulsar una campaña junto con el alférez real y los merinos de Pamplona y Estella, que reunieron un contingente de al menos medio millar de hombres para recuperarlo”, comentan.
De acuerdo al detalle de los gastos de la operación que recoge el correspondiente registro de cuentas conservado en el fondo documental Cámara de Comptos y que se exhiben al público en esta oportunidad, “las fuerzas navarras pusieron sitio al castillo y consiguieron reconquistarlo”.
A continuación, emprendieron una expedición de castigo internándose en Guipúzcoa hasta el día 19 de septiembre, día en el que, como el propio documento contable expresa, ocurrió “la facienda” o el conflicto de “Ypuzcoa”, en el que, según la historiografía, “las fuerzas navarras fueron emboscadas por las guipuzcoanas en el desfiladero de Beotíbar, en las proximidades de Tolosa.
“La importancia que adquirió la campaña puede deducirse de la categoría de las autoridades implicadas y de los recursos movilizados”, se señala desde el Archivo de Navarra. El mismo gobernador del reino, Pons de Mortagne, vizconde de Aunay, dirigió la hueste para recuperar el castillo de Gorriti, acompañado de Martín de Aibar, alférez real, es decir, el portaestandarte del rey, que acudió con su hijo Martín de Eusa y con los merinos de Pamplona y Tierra Estella y sus contingentes.
En concreto Juan López de Urroz, merino de Pamplona, movilizó a su compañía de 10 hombres a caballo y 160 peones y contó con el refuerzo de 6 caballeros de la tierra junto con 220 efectivos, mientras que Dru de Saint Pol, merino de Tierra de Estella, acudió con 9 jinetes y 55 peones.
La existencia de autoridades francesas al mando del reino y en determinados puestos de responsabilidad se explica porque a raíz de la unión dinástica entre los reinos de Francia y de Navarra, tanto el gobernador, que actuaba en nombre del monarca, como determinados altos funcionarios de la administración eran franceses, situación que se prolongó hasta 1328.
El impacto de la derrota navarra en Beotíbar, en la que perdieron la vida el alférez real y su hijo, los dos merinos y otros compañeros, fue tan reseñable que algunas de las villas más importantes del reino iniciaron un pleito contra Pons de Mortagne, el gobernador francés de Navarra en 1321, por la supuesta negligencia en la conducción de dicha incursión en Guipúzcoa.
El relato de los vencedores
Al otro lado de la frontera, sin embargo, el relato fue posteriormente engrandecido con elementos legendarios y literarios, como los recogidos en la Gran Crónica de Alfonso XI, rey de Castilla, en la que el suceso figura con entidad propia.
Años después, y a tenor del incremento de los problemas en la zona, los reyes Alfonso XI de Castilla y Felipe III de Navarra llegaron a acordar en 1330 un pacto de amistad en el que se comprometieron a cooperar para hacer frente a los daños provocados por los “malhechores”.
Sin embargo, ello no impidió que en décadas siguientes “los conflictos continuaran y que los fronterizos castillos de Atáun y Ausa fueran definitivamente perdidos por Navarra y pasaran a territorio castellano, el castillo de Ausa en 1335 y el castillo de Atáun tras su destrucción en 1378”, concluyen los responsables de la exposición.
volver arriba

Activar Notificaciones