ARQUITECTURA

Las diez cualidades de una vivienda, según Anne Lacaton

La premio Pritzker explica en Pamplona su concepto de lugar habitable

Una terraza en un edificio de Lacaton-Vassal en Chalon-sur-Saône / Prés-Saint-Jean.
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Una terraza en un edificio de Lacaton-Vassal en Chalon-sur-Saône / Prés-Saint-Jean.
Una terraza en un edificio de Lacaton-Vassal en Chalon-sur-Saône / Prés-Saint-Jean.

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Diario de Navarra. Pamplona

Publicado el 08/09/2021 a las 21:43

Una de las palabras más repetidas durante la intervención de Anne Lacaton en el Congreso de Arquitectura y Sociedad fue “calidad”. Otra, “espacio”. Con estas dos ideas, la última premio Pritzker (consiguió el galardón junto a su socio, Jean-Philippe Vassal), vertebró una ponencia en la que se centró en la importancia de la vivienda, que, en su opinión, se ha redescubierto estos meses: “El lugar que habitamos se ha revelado el más importante durante la pandemia”. Y calificó la vivienda como “el reto más hermoso al que se enfrenta la arquitectura contemporánea”.

“De la calidad de la vivienda dependen la calidad de las relaciones [entre las personas] y la calidad del espacio público”, aseguró Lacaton al comienzo de su intervención, para señalar que desde el principio de su carrera reflexionó junto a Vassal sobre cuáles deberían ser las cualidades de los lugares en que habitamos.

La arquitecta proporcionó una lista con esas diez cualidades: “Generosidad, espacio libre y espacio extra, capacidad de apropiarse el espacio, transparencia, continuidad entre el interior y el exterior, movimiento, estructura ”abierta, un espacio privado exterior, un espacio de transición y placer e imaginación”.

Lacaton se quejó de que “en general los estándares de las viviendas son demasiados pequeños, demasiados restrictivos”, ya que defiende espacios más amplios cuyo uso no esté programado, en forma de habitaciones que tengan que ser necesariamente cocinas, salones o dormitorios. “Un espacio para vivir debe ser generoso, cómodo, adaptable, flexible, lujoso y asequible”, insistió.

Insistiendo en la idea de que la vivienda debe proporcionar libertad a su habitantes, insistió en que “las viviendas deben ofrecer tanto espacio extra como espacio programado, para proporcionas situaciones placenteras” y que cada persona pueda configurar su espacio vital.

También recalcó la necesidad de que incluso en las ciudades, “toda vivienda debe tener un espacio exterior privado, como un balcón o una terraza para dar la posibilidad de vivir en en exterior, de tener un jardín como en un chalet”. “Nuestro objetivo -recalcó la arquitecta francesa- es redesarrollar en las ciudades el concepto de villas, de casas con jardín”.

Otro de los puntos que destacó es que “en toda vivienda tiene que haber la posibilidad de moverse, lo que quiere decir que hay que construir más grande, el doble, pero al mismo coste que a una vivienda estándar, para que sea asequible para cualquiera”.

Lacaton mostró un plano de un apartamento de dos habitaciones, de unos 65 metros cuadrados, que debería tener al menos un 50% más de espacio (aunque su propuesta es que tuviera el doble), con todas las habitaciones con acceso a una terraza exterior, con la posibilidad de moverse en la casa por dentro o por fuera de ella. Para proporcionar este espacio de una forma económica habría que evitar los muros de carga, para apoyar la construcción en pocas columnas. De esta forma se accedería al exterior más fácilmente y la vivienda tendría adaptabilidad y capacidad de evolución. Su propuesta, según explicó, no necesita tanto material aislante al tener un espacio intermedio más templado y crear ahorros energético pasivos.

Lacaton dedicó una parte importante de su charla a explicar algunos de los proyectos de rehabilitación o transformación de edificios, que podían haber tenido un uso diferente, en viviendas. En estos casos se trataba de mejorar la calidad, extender el espacio vital, incrementar el placer y la comodidad, ahorrar energía y dar más luz, hacer más con menos, y hacerlo con y para los habitantes. Comparó el coste entre demoler y reconstruir edificios de apartamentos, sobre todo los construidos en los años 60 y 70, para convertirlos en viviendas no convencionales: demoler y reconstruir cuesta 165.000 euros por vivienda, mientras que readaptarlos supone un tercio, 55.000 euros.

También incidió en que cuando se encargaron de la renovación de tres bloques de pisos en Burdeos lo importante no eran esos tres bloques, sino poner en el centro de la intervención los 503 pisos sobre los que tenían que actuar y sus habitantes.

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