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Patrimonio navarro exiliado (II)

Los libros ilustrados que vienen de Sancho el Fuerte

Un magnífico ejemplar de la Biblia encargado por el rey navarro a finales del siglo XII y una copia que se hizo poco después para algún miembro de la famlia real se encuentran hoy fuera de España, en las bibliotecas de Amiens, en Francia, y de Ausburgo, en Alemania

Segunda Biblia de Pamplona (Ausburgo, Biblioteca Universitaria, Cod.I.2.4º 15), h.1200. Nacimiento de Cristo y Anuncio a los pastores. Viaje de los Reyes Magos. Epifanía
Segunda Biblia de Pamplona (Ausburgo, Biblioteca Universitaria, Cod.I.2.4º 15), h.1200. Nacimiento de Cristo y Anuncio a los pastores. Viaje de los Reyes Magos. Epifanía
  • Soledad de Silva y Verástegui. Pamplona
Publicado el 23/07/2021 a las 18:51
Se conoce actualmente con el nombre de Biblias de Pamplona al magnífico ejemplar de la Biblia que fue encargada por el rey Sancho el Fuerte de Navarra a fines del siglo XII y la copia que se obtuvo de ella para algún distinguido miembro de la familia real poco después. Ambas se encuentran hoy día fuera de España. La primera se conserva en la Biblioteca Municipal de Amiens (ms. 108) y la segunda en la Biblioteca Universitaria de Augsburgo (Cod.I.2.4º 15).
La Biblia de Amiens fue encargada por el rey navarro en 1197 a Ferrán Pérez de Funes, canciller durante los años finales del reinado de su padre, posiblemente para su uso personal dadas sus peculiares características. Efectivamente se trata de una Biblia de imágenes, uno de los ejemplares más antiguos llegados hasta nosotros, en los que la miniatura ocupa toda la página y el texto ha quedado reducido a uno o dos renglones situados en el margen superior o inferior del folio, a modo de títulus explicativo.
Este tipo de libros que comienza a difundirse hacia 1200 en el norte de Francia e Inglaterra y eran muy aptos para la instrucción religiosa y el ejercicio de piedad de los laicos, por lo que el rey pudo haberlo encargado para sus propias devociones. Ni que decir tiene que esta clase de libros para ver, en los que se pone el énfasis principalmente en la imagen por encima del texto, constituye uno de los aspectos más renovadores en la historia del libro ilustrado medieval, ya que en ellos se invierte la relación texto-imagen por la de imagen-texto.
Originariamente el códice contenía doscientos setenta y cuatro folios de pergamino, todos ilustrados con miniaturas en las que predomina la línea sobre el color, utilizándose preferentemente el amarillo y verde, azul, rojo y algo de violáceo. También se empleó en ocasiones el oro. Las composiciones son enormemente sencillas y se distribuyen según la relevancia que el ilustrador ha querido otorgar a los diferentes asuntos. Los temas más emblemáticos ocupan un folio entero o doble página, mientras el resto se agrupa de dos en dos por página, separados generalmente por una tenue línea horizontal.
El programa iconográfico integra el Antiguo y el Nuevo Testamento pero añade como novedad un magnífico martirologio y vidas de santos, único en la Península en su tiempo, donde no fue habitual la ilustración de este tipo de textos. La insistencia sobre todo en el martirio de los santos de los primeros siglos del cristianismo pudo estar motivada por las nuevas responsabilidades del rey, al acceder al trono, como defensor de la fe frente al infiel. Otra innovación importante de esta Biblia es el ciclo apocalíptico final ya que ninguna de las Biblias altomedievales que circulaban en la Península tenían su libro del Apocalipsis de Juan ilustrado. Solo la Biblia de Roda (Paris, Bibliothèque Nationale, ms. 6) datada en el tercer cuarto del siglo XI y realizada en ambientes catalanes tenía ilustrado el Apocalipsis.
La Biblia encargada por el rey debió de satisfacer a las personas cercanas al monarca de modo que se obtuvo inmediatamente después una copia destinada posiblemente a alguna persona de alto rango. Llama la atención que para este ejemplar de Augsburgo se utilizase un pergamino más fino, mayor empleo del oro y unos pigmentos más costosos. El manuscrito fue realizado en el mismo scriptorium por Ferrán Pérez de Funes y sus ayudantes, dado su parecido textual, iconográfico, estilístico y técnico, con el modelo. Constaba en su origen de doscientos ochenta y ocho folios de pergamino, todos ellos también ilustrados.
El programa iconográfico es prácticamente idéntico, aunque pueden observarse algunas diferencias. El Antiguo Testamento contiene 49 escenas más. En líneas generales se observa un mayor dramatismo patente, por ejemplo, en la concepción de la muerte. Mientas en el ejemplar de Amiens se eligió la representación de la muerte en el lecho rodeado de familiares, en esta segunda Biblia se prefirió el sepelio o la sepultura en un sarcófago. Lo mismo ocurre en la escena del sacrificio de Isaac mucho más violenta en la segunda Biblia en la que la espada de Abrahán roza el cuello de su hijo que en la Biblia real.
Este mayor realismo se acusa también en la interpretación de muchos de los temas del Nuevo Testamento Respecto al ciclo de los santos fue ampliado con 42 santas, lo que ha llevado a pensar que el destinatario de esta Biblia fuese una mujer. Se ha pensado en alguna de las hermanas del rey, Teresa, Berenguela o Blanca, casadas estas últimas respectivamente con Ricardo Corazón de León y Teobaldo III de Champagne.
No obstante, esta es la parte más descuidada de este ejemplar pues quizás la prisa por acabar el códice ocasionó algunas equivocaciones y repeticiones. En algunos casos incluso los ilustradores de la Biblia de Augsburgo se desentendieron del modelo como puede observarse en la miniatura del Juicio Final dentro del ciclo apocalíptico. En la Biblia de Amiens se utilizó una imagen muy original como lo es la figura de un Cristo Juez ,concebido como un Crucificado, acompañado de ángeles, rodeado por los justos y teniendo a su izquierda los condenados. El ilustrador de la Biblia de Augsburgo se limitó a ofrecernos una gran cruz dorada en medio de un fondo azul intenso, anuncio de la Parusía Final.
Sabemos que todavía a principios del siglo XIV se obtuvo una nueva copia del manuscrito real, hoy conservado en Nueva York ( Public Library, Spencer,ms.22) con destino a Juana II de Navarra. El códice difiere notablemente en los aspectos linguísticos y estéticos, dada su cronología y ha sido atribuido al maestro de Fauvel.
Soledad de Silva y Verástegui. Catedrática de Historia del Arte. Universidad del País Vasco.
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