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Rodajes

Un mosaico de vidas unidas por el agua

El cineasta pamplonés Iñaki Alforja finaliza el rodaje del documental ‘El vuelo de las libélulas’, sobre las nueve integrantes de Mariburruntzis, equipo navarro de categoría máster de natación artística que han cumplido diez años, el único en España

Las ocho componentes de Mariburruntzis, excepto la entrenadora, filmadas por Iñaki Alforja
Las ocho componentes de Mariburruntzis, excepto la entrenadora, filmadas por Iñaki AlforjaDN
  • Laura Puy Muguiro
Actualizado el 08/07/2021 a las 21:29
Cuando en 2013 participaron por primera vez en un campeonato, fue el Europeo de Masters de Eindhoven (Holanda), y resultó novedad que hiciera solo tres años que se habían introducido por primera vez en la natación artística -antes llamada sincronizada-. Hoy, el equipo navarro Mariburruntzis (libélula en euskera), formado por nueve mujeres de entre 35 y 59 años, sigue siendo novedad porque es el único del país que suma diez años de trayectoria. Lo refleja el cineasta pamplonés Iñaki Alforja en El vuelo de las libélulas, el documental que está rodando y en el que las hace protagonistas de “una historia de solidaridad, respeto, empatía, equipo, sororidad, esfuerzo, comprensión y sentido del humor”. Porque el filme no busca mostrar sus hazañas deportivas sino a estas mujeres en sus vidas. “Es un documental social, de cómo las nueve afrontan el futuro”, señala Alforja. Con ellas viaja hoy a Barcelona, donde participan este fin de semana en el Campeonato de Cataluña de Natación Artística Open Máster.
Estas nueve mujeres forman un mosaico de vidas diferentes unidas por el agua, alrededor de la que siempre juega la libélula, ese ser no acuático cuya ligereza y estética transmite la natación sincronizada y cuyo ruido recuerda al mantra de estas mujeres cuando repiten las coreografías y cuentan los tiempos en catalán -un, dos, tres, quatre, cinc...-. De procedencias diversas, con distintas circunstancias personales, sociales, económicas y laborales, el agua sincroniza sus vidas y las sincroniza a ellas varias veces a la semana para entrenar. Un proyecto que cautivó a Alforja y que vio en los valores de este grupo “una forma en la que reflejarse la sociedad para salir de la pandemia”. Está disfrutando mucho de “aprender y poder compartir con ellas este viaje” que inició a finales de 2019. “Son positividad y energía pura. Se crecen frente a dolores físicos y problemas que puedan tener, laborales, por ejemplo. ¡A veces es difícil seguirles el ritmo de la cantidad de horas que meten, de reuniones que tienen, de mensajes que se cruzan!”, ríe el cineasta.
Deportistas no profesionales, practican una modalidad asociada a ciertos prejuicios sociales como la juventud que “ellas desmontan con una extraordinaria apuesta por la vitalidad y la pasión por vivir”. Ocho de ellas tienen entre 45 y 59 años. Son Anita Bonhomme Muruzábal, Ana Lana Moreno, Lola Sarriguren Arana, Raquel Elizalde Aranguren, Irene Aldabe Moreno, Laura Garde Etayo, Alicia Otaegui García y Garbiñe Rekarte Gutiérrez. La nota discordante de la edad la pone Isis Mínguez Rodríguez, la entrenadora. Mallorquina de 35 años, ha dedicado prácticamente toda su vida a la natación artística desde que empezó a practicarla con 7 años. Y aunque dejó de competir cuando con 17 se trasladó a Barcelona a estudiar, no abandonó los entrenamientos. Tampoco al instalarse hace una década en Pamplona y empezar a entrenar a niñas en San Juan y la Federación Navarra de Natación.
Fue aquí donde vio una de sus clases la también profesora en la Federación Garbiñe Rekarte, y esta disciplina, “totalmente desconocida en Pamplona”, le suscitó “una curiosidad terrible” que se convirtió en deseos de practicarla cuando comprobó “todo lo que se podía hacer en el agua a parte de nadar espalda, braza, mariposa y crol”. “Eso tenía que hacerlo yo”, recuerda Rekarte que pensó. Por eso comenzó a contactar con nadadoras a las que conocía desde su infancia y juventud y con las que seguía manteniendo “lazos entrañables gracias a los valores de deportividad y cordialidad” que vivieron durante años compartiendo entrenamientos en invierno en la piscina cubierta de la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona. “Cada una habíamos seguido por mundos muy diferentes, pero más o menos sabíamos las unas de las otras, dónde localizarnos o por medio de quién”, narra Rekarte.
Y Mínguez, que nunca se había planteado la natación artística máster, no pudo negarse cuando aquella le propuso entrenar a este grupo de mujeres adultas. “El objetivo es transmitir el deporte y lo que sé de este deporte. Qué más da la edad que tengan, me dije. Y fue increíble comprobar qué fácil iban cogiendo las cosas. ¡Menudo potencial! Con ellas no había límites”, recuerda la entrenadora, para quien la base de la natación de todas les aporta “un punto extra”. “Ya venían con muchos valores que te da el deporte, como el compromiso: están comprometidas con el equipo y con este deporte”, añade de la natación artística, que para ella debe ser disciplinada porque es exigente, una exigencia que les pide y ellas le devuelven.
Mariburruntzis, el nombre con el que se bautizaron para su primera exhibición al año de empezar a entrenar, se convirtió así en “un grupo de amigas”. “El compañerismo y la amistad, lo bien que nos llevamos fuera del agua, hacen que dentro se transmita y perciba”, apunta Mínguez, a lo que Rekarte añade “el crecimiento personal” que le ha aportado la natación artística: “Compartes algo que te gusta con gente muy diferente. Y cada una te da una cosa, o muchas. La natación artística es nuestro nexo de unión, y de ahí, creces. Coincides, compartes e intercambias personalidades, experiencias y modos de vida”.
LA VENTAJA ANTE OTROS
El vuelo de las libélulas se estructura como una coreografía entre las vidas de las nueve protagonistas y entre dos elementos, explica Alforja: la tierra, “con los planos a hombro e imágenes más duras” que simbolizan “donde están los problemas y los conflictos diarios”, y el agua, “donde ellas se sincronizan, encuentran al grupo, la solidaridad, planos con una estética más suave, armoniosa, bella”. Porque a nivel estético, sigue otra de las componentes, la artista Alicia Otaegui, “se ponen en juego la música, la figura, los movimientos, ese punto además casi marcial, la elegancia...”.
Les gusta defender lo saludable de seguir haciendo deporte. “Cumplimos años pero no nos importa. No imaginamos el momento de dejarlo”, sostiene Otaegui. Ve en el documental una forma de difundir el deporte de competición a unas edades adultas “y lo que hay detrás de acudir a una”. “Es más fácil entrenar un deporte individual que este, en el que o te juntas o te juntas. Es complicado el esfuerzo de compatibilizar las responsabilidades familiares y laborales de las nueve, pero lo conseguimos”. Porque cree que juega a su favor “haber empezado tarde”: “Es una ventaja de este grupo respecto a otros. Tenemos todavía muy activados la pasión y el sacrificio”. Y es que hay mucho de los dos, y a veces también de renuncia. “Si quieres conseguir unos objetivos dignos, no te queda otra que meter horas y horas. No tiene otro turco”, añade, y recuerda cómo comenzaron con dos sesiones al mes y hoy seis de ellas entrenan cuatro días a la semana a las ocho de la mañana.
El grupo entrena en Anaitasuna, club con quien tienen la ficha federativa; hace exhibiciones allí donde le llaman, y cuenta además con la ayuda del Club Natación, que les permite entrenar cuando sus calles están libres. De hecho, Mariburruntzis espera que el documental sirva para espolear la falta de instalaciones deportivas adecuadas “para la práctica de un deporte reglado”, indica Rekarte. “El gran obstáculo que tenemos es la falta de profundidad en las piscinas”. Necesitan una pública de 50 metros y una profundidad al menos de 2, 20 metros. Y tal vez, por qué no, el filme mueva también ayuda económica. “Después de diez años”, señala Otaegui, “estamos en un punto en el que nos merecemos ya los aplausos. Porque lo difícil a veces es resistir, y nosotras cumplimos años y seguimos”.
Poco después de que termine el entrenamiento de hoy, el grupo saldrá por la mañana hacia Barcelona. Viajan en autobús. Les acompaña Alforja y el equipo de rodaje. “Echábamos de menos poder estar juntas”, piensa Otaegui sobre este fin de semana que será el colofón del documental. Un campeonato que la entrenadora vive “con mucha ilusión” por volver a competir con estas mujeres tras no hacerlo desde el Campeonato del Mundo Master en Budapest en 2017. “Siempre había pensado que esta historia había que contarla. El documental nos ha dado un empuje a todas”.
“Todo el esfuerzo que han realizado”, añade Alforja, “culmina en este campeonato”. No duda de que a ellas les gustaría regresar a Pamplona con una medalla. Pero para él no es lo importante. “En mi opinión, después de diez años juntas ellas ya han ganado”.
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