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Tribuna histórica

¿Dónde estaban los vascos en la batalla de Noáin?

El autor, contra la pretensión de hacer de la herencia de los reyes navarros destronados una razón para la independencia vasca, detalla la participación de personas e instituciones de Guipúzcoa, Vizcaya y Álava en el ejército de Castilla

Escudo de Carlos V en la universidad de Oñate, expresión monumental del fervor monárquico y castellanista que vivió Guipúzcoa en el siglo XVI.
Escudo de Carlos V en la universidad de Oñate, expresión monumental del fervor monárquico y castellanista que vivió Guipúzcoa en el siglo XVI
  • Luis Javier Fortún
Publicado el 30/06/2021 a las 06:00
Cualquier que sepa un poco de historia conoce que el sucesor por línea directa de Juan III de Albret y Catalina de Foix es Felipe VI de Borbón, rey de España y rey de Navarra. Si hay un legado histórico o político de los últimos reyes privativos de Navarra, sólo él puede reclamarlo. Cualesquiera otros que lo intenten son meros suplantadores.
Desde hace un siglo el nacionalismo vasco ha querido convertirse en heredero político de Juan III y Catalina, haciendo ver que pretende restaurar la independencia perdida de Navarra. En realidad, desprovisto de toda justificación histórica para acceder a la independencia (que no es un derecho histórico vasco), quiere apropiarse de la herencia política de los reyes navarros destronados y hacer de ella un apoyo para su pretensión de independencia. Lo que se olvida o se oculta es que tanto los hombres como las instituciones representativas de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya fueron brazo armado de Castilla en la conquista de Navarra y en su conservación entre 1512 y 1521. Y esto que afirmo con carácter general y reiterado puede comprobarse al examinar en qué bando pelearon los vascos en la batalla de Noáin hace quinientos años, el 30 de junio de 1521.
Ese día un ejército esencialmente francés (con menos de un 20 % de navarros agramonteses), mandado por Andrés de Foix, señor de Asparrós, fue derrotado por un ejército castellano, comandado por el almirante y el condestable de Castilla, en el que figuraban los beamonteses navarros. ¿En qué ejercito estaban y cómo actuaron las gentes de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya en esta batalla?
NAVARRA GOBERNADA POR UN RIOJANO Y UN VIZCAÍNO
En la primavera de 1521 y desde hacía cinco años gobernaba Navarra el virrey Antonio Manrique de Lara, II duque de Nájera y III conde de Treviño, nacido en Navarrete (La Rioja), residencia y centro de las posesiones de su linaje. Se había distinguido por una notable parcialidad en favor de sus aliados beamonteses, que también eran sus parientes. Su hermana Brianda estaba casada con Luis de Beaumont, III conde de Lerín entre 1508 y 1530. Su gobierno autoritario y escasamente flexible había concitado fuertes quejas.
Aunque las decisiones políticas y militares estaban en manos del virrey, el gobierno ordinario del reino y el último resorte judicial estaba, como antes de 1512, en manos del Consejo Real de Navarra. Fernando el Católico, aunque mantuvo el título de condestable al conde de Lerín, le privó de dirigir el Consejo Real y creó para ello la figura del Regente, que era un jurista de prestigio que daba un carácter técnico al gobierno del reino. Desde el 24 de noviembre de 1518 ocupaba ese puesto Fortún García de Ercilla (1492-1534), natural de Bermeo, doctor en ambos Derechos por la universidad de Bolonia (1513) y uno de los principales juristas que produjeron los territorios vascos en el siglo XVI. Fidelísimo a Carlos V, llegó a ser miembro del Consejo Real de Castilla. Su estancia en Navarra se prolongó hasta el nombramiento de su sucesor en diciembre de 1525. Su actuación fue esencial, antes y después de los acontecimientos de 1521.
No era la primera presencia de un vasco al frente de la administración y la justicia navarras después de la conquista. Antes de establecer un virrey de carácter político-militar, Fernando el Católico nombró un “Gobernador” para la recién conquistada Navarra, con el ya indicado fin de privar de inclinaciones partidistas al Consejo Real. El elegido fue otro jurista y eclesiástico vasco, Rodrigo Mercado de Zuazola, que llegó a ser obispo de Mallorca y de Ávila y presidente de la Chancillería de Granada. Ocupó el cargo entre el 17 de septiembre y el 12 de diciembre de 1512. También aconsejó al duque de Nájera en 1520. Fidelísimo a la monarquía castellana, su máxima creación fue la universidad de Oñate, en cuya fachada campea el escudo imperial de Carlos V, pero sólo representado por los cuarteles de Castilla y León, como expresión monumental del fervor monárquico y castellanista que impregnó la vida y la economía de Guipúzcoa en el siglo XVI y que culminó con el historiador Esteban de Garibay, autor del Compendio historial de España (1571).
En suma, los actuales territorios vascos, además de ejércitos para conquistar Navarra, también aportaron hombres para gobernarla dentro de Castilla.
1.850 GUIPUZCOANOS EN 22 COMPAÑÍAS
La presencia de la provincia de Guipúzcoa dentro del ejército castellano en la batalla de Noáin fue nutrida y tuvo carácter oficial. Las Juntas Generales reunidas en Cegama el 8 de junio pasaron revista a las tropas que enviaron para socorrer a Logroño, cercado por el ejército francés de Asparrós. Por el puerto y túnel de San Adrián pasaron a Salvatierra de Álava. Y seguramente siguieron por Vitoria y el condado de Treviño, para atravesar el puerto de la Herrera y llegar a Laguardia. Allí, el 19 de junio, se hizo el alarde y recuento de los hombres que formaban las 22 compañías reclutadas por Guipúzcoa. Como coronel figuraba Juan Manrique de Lara, hijo del duque de Nájera, y como maestre de campo Juan Pérez de Ainciondo. Sus lugares origen y sus capitanes quedan reflejados en el cuadro de la página siguiente, hecho con los datos que proporcionó hace tres décadas el P. Tarsicio de Azcona:
Más allá de los datos y los nombres concretos, el hecho más relevante es que las 22 compañías representaban a villas de todo el territorio guipuzcoano, que se pueden agrupar según las cuencas de sus ríos:
1 en el valle del Oyarzun: Rentería.
2 en valle del Urumea: San Sebastián, Hernani.
7 en valle del Oria: Aya, Usúrbil, Asteasu, Tolosa, Villafranca (actual Ordizia), Segura y alcaldía de Areria (en torno a Lazcano)
6 en valle del Urola: Zumaya, Guetaria, Cestona, Régil, Azpeitia, Azcoitia.
6 en valle del Deva: Salinas, Léniz, Mondragón, Vergara, Elgoibar, Deva
No es aventurado decir que “toda Guipúzcoa” vino a luchar en el ejército castellano de Noáin.
MÁS DE 2.000 VIZCAÍNOS EN 15 COMPAÑÍAS
Aunque no eran fronterizos de Navarra, los vizcaínos también se aprestaron a contribuir con 15 compañías al ejército castellano. Según Peio Monteano eran más de 2.000 hombres a las órdenes de Gómez de Butrón y Ruiz de Abendaño. Formaron junto con los guipuzcoanos un flanco del ejército castellano.
Las informaciones que poseo no son tan abundantes como en el caso guipuzcoano, pero se puede afirmar con rotundidad que combatieron con bravura y eficacia, porque después de la batalla, más allá de las soldadas que percibieron todos los combatientes vizcaínos, cada uno de sus capitanes fueron recompensados con 6 ducados (equivalentes a 2.250 maravedís). En total, la hacienda castellana se gastó 33.750 maravedís en premiar su esforzado comportamiento.
VASCOS U ORIUNDOS EN OTROS CONTINGENTES CASTELLANOS
La presencia de vascos en el ejército castellano que venció en Noáin no se limitó a los contingentes organizados por las Juntas Generales de Guipúzcoa o Vizcaya. Vascos u oriundos de los territorios vascos también estuvieron presentes de forma individual en otros contingentes de la nobleza o las villas castellanas. Es un rastro difícil de seguir, pero se puede aducir un ejemplo significativo como la capitanía del conde de Altamira, un noble gallego que participó en Noáin con una compañía de caballería acorazada, “hombres de armas”. El 27 de julio, menos de un mes después de la batalla, todavía permanecía en Pamplona Yñigo de Vasconia, miembro de esa capitanía. Además del salario que sin duda recibió por esta campaña, el condestable y el almirante de Castilla, en nombre de Carlos V, ordenaron pagarle 2.400 maravedís como salario atrasado de 14 meses, de febrero de 1520 a abril de 1521.
A la misma capitanía del conde de Altamira pertenecía Juan de Baracaldo, que era oriundo de Vizcaya como hijo de Juan Rodríguez de Baracaldo, que había terminado sus días como vecino de Valdelaguna (Madrid). Desde mediados del siglo XV Castilla, su corte y su ejército se habían convertido en espacio de acogida para los excedentes de la nobleza vasca. En 1523 Carlos V reconoció que, en su condición de “hombre de armas”, es decir, de caballero acorazado, Juan de Baracaldo tuvo una actuación destacada en la vanguardia del ejército castellano: “en la batalla que con la gracia y ayuda de Dios nuestro Señor mandamos dar en el campo de entre Ezquiroz e Noayn, que es en la cuenca de Pamplona, el domingo último día del mes de junio del año de mil y quinientos y veinte y uno al ejerçito de los françeses que entro en el nuestro Reyno de Navarra, de que su Divina Magestad nos dio vitoria, vos yvades en la delantera, dando animo a la gente deziendo “Aquí leones de España” y con este propósito rompisteis vuestra lança en los hombres darmas de los dichos franceses. Y después tomastes un lançon e, yendo siguiendo la vitoria, arremetistes a un escuadrón de Infantería de los dichos franceses y le rompistes y tomastes al alférez dellos la bandera que llevaba arbolada, y peleastes con el dicho alférez y con los otros que allí estaban, a donde os herieron vuestro caballo”. El emperador concedió a Juan de Baracaldo como escudo de armas “la dicha bandera… en la manera en que está pintada en este escudo, en señal y memoria que vos la ganastes e ovistes en la dicha batalla en la manera que dicho es”. En el centro del privilegio imperial se dibuja y colorea el escudo de armas resultante.
CIERRE ALAVÉS
Los alaveses no se implicaron directamente en Noáin. La milicia de sus Juntas Generales prefirió quedarse defendiendo la frontera alavesa para evitar una invasión de su territorio. Una vez derrotados los franceses, en el otoño de 1521, la “gente de Vitoria y de las hermandades de Álava”, dirigidas por el capitán Pedro de Mendieta permanecieron en Pamplona entre el 24 de septiembre y el 12 de noviembre para colaborar en el definitivo control de la capital del reino. Conocemos el hecho porque cobraron 187.858 maravedís por ese trabajo.
CONCLUSIÓN
Si se aceptan las estimaciones de Peio Monteano, el ejército castellano en Noáin tendría unos 12.000 hombres. Como 4.000 de ellos eran guipuzcoanos y vizcaínos, puede deducirse que los territorios del actual País Vasco proporcionaron un tercio del mismo. Sin duda, fue la parte de la Corona de Castilla que más aportó, tanto absolutamente como en proporción a su población y extensión. Es más, en Noáin hubo más vascos que los 2.000 ó, estirando mucho las estimaciones, 3.000 navarros que combatieron unos contra otros, integrados tanto en el ejército castellano como en el francés.
A la luz de los datos, la pretensión del nacionalismo vasco de erigirse en continuadores de Juan III y Catalina y tratar de justificar sus anhelos independentistas en una supuesta recuperación de la independencia navarra perdida en la batalla de Noáin sólo se puede sostener si se mitifica la historia y se olvida la fervorosa y nutrida participación de guipuzcoanos y vizcaínos en la batalla que transcurrió a las afueras de Pamplona el 30 de junio de 1521, hace 500 años.
Esta es la visión que me proporcionan los datos que yo he reunido. Si alguien me aporta otros datos más numerosos y contundentes, no tendré inconveniente en replantear mi visión, pero tendrán que ser datos, no juicios, prejuicios o soflamas.
Luis Javier Fortún Pérez de Ciriza es doctor en Historia.
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