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Ilustradora

Leire Urbeltz aprende a estar

Su viaje interior desde el estado de alarma de marzo de 2020 a hoy se expone en edificio de El Sario de la UPNA

Leire Urbeltz aprende a estar
Publicado el 13/06/2021 a las 06:00
Leire Urbeltz no se siente cómoda viajando como turista. Muy apegada a su trabajo, hasta el punto de que a veces le cuesta diferenciarlo de lo personal, la ilustradora pamplonesa no encuentra ni interés ni satisfacción en viajar “como consumo de otros territorios” pero sí como forma de “aprender y convivir” e incluso visibilizar los contextos más vulnerables de esos lugares. Lleva diez años haciéndolo, desde que en 2011 logró una beca de la UPV para ir a Pekín. Fue su primer viaje significativo para su trabajo como artista y su primer choque cultural. Y tras dejarse inspirar e impactar durante una década, llegó la pandemia, y los dos meses encerrada en casa por el confinamiento fueron “un contraste muy fuerte y una oportunidad” para dejar de proyectar y sentarse a meditar sobre esos diez años de viajes y cambios, a focalizar cómo estaba y descubrir que necesitaba un tiempo para integrar todo lo que estaba haciendo. No ha dejado de crear. “De alguna manera”, explica, “la producción de este último año ha sido paradójicamente más coherente: no había búsqueda del sentido del proyecto, sino que las imágenes, pinturas y dibujos, incluso murales y objetos, surgían de una manera muy natural, como un ejercicio cotidiano”. Ahora pueden verse en el vestíbulo de El Sario de la UPNA bajo el título 'La naturaleza de la distracción', una muestra donde hay mucho de intuición y que, más que un proyecto expositivo, es una selección del proceso de creación desde el estado de alarma hasta hoy.
De alguna manera, esto le ha conectado con una actividad quizá más nutritiva de la propia creación artística: hacer por sobrevivir un día cada día, sobre todo más intensamente en la época del confinamiento, “y afrontar esa frustración, o incluso la tristeza y el miedo, desde la práctica artística”. “Ha sido mi salvoconducto para esta pandemia”, admite la artista pamplonesa.
Ocurrió que el año pasado, antes de la pandemia, Urbeltz había empezado a imaginar un trabajo en torno a Sicilia. Después de Bordeland, un proyecto de 2018 que hacía referencia al conflicto fronterizo entre EE UU y México y que le dejó “muy afectada”, sentía que una parte de ella le pedía mirar de frente al asunto y en nuestro continente. “Y justo la vida me trajo una pareja de Sicilia”, sonríe ante esta señal de la vida.
Comenzó a informarse de todo: cultura clásica, mitología griega, surgimiento de las mafias, acogimiento de Sicilia a diferentes civilizaciones a lo largo de la historia... y la crisis humanitaria en el Mediterráneo. De hecho, ya había empezado a hacer dibujos sobre las monstruas marinas del Estrecho de Mesina que casi matan a Ulises en su odisea. “Me parecía paradójico cómo Ulises es en Europa un héroe y nosotros tenemos tantos héroes muriendo”, reflexiona.
La exposición tiene una clara acotación temporal: del estado de alarma a la inauguración de esta exposición en el campus de la UPNA en Tudela hace un mes, trasladada ahora a El Sario. En ella hay obras al hilo de la Sicilia que quería recorrer a través del dibujo y de la pintura y que se quedaron en standby. También, imágenes mentales, paisajes psicológicos “bastante oníricos” que surgieron de aquella “época intensa del confinamiento” y las meditaciones. De ahí, quizá, la representación de escenas irreales que para ella tienen mucho que ver con la emoción.
ELEMENTOS A GRAN ESCALA
Además, otras formas que tras el confinamiento le han nutrido mucho: el mural y arte urbano, llevando a la muestra elementos a gran escala para jugar con el espacio. “Aunque es un sitio de paso y no se puede invadir, me interesa el salto de un medio al otro, sobre todo a las dos y tres dimensiones”. Es el caso del personaje Mala hierba con el que posa en la imagen y que surgió en la Escuela de Zubiri a raíz de un trabajo con el Centro Huarte y la cooperativa de arquitectura Orekari para ampliar el patio. “La valla les separaba justo de un pequeño bosque y ahora han ampliado el patio, ganado bosque”, explica Urbeltz, a la que pidieron una intervención con colores en la fachada. “La idea que les planteé fueron estas plantas que crecen donde creemos espacio para los humanos y que llamamos malas hierbas, cuando en realidad lo que quizá están desajustadas son nuestras construcciones”.
Este ha sido para ella un año de mucho trabajo personal, con muchas oportunidades profesionales también en Navarra y Bilbao, y exposiciones como la de El Sario le centran y le conectan con quién es. “Y separarla de mí y darle este espacio y a la gente”, dice mirando el vestíbulo, “es un ejercicio muy bueno”. Diría que está en un buen momento “a mucho niveles”, pero que ha atravesado “muchísimas ansiedades, dudas, incertidumbres, miedos, tristeza... como todas en esta pandemia”.
Y quizá en ese sentido, dos piezas de La naturaleza de la distracción que con objetos crean las palabras Normal y Fomo (en referencia a fear of missing out, “miedo a perderse algo” en estos tiempos hiperconectados con las redes), cuando en realidad reflejan dos palabras “que nos pueden estar oprimiendo” por la ansiedad de no poder salir de casa, “que por un lado nos vino bien y a lo mejor necesitábamos”, lo que conecta con la idea de normalidad: ¿a cuál vamos a volver?, ¿era normalidad lo que teníamos antes o nos estaba excluyendo, al menos algunas partes de nosotros, para adaptarnos a lo social y cumplir los roles que se esperan?
Después de dos viajes a Sicilia en 2019 y 2020, si todo va bien Urbeltz y su pareja regresarán allí a finales de verano. “Pero, de momento, estoy aprendiendo a estar, y cuando lo haya hecho, viajaré”, añade.
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