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Entrevista
Escritor

Alfonso del Río: “Cada página de un libro está llorada y oculta una historia”

Como un ‘thriller metaliterario’ entre el Oxford de 1930 y el Londres y el Bilbao de 1961. Así puede definirse la última novela de Del Río, en la que un asesino en serie recorre estos enclaves, ante la preocupación de los escritores Tolkien y Lewis

Foto del escritor bilbaíno Alfonso del Río, de 40 años, abogado, profesor universitario y padre de cinco hijos.
El escritor bilbaíno Alfonso del Río, de 40 años, es abogado, profesor universitario y padre de cinco hijos.
DN
Actualizada 24/03/2021 a las 06:00

Un asesino en serie que se pasea entre los jesuitas de la Universidad de Deusto en Bilbao. Que trepa al Puente Colgante que une Portugalete con Las Arenas, en la desembocadura de la ría del Nervión, o que se hace pasar por un estudiante en la biblioteca de la Universidad de Oxford. Cuatro escritores, dos reales y dos de ficción. Una editora y un abogado. Criados, amantes que parecían amigos, supervivientes de las dos guerras mundiales y hasta el escritor Miguel de Unamuno, en un cameo. Este rosario de personajes que se reparten en dos tiempos (1930 y 1961) y dos enclaves (Reino Unido y Vizcaya) son los hilos que tejen la madeja de un ‘thriller metaliterario’. El que se bifurca entre una trama policíaca muy compleja y las conversaciones, que huelen a humo de pipa y saben a pintas de cerveza negra, sobre libros, literatura y otros asuntos “más profundos de la condición humana”. Esta amalgama se traduce en la última novela del escritor Alfonso del Río (Bilbao, 1980). Casi 500 páginas en las que homenajea a los escritores ingleses J. R. R. Tolkien (autor de 'El señor de los anillos', 'El hobbit'...) y C.S Lewis ('Las crónicas de Narnia', 'Una pena en observación'...), convertidos en dos de los personajes principales de la trama, y en las que reflexiona sobre el bien y el mal. Todo, con Bilbao, la costa vizcaína, Londres y Oxford como telón de fondo. Abogado en Deloitte Internacional, Del Río acaba de publicar su segunda novela, 'El lenguaje oculto de los libros' (tres años después de 'La ciudad de la lluvia', ambas en Planeta-Destino). Y lo hace casi al mismo tiempo que ha recibido a su quinto hijo, Santi, nacido hace dos semanas. El autor participará mañana jueves a las 19.30 horas en el Club de Lectura de Diario de Navarra. El encuentro, virtual, se podrá seguir en la web www. diariodenavarra.es

Han definido su novela como un ‘thriller metaliterario’. Como una historia policíaca en la que se habla de libros dentro un libro...
La crítica y la prensa son las que le han puesto este calificativo y no puedo estar más de acuerdo. Porque, a veces, la trama es más policíaca y otras, hablo de valores literarios escondidos...

Precisamente ese es uno de los pilares que soportan el peso dramático: la escritura. En un momento, uno de sus personajes, Gabriel de la Sota, famoso escritor bilbaíno en la ficción, dice: “Tomo mi pluma y me debato entre la razón y la emoción (...) Escribir es soñar, crear y morir. ¿Usted comparte esta opinión?
¡Claro! Es una llamada de atención al lector y utilizo a Gabriel de la Sota para expresar lo que pienso. ¡Lo que sostienes en tus manos es algo más que una novela de 500 páginas! Hay gente que se queja de que un libro es caro pero es que cada página está sangrada y llorada. Cada letra encierra una historia. Un libro oculta muchas más realidades que las que se ven.

Ligada a esta reflexión, hay un momento en que otro de los personajes, la niña Anne Wallace, la hija con autismo de uno de los protagonistas, habla de las palabras como “un sortilegio, que puede crear sentimientos en las personas al leerlas y escribirlas”.
Y así es. A mí me gusta mucho la psicología y he leído bastante acerca del lenguaje positivo. Nuestro lenguaje influye y podemos practicarlo en nuestro día a día. De alguna forma, las palabras no solo forman sentimientos sino que los provocan.

UNIVERSITARIOS EN OXFORD

Demos un paso más. Además de sus reflexiones sobre la escritura y el lenguaje, utiliza el pensamiento de dos pesos pesados de la literatura, los escritores ingleses del siglo XX Tolkien y Lewis.
Son dos autores que me gustaban por separado e investigué mucho sobre ellos. Porque tenía claro que quería aportar un punto literario a este enredo policíaco. Y quería que parte de la trama se desarrollara en ese entorno universitario de Oxford, como el centro mundial de la cultura. Era un contexto que me resultaba muy agradable. En ese encaje de bolillos que fui diseñando durante meses, profundicé en el carácter de esos personajes. Porque una cosa es conocer su obra y otra, meterte en su personalidad. Me di cuenta de que iban creciendo y de que ¡se comían al resto! Así que los convertí en personajes principales. En dos momentos diferentes: en los años treinta cuando eran jóvenes y muy relevantes (de hecho, Lewis fuer portada de la revista Time); y en los sesenta, cuando ya estaban jubilados y Lewis, enfermo, acababa de perder a su mujer (episodio que dio lugar a su famoso ensayo Una pena en observación).

El tema sobre el que pivota la trama, al margen del encaje de bolillos policíaco, es el clásico dilema entre el bien y el mal.
Así es. El trasfondo es ese debate, esa lucha entre el bien y el mal presente en las obras de Tolkien y Lewis y en la literatura universal del siglo pasado y los anteriores. En un momento digo: “El mal no sabe de bandos pero sí de guerras”. Dentro de cada personaje se producen decisiones para actuar de una u otra forma. Así, el villano, el malo de la película, utiliza una estrategia para no sufrir: el odio. Nadie somos buenos o malos. Tenemos luces y sombras. Es bonito ver el arco de mis personajes. Cada uno tiene sus conflictos internos, sus secretos. Lo interesante es ver cómo responden a las dificultades de sus vidas.

Pero si hay algo en común que reúnen todos ellos es que son muy ‘elevados’. Hay cuatro escritores, una editora, una niña muy espiritual que toca el piano... Todos, menos uno. El abogado Mark Wallace. ¿Qué hay de usted en este personaje?
Necesitaba un contrapunto. Alguien que no leyera, que no supiera nada de la obra de Tolkien y Lewis. Y puestos a elegir, escogí la profesión de abogado, que es la mía, y que, además, tiene sentido con la trama de la herencia del escritor. Es lógico que su hija contrate un abogado. Me venía bien.

Hay otro personaje, la editora, Begoña Ortiz de Pinedo, al que, dice tener mucho cariño porque se inspiró en una tía abuela suya...
(Risas) Bueno, mi tía no era tan estrambótica como ella. Es un personaje, al que llamo la ‘bruja madrina’, muy jovial, muy bonito y que ha gustado mucho. Pero sí tiene expresiones de mi tía. Siempre nos llamaba ‘txikitxue’ (pequeño, en euskera), como se refiere ella al hablar con Mark, el abogado protagonista.

BUTRÓN Y GAZTELUGATXE

Pero si hay un personaje por excelencia es Bilbao y toda la costa vizcaína. La Universidad de Deusto, el Teatro Arriaga, el Puente Colgante, el castillo de Butrón o la ermita de San Juan de Gaztelugatxe son también protagonistas...
Son lugares que conozco muy bien. Es una novela que habla de la costa (Sopelana, Punta Galea), de la luz de esos atardeceres en los acantilados. Una historia atrae por tres motivos: el argumento, los personajes y el contexto. Y a mí el contexto que he creado en Vizcaya y en Oxford me resultaba agradable. Gaztelugatxe, el castillo de Butrón... son lugares cinematográficos, que atraen.

Mucha gente de Bilbao y los alrededores querrán leer el libro, ya que se desarrolla en su ciudad...
Y también hay gente de fuera que pregunta dónde ocurrió tal o cuál escena de la novela. Vizcaya, Navarra, Galicia, Cantabria... son lugares que propician escenarios de novela, quizá más que otros. A mí me gusta conocer los sitios, a través de la literatura, como la Cantabria de María Oruña o el Baztán de Dolores Redondo.

Vizcaya lo conoce bien pero, ¿cómo se sumergió en Oxford?
Viajé allí y fui conociendo a gente de la universidad. Contraté a una guía especializada en Tolkien y Lewis y durante un día completo recorrí el Oxford de los escritores. Pero me di cuenta de que yo sabía más que ella (se ríe). No por nada, sino porque había leído tanto... A mí me gusta describir los lugares no solo por su arquitectura, como si fuera una guía turística, sino que voy más allá. Me gusta saber cómo huelen los sitios, qué sientes cuándo estás allí. Esas sensaciones solo se adquieren viajando y recorriendo.

Abogado especializado en producciones cinematográficas, profesor, deportista, padre de familia numerosa... ¿Cuándo escribe?
No tengo mucho tiempo y hago lo que puedo (risas). Ahora no duermo mucho con el bebé. El deporte me libera del estrés del trabajo y estoy fresco para escribir. Una novela lleva años de investigación, de tablas de Excell con los personajes... Intento involucrar a mis hijos. Con el dinero del libro, colaboramos con Pequeño Deseo, para cumplir sueños de niños enfermos. Es un reto chulo. Mis hijos lo ven como algo de la familia.

DNI

Entre leyes y novelas Alfonso del Río nació en Bilbao en junio de 1980. Licenciado en Derecho Económico, es profesor en la Universidad de Deusto y en la UPV y abogado en el bufete internacional Deloitte Legal. Triatleta ocasional, tiene cinco hijos (dos niños y tres niños, el pequeño nacido hace dos semanas). Columnista semanal en El Correo, ha publicado también La ciudad de la lluvia (2018).

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