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Obituario

Ricardo Visus, heredero de la gran escuela de canto italiana

El autor repasa la figura del tenor Ricardo Visus, fallecido el pasado jueves, y destaca las características de su voz, de los papeles que interpretó en el escenario y hace referencias a las escasas grabaciones que dejó como legado

El tenor Ricardo Visus, en una de las imágenes que donó al Archivo de Navarra.
El tenor Ricardo Visus, en una de las imágenes que donó al Archivo de Navarra.
  • Óscar Salvoch
Actualizada 18/10/2020 a las 06:00

Con la muerte del tenor Ricardo Visus acaecida la pasada noche del 15 de octubre de este año fatídico, se va uno de los últimos exponentes de la escuela de canto italiana, uno de los últimos cantantes que bebió directamente de las mismas fuentes de las que se nutrió Julián Gayarre para asombrar al mundo con su voz; uno de los privilegiados que la historia debería poner junto a otros más conocidos a nivel mundial y que fueron sus acompañantes en aquella aventura de llegar a Milán con el sueño de ser cantantes. Fueron aquellos compañeros de clase, por citar a algunos, los hermanos Alfredo y Francisco Kraus y la soprano navarra Lina Huarte.

Coincidieron los cuatro en la capital lombarda y lo hicieron en la clase de la misma profesora: la valenciana Mercedes Llopart. Con ella aprendieron los secretos del más puro bel canto que ella aprendió, a su vez, de su maestro, el profesor Francesco Lamperti, afamado y requerido por todos los estudiantes que acudían a Milán a instruirse en el arte del canto. Cabe apuntar que Lamperti nunca fue profesor de Gayarre pero sí llegó a ejercer de una suerte de representante que le proporcionó no pocos contratos al roncalés.

Sin embargo, Ricardo Visus concluyó que aquella técnica no iba bien a su voz y abandonó las clases de la Llopart buscándose otros profesores. Búsqueda que le llevó a continuar sus estudios de la mano de Zita Fumagalli, Arnoldo Fornassari o Franco Patané.

Corría el año 1960 y el camino recorrido hasta Milán no había sido fácil. Atrás quedaban sus primeras nociones musicales en el Seminario pamplonés de la mano de Domingo Galarregui, sus años como clarinetista en la Banda de Música de los Salesianos y sus apenas seis meses como coralista en el Orfeón Pamplonés, cuando este lo dirigía Juan Eraso, allá por 1958. Y de ahí a Madrid donde, tras conocer providencialmente a la soprano Ángeles Chamorro, esta le aconseja que esudie con Ángeles Ottein. Tampoco fue fácil conseguir la beca que aquel año convocaba por primera vez en su historia la Fundación Juan March, circunstancia esta que provocó una divertidísima, y a la vez entrañable anécdota ya que, faltos de una organización para tales menesteres, y ante la imposibilidad de reunir a los expertos elegidos como jurado, Visus tuvo que ir casa por casa de cada uno de los miembros evaluadores cantándoles en sus respectivos domicilios y acompañándose él mismo con un acordeón. Uno de estos maestros evaluadores era el compositor Jesús Guridi.

Pero tal esfuerzo tuvo su recompensa y le fue otorgada aquella beca, a la que sumó otra, otorgada, en esta ocasión, por la Diputación Foral de Navarra, y que le permitió permanecer en Milán tres años más.

La carrera de Ricardo Visus despegó definitivamente tras ganar la Medalla de oro en el Concurso Internacional Gian Battista Viotti, en la ciudad de Vercelli.
Tenor lírico, encontramos en su repertorio óperas como Rigoletto, La Traviata, Lucia di Lammermoor, “La Bohème” o “L´amico Fritz”. Tampoco dejó de lado la zarzuela, ya que al regresar a Madrid fue nombrado primer tenor en el Teatro de la Zarzuela y primer tenor en la compañía de César Mendoza-Lasalle con la que recorrió no sólo España (en el Teatro Gayarre de Pamplona cantaría un “Rigoletto”) sino que paseó su voz por Italia, Argentina, Brasil o Estados Unidos.

En oratorio encontramos en su repertorio Elías de Mendelsshon, Miserere de Eslava o Jesucristo en la cruz de Remacha, cuyo estreno en el Teatro Real protagonizó.
Sn embargo la seguridad de un contrato ofrecido por la Universidad de Minessotta, en Mooread, le alejó de los escenarios tras una carrera relativamente corta pero plagada de éxitos. En dicha universidad desarrolló su carrera docente durante más de veinte años.

Tampoco se prodigó mucho por los estudios de grabación. Apenas cinco singles grabados con la desaparecida discográfica catalana BELTER nos dejan un retrato de la voz de Visus. Una voz no muy grande pero de timbre claro y de gran belleza, que sorteaba cualquier cualquier dificultad de la partitura con aparente facilidad. Una voz alabada y admirada por colegas, cuyos testimonios pude recoger personalmente, como Lina Huarte, Alfredo Kraus, Francisco Kraus, Vicente Sardinero, entre otros. Incluso se llegó a publicar en una revista, en abril de 1967, un comentario en el que Alfredo Kraus decía: “ya me gustaría tener la voz de Ricardo Visus para mí”, comentario cuya veracidad no he podido contrastar, aunque en la visita que el tenor canario realizó a Navarra en 1999 y que tuve el honor de organizar, recordó la voz de Visus. Días memorables en los que aquellos jóvenes soñadores en Milán se reencontraban en Pamplona cuarenta años después.

Recomendable escuchar aquellas citadas grabaciones de Visus para la casa BELTER en la que podemos escuchar una de las, para mí, mejores versiones que se han grabado del Yo no sé qué veo en Ana Mari, de El caserío, preparada con su autor, o las jotas de El trust de los tenorios y La Bruja en las que presenta un delicado lirismo aplicado a la popularidad de la jota exento de alardes innecesarios. Las canciones de Falla, uno de sus compositores preferidos, dejan de manifiesto que en este repertorio era especialista. Y no olvidar la “Plegaria al Pilar”, que si bien el propio Visus manifestó siempre su descontento con el resultado de aquella grabación, la ejecución de esa difícil obra es, simplemente, impecable. Poco más se dejó ver por los estudios de grabación. Acaso un disco grabado en Estados Unidos ya en plena madurez acompañado de guitarra.

El jueves nos dejó Ricardo Visus. Un artista cuya grandeza es equiparable a su grandeza como persona. Y se fue como lo hacen los grandes. De puntillas. Sin hacer ruido. Nos dejó el gran tenor Ricardo Visus y el inigualable amigo Kaíto.

Óscar Salvoch es el autor de 'Julián Gayarre, la voz del paraíso'.


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