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Entrevista
Música

Judith Jáuregui: “Cuanto más vives, más profundamente puedes expresar las emociones”

Acompañada por otros cuatro músicos, la pianista donostiarra actúa esta noche en el concierto inaugural de la primera edición del Festival Reclassics con un ‘Homenaje a Sarasate’. También participará en el concierto de clausura

Judith Jáuregui, en una imagen que compartió recientemente en redes sociales para anunciar su vuelta a los escenarios.
Judith Jáuregui, en una imagen que compartió recientemente en redes sociales para anunciar su vuelta a los escenarios.
Michal Novak
Actualizada 28/07/2020 a las 06:00

Considerada una de las pianistas “más cautivadoras” del momento, Judith Jáuregui (San Sebastián, 1985) participa en el Festival Reclassics por partida doble: esta noche en el concierto inaugural (Homenaje a Sarasate) y el próximo sábado en el de clausura (¡Fin de fiesta!). En ambas ocasiones actuará acompañada por otros intérpretes, en formato de música de cámara. Formada como pianista clásica, Jáuregui también se ha aventurado en otros mundos, como el del jazz latino y el de la poesía. Acaba de publicar su sexto disco, El alma romántica, dedicado a Clara y Robert Schumann, y en otoño espera retomar su agenda internacional de conciertos.


El pasado día 18 vivió su primer reencuentro con el público en la ‘Schubertíada’ de Valdegovía. ¿Se le ha hecho largo este periodo sin actuar en salas?
Sí. Se me ha hecho muy largo, muy solitario y en algunos momentos muy frustrante por no saber qué iba a pasar con el mundo de la cultura. En Valdegovía terminé el concierto con una sensación de sobrecogimiento por la emoción. Y al hacerlo en recital, sola, era una manera muy bonita de volver al público. Y ahora en Pamplona, para mí es muy especial volver a hacer música con compañeros. La música de cámara es democracia, tolerancia, escuchar a los demás, aprender de los demás…


Por tanto, ¿ha sido un auténtico aliciente preparar los conciertos de Reclassics?
Ha sido muy motivador trabajar estos conciertos enfocados a la música de cámara, porque tiene muchos valores positivos que necesitábamos compartir. A ello se suma que he tenido que montar una obra que era nueva para mí, el Quinteto de Turina. Al final del confinamiento, para mí era un motivo de felicidad estar descubriendo una nueva obra sabiendo que la iba a poder tocar.


Entonces, estará deseando compartirla ahora con el público...
Sí. El Quinteto de Turina es una de las mejores obras que hay de música de cámara española. También me hace mucha ilusión interpretar el Quinteto de Dvořák, que tocaré en el concierto del sábado. La obra de Turina es de una brillantez especial, muy viva, muy española pero también con un toque de jazz, de música francesa… Turina es muy festivo y Dvořák quizá es más misterioso e introspectivo, pero también te atrapa. Además, los conciertos van a ser al atardecer, en la Ciudadela, al aire libre… Eso es tocar para el cielo.


Acaba de publicar su nuevo disco, El alma romántica, dedicado a Clara y Robert Schumann. En tiempos en los que se habla de la muerte del cedé, ¿es una pequeña proeza sacar un disco adelante?
Para mí era muy importante el poder compartir la música de esta manera, más aún esta música que está tan dentro de mí. Con cinco años ya empecé a leer música con Schumann, un compositor al que adoro. Me deja totalmente fascinada el virtuosismo de las emociones que él tiene, cómo pasa de una a otra… En cada obra traslada una enorme humanidad. También quería reflejar la relación de Clara y Robert Schumann, cómo esa relación fue tan importante para ambos, una inspiración artística mutua. Entre ellos había una igualdad enorme, como artistas y como personas.


Su primer disco, ‘El arte de lo pequeño’, también estuvo dedicado a Schumann. Entonces la definieron como “delicada, ensoñadora, virtuosa y temperamental”. ¿Qué ha cambiado en estos diez años, cómo se ve a sí misma como intérprete?
Han sido diez años cargados de aprendizaje, pero creo que la esencia no ha cambiado. De hecho, durante el confinamiento saqué el Álbum de la juventud de Schumann, con el que empecé a leer música, y veía las notas que yo que había escrito con cinco o seis añitos, y toqué esa música que llevaba tantos años sin tocar. Mi vida ha cambiado y mi música probablemente haya cambiado, aunque manteniendo esa base. Probablemente tengo más recursos imaginativos y vitales. En los últimos años he ganado mucho en disfrute. El disfrute y la libertad los vas ganando en la medida en que también ganas experiencia y vivencias. No se puede separar la vida de la música. Cuanto más vives, más profundamente puedes expresar las emociones.


Reclassics es un festival que apuesta por eliminar barreras y etiquetas. ¿Es una filosofía que ya tenía presente?
Lo que yo he captado de la esencia de Reclassics es el ser uno mismo, algo que en la música es absolutamente vital. Yo venía de la escuela rusa, con clases de tres horas al día, muy guiadas, pero con el tiempo vas ganando la libertad para fluir. Creo que Reclassics traslada eso: fluye como quieras, sé tú mismo y sé auténtico.


Hace años se embarcó en un proyecto que fusiona la clásica con el jazz latino. ¿Qué otros caminos le gustaría explorar?
Ese proyecto me aportó muchísimo sobre Chopin y estamos pensando hacer esa fusión con compositores españoles y latinoamericanos. Me gustaría seguir ahondando en ello porque aprendo mucho de los músicos de jazz, de esa libertad y de esa espontaneidad que nos vienen tan bien a los clásicos. Es un soplo de aire fresco. Otra fusión que siempre me ha gustado mucho es la de música y poesía. Tuve un proyecto muy especial con José Sacristán sobre Antonio Machado y eso también me aportó muchísima inspiración, emoción… A mí me gusta mucho la poesía y creo que siempre se puede hacer algo bonito entre la poesía y la música. Al final son lo mismo, porque la música tiene tanta poesía y la poesía tiene tanta música…


¿Con qué artistas le gustaría compartir escenario?
¡Con muchos! Toda mi carrera estuvo muy enfocada a solista, a recital, a orquesta… Y hace tres o cuatro años, me senté y dije: ‘Yo echo de menos tocar con gente’. Entonces empecé a colaborar con otros músicos, con cuartetos como Signum o Gerhard, con la chelista franco-suiza Nadège Rochat, con el conjunto de vientos Azahar Ensemble… Los pianistas necesitamos un imaginario sonoro muy amplio y el tocar con otros te ayuda a crear ese imaginario. Me gustaría tocar con muchísima gente, pero esto es como en el amor, no se puede forzar demasiado. Las ondas tienen que estar conectadas (se ríe).


Al principio hablaba de esa sensación tan especial de los conciertos en vivo, cuando nota que el público está respirando con usted…
Es difícil de explicarlo con palabras porque es algo que se siente dentro. El público y yo nos convertimos en uno, es una especie de comunión. Es una meditación y un sentimiento tan profundo, que de repente nos conecta tanto con nuestra propia naturaleza… Durante el confinamiento estuve trabajando en mi estudio todos los días, estuve dando conciertos online, pero esa comunión con el público es por lo que todo merece la pena. Soy una privilegiada por poder vivirlo y por que el público también me la conceda. El mejor aplauso es cuando se da esa conexión tan mágica, ese silencio de la respiración conjunta.


¿Se quedará en Pamplona para disfrutar del festival?
Sí, voy a estar toda la semana, cosa que me apetece muchísimo. Para un músico también es muy importante vivir los conciertos desde el patio de butacas, así que voy a disfrutarlo muchísimo.


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