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Entrevista
Historiador

Juan José Martinena: “El Segundo Ensanche abrió una nueva etapa en la historia de Pamplona”

Este año se cumple un siglo del comienzo de la construcción del Segundo Ensanche, un proceso que cambió a fisonomía y la vida de la ciudad y que Juan José Martinena contará en una serie que se publicará los domingos

Foto de Juan José Martinena, en la capilla de San Fermín, en una fotografía tomada en 2014.
Juan José Martinena, en la capilla de San Fermín, en una fotografía tomada en 2014.
Actualizada 04/07/2020 a las 21:35

Juan José Martinena Ruiz se ha convertido probablemente en el gran divulgador de la historia reciente de Pamplona. Nada menos que desde 1967 lleva escribiendo en Diario de Navarra historias en torno a la vida en la capital navarra en el siglo XX. Calcula que habrán sido cerca de 500 sus artículos originales y totalmente inéditos, a los que hay que añadir otros en los que vuelve sobre temas recurrentes. “Una vez me dijo Ángel Martín Duque (catedrático de Historia Medieval, fallecido en 2019), y lo tomé como un elogio, que sabía diferenciar la divulgación de la vulgarización”. Lo volverá a demostrar a partir del domingo que viene, cuando arrancará una series de artículos sobre uno de los acontecimientos capitales de la historia del Pamplona, la construcción de su Segundo Ensanche. En noviembre se cumplen 100 años de la colocación de su primera piedra.

¿La construcción del Segundo Ensanche fue uno de los hitos de la historia de Pamplona?
No cabe duda. Entre 1890 y 1915 ya hubo intentos, de los que se hizo hasta la planimetría, para crear ensanches por las zonas de Rochapea y San Jorge o por lo que hoy es Iturrama. El Ejército se negó porque aquello exigía el derribo de la muralla e incluso había un proyecto de crear una nueva línea amurallada. Después se hizo el primer Ensanche, de 1887-1888, pero no sirvió para resolver el problema de la vivienda. Fueron seis manzanas de uso civil y una la ocupó la Audiencia. Sirvió si acaso para que se trasladaran allí familias de la burguesía alta que vivían en las calles que se tenían distinguidas dentro del Casco Viejo, como Mayor, Zapatería o Estafeta, y hacer un barrio en cierto modo aristocrático. De hecho, hay cifras elocuentes. Tras la construcción del Primer Ensanche la población de Pamplona se redujo, de casi 31.000 a casi 22.500.

¿Eso no ocurrió con el Segundo?
Con el Segundo Ensanche subió: en 1920 eran más de 32.000, en 1930 más de 42.000 y en 1950 más de 73.000. Además, el Segundo Ensanche vino a más que duplicar la planta urbana. Abrió una nueva etapa en la historia de la ciudad, junto con el derribo de las murallas, al que está intrínsecamente unido. Pamplona dejó de ser una ciudad virreinal e incluso medieval, encerrada en sus murallas, para tener con otras perspectivas.

El Segundo Ensanche siguió el diseño de Serapio Esparza.
De alguna manera, Esparza hizo una versión en pequeño del Gran Eixample de Barcelona de 1860, con ese esquema en damero, con manzanas de 70 metros de largo, con calles paralelas, y con la avenida de Baja Navarra, que aprovecha el trazado de la antigua carretera de Francia, haciendo el papel que en Barcelona hace la Diagonal. Eso sí, como fue un proceso largo, que duró hasta cerca de 1960, hubo cambios y no solo en el estilo de construir las casas. Era una trama urbana pensada para edificios de cuatro pisos poro en torno a 1955 eso cambia y se permiten más alturas en calles como Paulino Caballero, Amaya o Bergamín, que son más sombrías y menos alegres, y con más problemas de circulación cuando se generalizó el automóvil. Se rompieron pautas que habían hecho de la primera fase, la que llega hasta Conde Oliveto y Baja Navarra, con las dos plazas circulares, una zona envidiable. Como dijo Leoncio Urabayen, se había hecho con una gran unidad, conectando la zona nueva y la antigua. Por ejemplo, la Estafeta se prolonga en Amaya.

Lo que seguro no pudo prever Esparza fue la llegada del coche.
En cierta forma lo intuyó. Todo el mundo veía que el coche era el futuro, pero no se podía imaginar que todas las familias acabarían teniendo uno y más coches.

Aquellas casas se caracterizaban también por sus grandes patios centrales.
Lo permitían esas manzanas de 70 metros de lado. Hay plazas en Pamplona más pequeñas que esos patios, con los que se lograba que las habitaciones que no daban a la calle tuvieran la misma luminosidad. En el Ensanche se buscaron criterios de calidad de vida, que las casas estuvieran ventiladas e iluminadas, lo que no podía haber en el Casco Viejo.

¿Quiénes fueron a vivir al Segundo Ensanche?
Fue un acierto que el Ayuntamiento se hiciera con los solares, ya que pudo regular los precios y que las casas salieran a precios más razonables que en el Primer Ensanche. Y hay que pensar en todo caso que el 90% de aquellas casa se construyeron pensando en el alquiler. Por otra parte, se llevaron a cabo dos concepciones de vivienda social. Por un lado, en la época de Primo de Rivera se levantan las casas baratas, llamadas de Gorricho, con alquileres regulados para que pudieran dar solución a quienes vivían en las peores calles del Casco Viejo o en extramuros. Por otra parte, durante la República se ensayó algo parecido a lo que en Madrid fue la residencia del Viso, con la colonia de Argaray.

¿Conocer todos estos datos, cuánto tiempo le lleva?
En otras cosas tal vez tenga conocimientos difusos, pero de Pamplona llevo estudiando muchos años. Además, tengo una biblioteca buena y estoy al día de las publicaciones sobre Pamplona. Eso sí ha cambiado. Antes había apenas tres libros, como los de Leoncio Urabayen o los de Arazuri. Su Calles y barrios es una obra maestra de consulta forzosa. Igual que los abogados van al Aranzadi, yo voy al Arazuri.

¿Por dónde le llegó esa especialización en Pamplona?
Ya mi primer libro fue sobre la Pamplona medieval. Entonces acababa de volver de la mili, tenía 24 años y me lo publicó Príncipe de Viana, así que me sentí como cualquiera se puede imaginar. Además, estoy orgulloso porque profesores del tribunal que calificó aquel trabajo me dicen que 40 años después, el planteamiento general sigue teniendo toda su vigencia.

LA SERIE

1. La primera piedra (domingo 12 de julio)
2. El plan de Serapio Esparza (domingo 19 de julio)
3. Los primeros edificios (domingo 26 de julio)
4. De 1921 a 1936 (domingo 2 de agosto)
5. La conexión con el casco antiguo (domingo 9 de agosto)
6. La obra de Víctor Eusa (domingo, 16 de agosto)
7. La segunda etapa 1939-1960 (domingo 23 de agosto)
8. Algunos edificios desaparecidos (domingo 30 de agosto)
JUAN JOSÉ MARTINENA

Doctor en Historia Nacido en Pamplona en 1949, Juan José Martinena Ruiz es doctor por la Universidad de Navarra.

Archivero. En 1975 ingresó en el Archivo Real y General de Navarra y fue varias décadas su director, hasta jubilarse en 2010.

Libros. Ha publicado entre otros 'La Pamplona de los burgos y su evolución urbana';' Escudos de armas en las calles de Pamplona' o 'Historias del Viejo Pamplona'.

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