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regina salcedo. poeta

“La fotografía es antinatural: detiene lo indetenible”

La poeta pamplonesa reflexiona en ‘Lo que dejamos fuera’ sobre la fotografía a partir de su experiencia y de entrevistas a seis fotógrafas artísticas. Sostiene que “parchea la realidad y ordena el mundo de modo más coherente”

Antes que Lo que dejamos fuera, Regina Salcedo ha publicado los poemarios Icebergs, Protagonistas y Mujer varada .
Antes que Lo que dejamos fuera, Regina Salcedo ha publicado los poemarios Icebergs, Protagonistas y Mujer varada .
juanakis
23/05/2020

La fecha y el lugar de la presentación ya estaban marcados (4 de abril, librería Walden de Pamplona), llegó la crisis sanitaria del coronavirus y el poemario quedó secuestrado en la editorial que iba a publicarlo, recuerda su autora, Regina Salcedo Irurzun (Pamplona, 1972). De ahí su sorpresa al recibir, en pleno confinamiento, un paquete en casa con varios ejemplares. Los sentimientos fueron contrapuestos: ilusión y pena, por no saber cuándo podría presentarlos. “Para quienes publicamos en editoriales pequeñas y no somos muy conocidos, la presentación es el impulso, y perderlo es un batacazo impresionante”, añade. Mientras suceda, añade otra alegría: está llegando a las librerías Lo que dejamos fuera, poemas a partir de la fotografía. Autora de varios poemarios y novelas de fantasía juvenil y ciencia ficción, guionista de videojuegos, profesora de talleres de escritura creativa y coordinadora de clubes de lectura, aborda su experiencia fotográfica y crea poemas desde sus entrevistas a seis fotógrafas artísticas: Clara Tomasini, Verónica Vicente, Valentina Siniego, Izaskun Gracia, Uxue Juárez y Elba Martínez (pueden leerse en https://zombieletters.wixsite.com/loquedejamosfuera)

Lo que dejamos fuera plantea la importancia de la identidad, de cómo nos construimos desde la memoria y nuestra necesidad de fotografiar y de compartir lo que fotografiamos, en el caso de las redes sociales. “Me ha hecho examinarme y darme cuenta de que existe necesidad de decir ‘mírame, que soy distinta; mira cómo miro el mundo, que no se parece a como lo miras tú, porque yo soy única’, una llamada de atención para diferenciarnos, como si nos diera miedo perdernos en una masa anónima. Somos un poco yonkis de la identidad, un poco enfermos de ego, y buscamos la aprobación constante”.

¿Cómo se relaciona con la fotografía?
No me considero ni siquiera fotógrafa. El libro surge hace cuatro veranos en el pueblo [Ollogoyen, Tierra Estella]. Me gusta tomar fotos, y empecé a preguntarme por qué siempre me llamaba la atención lo mismo: insectos, flores, piedras, paisajes... y casi nunca personas o cosas más urbanas. Comencé a pensar en la manera condicionada con la que miramos el mundo y cómo la fotografía consciente puede ser una herramienta para desmontar y cambiar esa mirada, detectar prejuicios, filias y fobias. Y pensé que quizás lo que dejo fuera de la foto diga más de mí que lo que fotografío. Al no ser profesional ni haber reflexionado sobre la fotografía, decidí consultar a fotógrafas de verdad con esa tarea hecha de análisis que me interesaba.

Entusiasta del origen de las palabras, cuenta que ‘fotografía’ procede del griego y significa “escribir/grabar la luz”. Qué bello.
Hablo mucho de la luz, para mí muy importante, y dejo fuera la oscuridad, lo sombrío. Me asombra el poco asombro que nos producen cosas tan increíbles como el lenguaje o la fotografía, con las que levantamos nuestro mundo, construimos nuestra propia realidad e identidad.

¿Cómo lo hace la fotografía?
Parchea la realidad, compone y ordena el mundo de modo más coherente. Pienso que los seres humanos estamos hechos para el caos y lo arbitrario y que la fotografía suple esa necesidad. Además, siempre me ha parecido más impresionante que una película. Mientras que esta se parece más a la vida -tiene comienzo, medio y fin-, la fotografía es antinatural, por detener el tiempo: detiene lo indetenible, que no hace una película. Tendemos a pensar que la fotografía es la realidad, y, sin embargo, es una construcción, una selección que podemos manipular también.

Dice en un poema: “No sé cómo fotografiar lo que descarto”.
Es una llamada de atención: estoy mirando el mundo creyendo que es la única manera de hacerlo, pero, ¿por qué miro lo que miro, por qué miro eso y descarto lo otro?, ¿de dónde viene esa forma de mirar?, ¿es mía o la he heredado sin ningún cuestionamiento?

Ha preguntado a las seis fotógrafas si retratar a personas significa alejarse o acercarse a ellas.
Porque creo que no he hecho jamás un primer plano de alguien. Me da mucho apuro, me parece una invasión del otro, tal vez por el sentimiento medio mágico que tengo de la fotografía. Y, sin embargo, ellas lo viven como acercamiento, como entender al otro.

También sobre qué supone fotografiar el río y el viento. ¿Por qué estos dos elementos?
Por la deformación poética [ríe]. Una fotografía viene a ser congelar algo, e intentar fotografiar puro movimiento es una contradicción. Quería saber cómo viven la contradicción de fotografiar lo imposible, y me hablan de fotografiar las consecuencias de ese movimiento, como la hierba de un prado movida por el viento, donde entra tu mirada, tu interpretación, para comprender que eso es el viento, que no hay nada.

Se ha metido en sus mentes para escribir esos poemas.
Me resultó muy estimulante. Fue un curso acelerado de reflexión sobre la luz, los trucos, la intencionalidad de las fotografías, sobre que son disparaderos de la memoria -otro constructo con mucho de falsedad y de la que no te puedes fiar del todo...-.

Preguntó a estas seis fotógrafas si se puede fotografiar el alma. ¿Se puede?
Me intrigaba mucho. Las fotografías me resultan tan inquietantes... Veo fotos de mi madre [ya murió] y las hay que captan no sé si su alma pero sí su esencia. Me parece mágico. Me siento identificada con la creencia de esas tribus que no se dejaban hacer fotos porque pensaban que les secuestraba el alma. Hay fotos en las que ves retratada a una persona y algo vibra. Creo que a veces se capta la esencia verdadera de las cosas, incluso se huele la atmósfera. Existen cosas inexplicables.

¿Y lo inerte tiene alma?
Escribí un poema pensando en mi madre, a la que gustaban las piedrecitas -encontré varias en su casa-, y cómo ahora me llega ella a través de esos objetos inertes que tuvo: hay alma en lo inerte porque lo proyectamos.

Veo que ha heredado su gusto por las piedrecitas...
[ríe] Mi madre se fijaba en los detalles, las pequeñas cosas, y eso a mí también me encanta.

Tras conocer las reflexiones de estas seis fotógrafas, ¿fotografía de otro modo?
Pocas veces salgo con la intención de ir a fotografiar. Y aunque aún me tira la inercia de lo que siempre me ha llamado la atención, es verdad que ahora soy más consciente y me digo: “Voy a buscar otra cosa”.

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