La luz que pone la novela negra

Una charla este miércoles en Pamplona entre los escritores Laura Pérez de Larraya, Carlos Bassas e Ismael Martínez Biurrun trató de desentrañar este género, el mundo editorial, el tipo de autor que uno busca ser, si conocemos realmente quiénes somos...

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La luz que pone la novela negraJesús Garzaron
La luz que pone la novela negra

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Laura Puy Muguiro

Publicado el 24/10/2019 a las 08:44

Apenas era un bebé cuando fue transportado de una habitación a otra por el fantasma de su abuelo paterno, que murió antes de que el niño cumpliera un año. Hasta su fallecimiento, llegaba a casa y sustituía en su cuidado a su nuera, que se iba a trabajar. Un mes después de estar muerto, se abrió la puerta de casa, entró él, saludó a la madre y le dijo que iba a por el niño. La mujer contestó al saludo y siguió arreglándose. De repente, fue consciente de que era imposible y salió corriendo a la cuna donde había dejado al bebé, no encontrándolo allí sino en el salón. “Lo divertido es que mi madre no se lo dijo a mi padre hasta que una noche él le confesó que había visto a mi abuelo en la cocina y habían hablado”. La quincena de personas que este miércoles escuchaban en la librería pamplonesa Ménades al escritor de novela negra Carlos Bassas permanecieron en silencio. La revelación había llegado durante una charla que mantenía con los escritores pamploneses Ismael Martínez Biurrun y Laura Pérez de Larraya, ella como moderadora, sobre Géneros negros: iluminando la realidad. “Ahí lo dejo”, cerró la historia Bassas, dando un tono misteriosos a la frase.

La conversación giró sobre las etiquetas de los géneros, el mundo editorial, los fantasmas, los ambientes, la literatura basura... Bassas, autor este año de 'Soledad', se encuentra en el género policial, negro; Martínez Biurrun, que ha firmado 'Sigilo', en el fantástico y de terror, incluso del suspense. Ambos no solo comparten obras “con mucha oscuridad”, como destacó la moderadora. También vidas paralelas: son hijos de la generación de los setenta (Martínez Biurrun nació en 1972 y Bassas, en 1974), han estudiado Ciencias de la Información, poseen carreras laborales similares (como escritores y guionistas, dando charlas, cursos y dedicándose a la docencia de escritura creativa y de guiones) y “tienen una cantidad de premios”, como el Hammett conseguido por Bassas este verano por 'Justo' o los Premios Celsius a la mejor obra fantástica que logró Martínez Biurrun dos veces.

Martínez Biurrun siempre se ha preguntado por qué esa estanqueidad en los géneros, cuáles son las diferencias tan insalvables por las que parece que van por caminos distintos. ¿Se etiqueta una necesidad de los lectores para saber qué puede gustarnos o es necesario porque define la carrera de los autores? “Es necesario a nivel librerías”, respondió el autor a la pregunta de la moderadora. “Si me ponen en la estantería del terror”, continuó, “quien no vaya allí no me va a ver. Creo que todos los escritores pensamos que idealmente no debería existir mas que el orden alfabético de los autores”. Al respecto, Bassas consideró que el problema de la estanqueidad es “crear lectores con miedo a ir a otra estantería”. “Tenemos miedo a la decepción, a que un libro comprado con ilusión no nos guste, y vamos a lo seguro”, apuntó.

No obstante, resaltó la moderadora, la novela negra “es uno de los géneros más denostados a nivel crítica”. “Si tiene características de lo oscuro, no parece que puede ser excesivamente bueno. ¿Por qué esta fama?”. Martínez le encontró una explicación: por la distinción años atrás entre la cultura popular y la de clase alta. “El género negro y fantástico son populares y no considerados obras literarias con mayúsculas porque, si te atienes a muchísimas pautas, la obra queda encajonada y no puede crecer, cuando para que una obra literaria lo sea debe romper las pautas marcadas por el género”.

Bassas lo relacionó con el tipo de escritor que uno quiere ser. “Si quieres hacerte grande, la tendencia será romper barreras, corsés, todo lo que te limite. Si tu preocupación es vender libros, lo contrario: ser canónico, que te llevará a mayor público. Por un lado está el mercado del libro y por otro, la literatura”, continuó Bassas, indicando que Donna Leon ha publicado “19 novelas iguales y no le importa” y que “Andrea Camilleri hacía constantemente cosas distintas”.

Pérez de Larraya fue categórica: las editoriales arriesgan cada vez menos, a lo que Bassas añadió que esta industria “se sostiene con los no lectores, los que se compran uno o dos libros al año del que han oído hablar en la radio, han leído en la prensa... parámetros distintos de los que se rige un lector habitual”.

Se refirió la moderadora también a los elementos en común en las novelas de ambos. Uno de los mejores ejemplos: la inmigración. Martínez Biurrun aseguró que huye de cualquier propósito moralizador, pero que sí intenta un reflejo honesto de lo que ve. Sacar a determinados personajes de sus ámbitos y exponerlos en determinados ambientes “desde un punto de vista rebelde”, le llamó Bassas. Como si alguien dijera “como no habéis querido fijaros en qué hay en la trastienda de las casas, ahora creamos un género que os confronta a ello”. Porque tenemos tendencia a no querer mirar, aunque por otro lado no podamos evitar hacerlo. “La novela negra pone luz pero no para tratar de arreglarlo sino de mostrarlo”.

Si el 95% de los crímenes los comete gente cualquiera como la del público de este miércoles, ¿conocemos a nuestros vecinos?, ¿y a la persona con la que vivimos?, ¿y nos conocemos nosotros mismos? “Es lo peor”, apuntó Bassas. “Atreverte a reconocer que tienes un lado oscuro es terrorífico”.

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