Los "niños esclavos" muestran en Civican la peor cara de África
Civican acoge desde este martes la exposición "Niños esclavos. La puerta de atrás", una muestra de 34 fotografías de Ana Palacios


Publicado el 16/10/2018 a las 13:26
La exposición "Niños esclavos. La puerta de atrás" muestra desde este martes en Civican la peor cara de África, en 34 fotografías de la fotoperiodista Ana Palacios que relatan las historias de vida de más de cincuenta niños esclavos que han conseguido recuperar su infancia interrumpida.
Se trata de una muestra fotográfica de Palacios, periodista y fotógrafa, quien esta tarde estará en un coloquio en la muestra, que cuenta con la colaboración de Fundación Caja Navarra y la Obra Social “la Caixa”.
La obra de Palacios ha sido publicada, expuesta y premiada a nivel internacional, en medios como Al Jazeera, Der Spiegel, The Guardian o El País. Además, ha publicado tres libros en los que narra situaciones como la de los niños albinos en Tanzania, el cambio social en Uganda o la situación de los niños esclavos que protagoniza esta exposición, que se integra en su trabajo sobre las vulneraciones de los derechos humanos en África Subsahariana.
Según han informado en una nota los organizadores, Palacios relata a través de 34 fotografías las historias de vida de más de cincuenta niños esclavos que han conseguido encontrar, abrir y atravesar esa “puerta de atrás” para recuperar su infancia interrumpida, que luchan por entender, aceptar y olvidar un pasado lleno de abusos y que cuentan con el apoyo de ONGs y otras instituciones que les acompañan en su proceso.
La autora introduce en esta exposición el concepto de la “esclavitud moderna”, término que se utiliza en el contexto de diferentes prácticas o delitos como el tráfico de personas, el trabajo forzoso, el trabajo infantil, el matrimonio infantil, la mendicidad, esclavitud sexual y otros. El denominador común de estos crímenes es que son todas formas de explotación en las que una persona está bajo el control de otra.
Así, hay una situación de tráfico de personas que afecta a miles de menores cada año en la costa occidental africana, vendidos por sus familias "por cifras ridículas", como 30 euros al cambio y una vaga promesa de una supuesta vida mejor, que se traduce en una situación de esclavitud trabajando de sol a sol, alejados durante años de sus países y familiares.
Este tráfico de menores sigue aumentando y de él "no sólo apenas se habla sino que se naturaliza hasta convertirse en algo normal".
El origen se encuentra en la extrema pobreza, la tradición esclavista que vivió la región durante siglos y otras tradiciones ancestrales que promueven la migración infantil, según las mismas fuentes, que se remontan a "la injusticia y la desigualdad social que contamina el legítimo deseo de las personas de emigrar para buscar una vida mejor" como razones de esta práctica, junto al desconocimiento de los derechos de los niños.
Con todo ello, "el fenómeno está socialmente aceptado, y eso complica su erradicación".