Pawlikowski deslumbra en Cannes con un amor en la Guerra Fría
El director polaco cuenta en ‘Cold War’ una historia que guarda similitud con la que vivieron sus padres


Actualizado el 12/05/2018 a las 08:26
El polaco Pawel Pawlikowski dejó el viernes a la prensa fascinada con el hermoso homenaje que dedica a sus padres en 'Cold War', la historia de un amor imposible en los años de la Guerra Fría envuelta casi en un musical. Pawlikowski va directo a la casilla de películas favoritas para la Palma de Oro, a pesar de que todavía faltan casi una veintena por mostrarse, con el intenso amor de un músico (Tomasz Kot) por una joven campesina con buena voz (Joanna Kulig).
El cineasta, al que las dudas de una novicia catapultaron a la fama tras ganar el Oscar y el Bafta con Ida, también rodada en blanco y negro, comentó el viernes que no quería repetirse, pero no encontró la paleta de colores adecuada para esta historia, así que consideró que sería más honesto hacerlo en blanco y negro.
El cineasta compone una hermosa sinfonía cinematográfica con una nítida fotografía en blanco y negro en la que cada plano, cada secuencia, provoca admiración. Al ser el protagonista un pianista que recorre el país para recopilar las canciones populares, la música se convierte en un tercer protagonista dando al drama una velada apariencia de musical con canciones tradicionales polacas y música jazz de los años 50. Pawlikowski, que tiene en su haber seis películas de ficción y algunos documentales, comentó ayer lo mucho que trabajó, tanto en la fotografía como en el sonido, para conseguir calibrar tanto el plano como la música adecuada para cada escena. Explicó además que escribe el guion en términos visuales, sin pensar tanto en la dramaturgia, ya que lo que realmente le emociona del cine es el proceso de creación. Por eso, para exasperación de actores y productores, puede pasar horas en el set probando qué encuadre es mejor, qué elemento descartar o qué detalle agregar. “No sólo los actores, todo el equipo estaba abierto a los cambios porque sabemos que es para mejor”, dijo la actriz Joanna Kulig, quien en ocasiones, cuando tenía que repetir una escena 15 o 20 veces, se ponía a meditar para intentar que saliera como el director quería. 'Cold War' arranca en Polonia en 1949 cuando se forma un grupo de música folclórica en el país. Durante los años 50, en una visita a Berlín, el pianista (Kot) abandona el grupo y se exilia en París trabajando como músico de jazz, pero la cantante (Kulig) no se atreve a marcharse con él. Cuando finalmente se decide y se une a él en la ciudad del amor, su relación naufraga. Preguntado por qué la Guerra Fría es un terreno tan fértil para grandes historias de amor, el realizador señaló que se debe a que había que “superar obstáculos”. En su opinión, “las relaciones tienen una lógica interna que a veces acaba mal. Esa es la paradoja de las relaciones humanas. Por eso no me preocupa tanto el destino”, dijo sobre la relación de sus protagonistas, que guarda cierta similitud con la de sus padres, a los que le dedica la película. “Ellos se enamoraron, se separon, se casaron con terceras personas y se volvieron a unir”, contó .
Ambientada en la década de 1990, ‘Plaire, aimer et courir vite’ cuenta la relación entre un joven de 22 años y un escritor enfermo de sida
Efe. Cannes. El realizador francés Christophe Honoré provocó el viernes una fuerte división de opiniones en el Festival de Cannes con 'Plaire, aimer et courir vite', un drama sobre el sida y la homosexualidad en los años 90, aplaudido y rechazado a partes iguales.
Calificada de “necesaria” y “profunda” o de “tediosa” y “complaciente”, la película cuenta la relación entre un joven de 22 años y un escritor cercano a la cuarentena enfermo de sida y que ve cómo se aproxima el final de su vida.
Una historia en la que sin embargo el drama del sida no es el asunto principal, según explicó Honoré, quien señaló que su objetivo era explorar cómo nos sentimos un poco solos cuando perdemos a nuestros ídolos. Con elementos autobiográficos -el realizador es original de Rennes, como el joven de la película, y también se trasladó a París persiguiendo sus sueños-, la narración transcurre a dos velocidades en la Francia de 1993.
La del joven Arthur (Vincent Lacoste), cuya vida se acelera a medida que el filme avanza, y que se cruza con Jacques (Pierre Deladonchamps), que está en un momento de ralentización y de renuncia a todo.
“Dos velocidades contradictorias que eran un elemento esencial para que se viera el contraste entre los personajes en la película”, indicó Honoré. Él quería reflejar el periodo de sus veinte años, aún vivo en su memoria, y mostrar el “sentimiento de una época en la que intentábamos huir de la manera más rápida posible”.
“El desafío de este filme era encontrar una fotografía sensible de esos años, que corresponden a mi juventud, pero sin una mirada demasiado nostálgica”, precisó el realizador, con títulos como Les chansons d’amour (2007) y Les bien-aimés (2011).
El cineasta franco-suizo muestra su radicalidad en ‘Le livre d’image’, con la que vuelve a competir por la Palma de Oro
Efe. Cannes. Cincuenta años después de que el cineasta franco-suizo Jean-Luc Godard lograra que Cannes se suspendiera en solidaridad con el movimiento estudiantil de mayo del 68, el viernes volvió a revolucionar el festival con 'Le livre d’image', una propuesta más artística y filosófica que cinematográfica.
Con un gran aplauso en su pase de gala y unas palmas más tímidas en la primera proyección de prensa se recibió esta película, que compite por la Palma de Oro y que se puede resumir como una personalísima reflexión sobre la locura del mundo actual. Con la narración en off del propio Godard, que lee textos de Dostoyevski o Bertolt Brecht, el cineasta monta una especie de collage con una vertiginosa sucesión de imágenes, a veces reales y muchas otras de películas, como 'Los olvidados', de Buñuel; 'Encadenados', de Alfred Hitchcock, o 'Juana de Arco', de Victor Fleming.
El tren como símbolo del mundo que no deja de moverse, aunque no sepa hacia dónde va, se repite sin cesar en toda la narración, en la que Godard lanza múltiples mensajes, la mayoría sin explicación. 'Homenaje a Cataluña', 'Terrorismo considerado como una de las Bellas Artes' o 'Las religiones han falseado nuestra sociedad' son algunos de los lemas que se pasean por los 85 minutos de una película en la que el realizador critica las guerras, la destrucción del medioambiente, las diferencias sociales o 'la ignominia capitalista'. Marilyn Monroe, la tumba de Rosa de Luxemburgo, un miembro del Ku Kux Klan, un cuadro de Degas o una secuencia cinematográfica con Joan Crawford son otras de las imágenes que se pueden ver en una película que demuestra que el espíritu revolucionario de Godard sigue vivo a sus 88 años.