El documental que recrea la vida en el valle de Ollo hace 80 años

Dirigido por Helena Bengoetxea y con las mujeres como protagonistas, han participado 150 vecinos. Se proyectará en la Filmoteca de Navarra este jueves

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Laura Puy Muguiro

Actualizado el 12/04/2018 a las 06:00

Hay niños que, de visita al Museo Etnográfico de Arteta, se sorprenden cuando les explican cómo hace un siglo se fabricaba el jabón. No por el método, sino por el hecho de que el jabón se fabricaba. Existen también quienes no conocen el olor a humo porque nunca han estado al lado de una chimenea ni han visto cocinar en el fuego. También quienes jamás han conocido una vaca viva. Y los que no saben que hace 40 años había pueblos en los que se funcionaba sin dinero y que sus vecinos lo conocieron solo al trasladarse a Pamplona porque en un mundo rural en el que uno tenía patatas, otro tomates y otros huevos vivían de los intercambios. Elur Ulibarrena no lo cuenta de pueblos remotos, sino del valle de Ollo, “muy cercano a Pamplona, a veinte kilómetros”. Concejala en el Ayuntamiento de este valle, trabaja en el museo de Arteta y ha comprobado esas reacciones infantiles. De ahí que el proyecto que han llevado a cabo en el valle tenga aún más sentido: los vecinos de sus nueve pueblos han filmado un documental en el que recrean cómo fue la vida allí hace 80 años con las mujeres como protagonistas. “Las abuelas lo cuentan y sus hijas y sus nietas lo recrean”, indicaba este miércoles Ulibarrena. “El patrimonio es el aglutinante para que no se disgregue una generación de la siguiente. Existe ya una brecha tan brutal entre la gente de cincuenta años con sus hijos que veíamos la necesidad imperiosa de un documental que mostrara que las cosas no nacen en el supermercado”. Recreando la vida / Bizitza birsortzen se proyectará en la Filmoteca (este jueves, 20 horas).

Cuando Ulibarrena utiliza el “nosotros” es porque hace tiempo que ella y sus compañeros del Ayuntamiento del valle de Ollo (400 habitantes en los pueblos de Anotz, Arteta, Beasoain, Egillor, Iltzarbe, Ollo, Senosiain, Ultzurrun y Saldise) tenían en mente utilizar los recursos del museo, la recopilación ya hecha del patrimonio inmaterial, las grabaciones de los vecinos mayores sobre las historias del valle, de cómo vivían sus padres, de cómo eran sus casas… para un documental, “pero no un documental estándar, sino algo participativo”.

De las ideas de todos surgió un proyecto que supuso la contratación de una empresa para encargarse de lo que los vecinos no pudieran realizar, es decir, dirigir el documental y producirlo, lo que se traduce en Helena Bengoetxea como directora y en Aitor Ortiz de Felipe como productor.

Las mujeres son las protagonistas del documental. El trabajo tiene un enfoque de género “total”, ya que muestra los trabajos que ellas realizaban “y son los que no se han valorado prácticamente nunca, y menos recreado”. Y teniendo en cuenta el agua como recurso principal del valle de Ollo, se tomó como línea argumental junto con la higiene personal y doméstica: elaboración del jabón, la colada en el río y en los lavaderos, la limpieza del hogar, el ajuar…

RODAJES INTENSOS EN AGOSTO

El documental ha logrado ese objetivo de no ser estándar, ya que no existe un narrador que cuente cómo era aquella vida, sino que las voces de los audios pertenecen a la gente mayor del valle que va relatando sus recuerdos mientras el resto de vecinos pone cuerpo a esas historias.

También ha cumplido el objetivo de ser colaborativo. Se entiende a partir de la respuesta al bando que publicó el Ayuntamiento con los tres grupos de trabajo que iban a necesitarse: uno de actores y figurantes, al que se apuntaron 70 personas; otro del personal encargado de conseguir la ropa, el calzado y los complementos y adecuarlos a los vecinos que los vestirían, al que se inscribieron 10 personas, y un tercero para todo tipo de trabajos auxiliares de producción -transportar un tractor de tierra para que en una calle no se viera el cemento, tapar los cables de una fachada, limpiar el lavadero, preparar el almuerzo...- que contó con un centenar de personas. En total, alrededor de 150, ya que algunas trabajaron en más de un grupo. Tras un trabajo preparativo durante la segunda quincena de julio, se rodó en agosto, con jornadas hasta de 14 horas.

“Había muy buen ambiente y muchas ganas de que el proyecto saliera adelante”, incidía Ulibarrena, responsable promotora, organizadora y coordinadora. “El documental ha facilitado que vecinos de toda la vida conozcan a quienes acaban de llegar. El documental es el producto, pero en el valle nos ha quedado esa relación social que se ha nutrido muchísimo de este proyecto”.

Hubo un primer visionado, con el proyecto sin terminar, en noviembre. “Lo vieron cerca de 120 personas, y a partir de ahí decidimos grabar más audios y canciones y completarlo para estrenarlo en la Filmoteca. Y desde entonces están los vecinos esperando el día”. Ya ha llegado.

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