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Festival de cine de San Sebastián (Zinemaldia)

"Me caeré de culo el día en que escuche a un político decir la verdad"

El primer latinoamericano en recoger el premio Donostia encarna al presidente argentino en
‘La cordillera’, que se estrena el viernes

El actor argentino Ricardo Darín, ayer, en San Sebastián, antes de recibir el premio Donostia.

El actor argentino Ricardo Darín, ayer, en San Sebastián, antes de recibir el premio Donostia.

REUTERS
27/09/2017 a las 06:00

Ricardo Darín hace de ti mejor que tú mismo, reza un chascarrillo que pulula por Internet. El primer latinoamericano galardonado con el Premio Donostia no solo es un actor genial, sino un ciudadano concienciado y un entrevistado generoso que se explaya en las respuestas. Darín (Buenos Aires, 1957) presenta en el Zinemaldia La cordillera, una intriga política dirigida por Santiago Mitre que se estrena en los cines este viernes. Nadie mejor que la estrella de El secreto de sus ojos para encarnar al mismísimo presidente de Argentina, que se juega el futuro energético del país en una cumbre de dignatarios de Centroamérica y Sudamérica de la que saldrá una alianza petrolífera.

Encarna a un presidente que presume ser del pueblo. ¿Nos podemos fiar de la cercanía de los políticos?
Esa es su excusa, su eslogan. Muchos de ellos tienen asesores de imagen que están permanentemente tratando de corregirles rumbos. Y los eligen por sectores: edad, condición social, género… Cuando escucho ese tipo de cosas me pregunto: ¿y si pruebas a decirme únicamente la verdad? Creo que me caería de culo el día que un tipo de estos se plante ante la cámara y diga la verdad, que no tiene la más puta idea de lo que está haciendo. Que compartiera las dudas con todos. Elegimos a unos políticos que nos representan, que van a decidir el futuro de nuestros hijos. ¿Y de qué dependemos? ¿De que elijan bien su discurso? ¿De que la idea esté bien maquillada?

Usted que es actor, ¿detecta a los políticos que son malos actores?
No solo a ellos. Hay políticos que son expertos en gestualidad, otros en la voz… Los actores desarrollamos una capacidad de forma involuntaria para detectar cuándo algo está fuera de tono. Por eso nos cuesta tanto creernos a nosotros mismos cuando nos vemos en pantalla. A nadie le cuesta más creerse un personaje que al que le construyó.

Sobreactuar también da réditos: ahí está el histrión de Trump.
Trump es un experto en decir cosas por las que le cagaríamos a patadas, pero por algún extraño motivo tiene seguidores. Mucha gente está de acuerdo con esa forma cruenta de decir las cosas. Ha vuelto John Wayne a la escena, irrumpe el chico malo de la clase. Y el resto lo vemos con espanto.

La cordillera demuestra que la injerencia de EE UU en Sudamérica va más allá de la política.
El enviado de la Casa Blanca en la película lo dice: ellos inventaron este juego. EE UU tiene una política de invasión económica, militar… ¿Pero cómo podríamos sacarnos de encima el gran aporte cultural que el cine americano, sobre todo el de los 70, ha hecho al mundo?

Es curioso. La cordillera habla del esfuerzo de países americanos por unirse mientras Europa se resquebraja.
Yo admiro a la gente que forma parte de un grupo, a mí nunca me ha salido bien. Si las relaciones entre personas son complicadas, imagínate entre países. La clave es tratar de focalizar el mundo que viene. El avance de las comunicaciones, la tecnología, la desaparición de los lugares de empleo y el trabajo fijo… La concentración de la riqueza cada vez más perversa dejará fuera del sistema a más gente. Creemos que estamos a salvo porque tenemos representantes que nos defienden. Y de repente un tipo como el de La cordillera tira un misil…

Dijo no a Tony Scott y Denzel Washington porque no quería hacer de narco latino. ¿Lo mantiene?
Gracias a aquello me he ganado una reputación absolutamente injusta de anti yanqui, anti Hollywood. Y yo no soy anti nada, me he criado viendo películas americanas. Lo que pasó es que me ofrecieron dos cosas que no me interesaron. Estaba en España desde hacía meses y lo único que quería era volver a Buenos Aires con mi mujer y mis hijos. Claro que no vino Scorsese a proponerme Taxi Driver… Puede aparecer un día una historia atractiva y allí me verás. Me felicito por haberme escuchado a mí mismo, es muy difícil en este ambiente atender a lo que te haga feliz y no a lo que los demás te dicen que tienes que hacer. A mí tampoco me perdonaron en Argentina que no fuera a recoger el Oscar por El secreto de sus ojos. Lo tomaron por una falta de respeto.

¿Cómo lleva ser Ricardo Darín?
No hay nada que disfrute más que estando con mi familia. Pero hay cierta sobreexposición, más relacionada con el show que con el oficio. El otro día me grabaron ayudando a una persona en la calle. ¡Como si fuera excepcional! Me indigné. Y también mi mujer.

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