Pamplona se rinde al arte jerezano de La Macanita y Manuel Valencia
La Plaza del Ayuntamiento se llenó de arte con el cante de La Macanita y la guitarra de Manuel Valencia, en una mañana de flamenco puro


Publicado el 30/08/2025 a las 05:00
Qué tendrá Jerez que todo lo que exporta al mundo derrocha arte, mucho arte. La lista de cantaores, guitarristas y bailaores es infinita. De Pepe Cepero a José Mercé, pasando por Lola Flores o Tomasito.
La Plaza Consistorial de la capital navarra volvió a llenarse hasta la bandera para vivir una nueva jornada de flamenco y pasión. Era el turno del cante de Tomasa Guerrero, La Macanita, a los sones de la guitarra de Manuel Valencia. Pasadas las doce del mediodía, Pamplona acogía con una rotunda ovación a La Macanita; todos los accesos a la plaza del Ayuntamiento se hallaban totalmente taponados y a los amantes del cante se sumaban turistas y vecinos de toda Navarra. “Muy buenos días Pamplona. Vamos a disfrutar del arte”, comenzó dirigiéndose a los cientos de asistentes allí congregados.
En cada rincón de la plaza, las palmas de los más entregados seguían el ritmo: se respiraba un compás especial. Las guitarras sonaban por encima del ruido de la obra cercana, como si el arte quisiera imponerse a lo cotidiano. Y lo conseguía. Iba a más el furor por el flamenco, in crescendo.
Entre el público, la emoción era palpable. María Luisa Díaz, vecina del barrio pamplonés de Iturrama, seguía conmovida la actuación: “Yo vengo todos los años a lo del flamenco porque me emociona. No soy andaluza, pero esto te llega dentro”, confesaba, aún con lágrimas en los ojos. Más atrás, entre la multitud, dos amigas venidas desde Logroño —Lucía Fernández y Esther Álvarez— destacaban la autenticidad del momento: “Merece la pena venir hasta Pamplona para pasar un día completo de flamenco y gastronomía. Esto no es un concierto cualquiera, es un momento de verdad. Siento como si estuviéramos en Jerez por un rato, aunque estemos a más de mil kilómetros de distancia”.
Alguno que otro se arrancaba a bailar entre el público. Un giro, un zapateado tímido al principio, pero con arte en las venas. “¡Ole!” gritaban desde varios lados. El público, entregado. Muchos balcones de la plaza estaban llenos, convertidos en palcos improvisados. Pamplona estaba viviendo una mañana rebosante de flamenco.
FINAL APOTEÓSICO
La casa de todos los pamploneses se trasformó por un momento en el centro neurálgico del duende jerezano. Esa palabra que no se puede explicar con la razón, pero que se siente cuando ocurre. Y ocurrió. Rozando las 12.30 llegó el momento cumbre. La Macanita, que ya había conquistado al público con su voz profunda, se quitó el micro. Silencio. Y entonces cantó a pleno pulmón, como en las madrugadas jondas, sin artificios. Solo su voz y su alma. La canción fue seguida con palmas y compás, y mucha emoción, ya que la gente esperaba ese final.
La plaza, un clamor. Y cuando terminó… estalló una fortísima ovación. Larga, sostenida, con respeto y admiración. La artista, totalmente emocionada, recogió el cariño con humildad: “Muchas gracias”, dijo, con una sonrisa grande. Y ahí se acabó, por todo lo alto.
JEREZ Y SU DUENDE, EN PAMPLONA
La Macanita y Manuel Valencia tejieron con su arte una mañana de duende que quedará en la memoria de quienes la vivieron. Dicen que Jerez no se puede explicar, que hay que sentirlo. Y este viernes, en la plaza Consistorial, Pamplona lo sintió.
Al finalizar la actuación en la Plaza Consistorial, todo el público se dirigió a la explanada del hotel La Perla para escuchar el arte de Kiki Cortiñas, cantaor gallego —nacido en la provincia de Lugo—, que estuvo acompañado del guitarrista Cristóbal Santiago. “El arte flamenco no entiende de sangre”, sentenció el cantaor, en una mañana cargada de arte, sentimiento y verdad, que, en definitiva, resume lo que es el flamenco.