Bisbal termina afónico en el Navarra Arena
El cantante almeriense hizo disfrutar a sus fans con casi dos horas de concierto
Actualizado el 09/06/2024 a las 16:13
Eran las 21:09. La gente había ido entrando de forma ordenada y sin apreturas, formando filas en rápido movimiento. Se hizo el apagón y las luces de los móviles que esperaban la foto parecían un bosque de luciérnagas. Una introducción con filas de luces verticales estilo Matrix se tornaron en dibujos geométricos en blanco y negro. Y de ahí, un reventón en colores rojos dominantes enmarcaron el blanco atuendo de arriba a abajo, con cazadora vaquera incluida.
Una sensación extraña llegaba en una mezcla sonora en la que su voz no terminaba de sonar con nitidez. Aunque el espectáculo iba para arriba, después de los dos primeros temas llegó la hora de presentarse: "Estoy encantado de que estéis conmigo en este 'Tour Volaré'. Buenas noches, Pamplona. Vámonos para arriba". Fueron primero 'Tengo roto el corazón' y 'Podría estar peor' (de su último disco 'Me siento vivo' y que estrenaba en los directos).
Con 'Torre de Babel' ya le dio un giro andaluz rumbero que aderezó para la locura general del público con su conocidísimo 'Lloraré las penas'. La rumba Bisbal ya se hizo dueña del evento. Cinco músicos le acompañaban en el escenario. Una guitarra española con sus punteos y un piano de fuego haciendo tumbaos con sabor salsero en el remate del tema.
Cambió el registro rítmico con '¿Quién me iba a decir?' de su álbum 'Premonición'. Las pantallas de vídeo que daban el cierre al escenario -tres módulos- lanzaban una borrachera de geometrías en movimiento. Y las dos pantallas laterales estaban dispuestas para la realización multicámara en la que los planos de Bisbal llevaban el protagonismo.
Llegó el momento de un "medley" de baladas, con 'Quiero perderme en tu cuerpo', 'Esta ausencia' y 'Culpable'. Un ambiente otoñal con imágenes de bosques de árboles en tonos ocres con hojas cayendo y una iluminación al unísono rodeó al cantante almeriense que pudo sacar en la mezcla un poco más de brillo en su castigada voz. El público cantaba con él la canción 'Dígale' con solos primero de guitarra española y después de guitarra eléctrica.
Llegó el momento del medley latino. Presentándolo Bisbal al público y alabando que "aquí el público canta de todo, las baladas y las moviditas", el micrófono no iba. "Bueno, no pasa nada", espetó al volver el sonido, "es hora de bailar". Así desfilaron 'Vuelve, vuelve', 'Si tú la quieres', 'Dos veces', 'A contracorriente', 'Perdón' y 'A partir de hoy'. Bisbal recogió un corazón rojo de trapo que le habían lanzado desde las primeras filas y así siguió con él en la mano durante todo el set.
En pleno medley latino llegó el momento de despojarse de la cazadora vaquera. Y cambió el rojo del corazón por una txapela sanferminera. El público ovacionó el esfuerzo vocal y la actitud escénica de Bisbal. Para hacer un pequeño intermezzo la guitarra española se despachó una falseta que dio tiempo a que el de Almería se cambiara de vestuario. Salió de camiseta negra y cazadora y pantalón de cuero marrón. Fueron los momentos de 'Ahora' y de 'Me enamoré de ti', que dieron paso a 'Nuestro secreto', otro tema de su último disco.
Pero era un nuevo medley empalmando canciones y en ello siguieron 'De alguna manera', 'El mañana' y 'Me siento vivo' (también del último disco) con el protagonismo en las proyecciones de una gran luna llena cerrando el escenario, hasta que la luna se quedó detrás de una ventana para transformarse en un sol de amanecer. Era el momento más romántico de la velada. El plano sonoro de la voz de Bisbal ya pudo llegar de otra manera, con más presencia, siempre y cuando el sonido de la instrumentación acompañante no subiera demasiado de volumen.
Después de 'El Ruido' llegó el momento de que la guitarra española hiciera una falseta de introducción para 'Mi princesa'. En ese dúo de guitarra y voz ya era manifiesta la afonía del almeriense que al menos ponía sentimiento en la interpretación. El público le acompañaba cantando y aplaudía su esfuerzo en el melisma "Y porque creó en los milagros" finalizaba la canción. Llegó el momento de darle un poco de tralla y desperezar de las baladas y así entró con 'Diez mil maneras' para subir un poco la temperatura.
Siguió con otra de las que estrenaba en directo que fue 'Volaré', un punto más épico para esa letra que dice "Volaré más allá del sol, lejos del dolor me refugiaré". Levantó al personal con invocación del 'Silencio' y el canto total en el Arena de "Eterno y mudo como el recuerdo del amor que tú me diste, silencio tan grande, tan vacío y tan muerto". Un Bisbal maduro que ahorraba en molinetes y tenía una pose más rockera. Era el acelerón final y continuó con 'Corazón latino' y con 'Bulería'. Las llamas lucían a fondo de escenario y la gente cantaba al unísono con el soniquete de las palmas rumberas.
"Ay ay, no me dejes sin tu amor, sin tus besos soy un pobre corazón". Y, como no, se acercaba el final con su 'Ave María' que lució imágenes de Bisbal en sus años de rizos, o sea, en sus años mozos. Era el éxtasis del respetable y Bisbal se despedía con un "buenas noches" con ese cerrar de ojos de emoción que sabe lucir, en un gesto tan suyo que aderezó con un salto de los suyos. Aprovechó para presentar a sus músicos en la supuesta despedida y salieron de escena después de una hora y treinta y nueve minutos.
Llegaron los bises que comenzaron con 'Ajedrez' de su último disco. Y se puso en modo latino con 'Oye el boom'... bailando con una camiseta de Osasuna en una mano. Era el lereile reilatinizado para dar paso al final con 'Esclavo de sus besos'. Era el final de una noche de un sonido de querer y no poder, del rey Bisbal reinando entre su gente con casi dos horas en el escenario.

