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Pamplona Negra

¿Y qué hago con mi manuscrito?

Las distintas formas en que Lorena Franco, Javier Díez y Ana Ballabriga comenzaron a publicar sus obras mostraron que cerrar un manuscrito solo es el comienzo del trabajo...

Ampliar Desde la izquierda, Javier Díez, Ana Ballabriga y Lorena Franco, a quienes acompaña la periodista Mamen García, que fue moderadora
Desde la izquierda, Javier Díez, Ana Ballabriga y Lorena Franco, a quienes acompaña la periodista Mamen García, que fue moderadoraJesús Caso
Publicado el 22/01/2022 a las 06:00
La mesa redonda de este viernes se desarrolló a partir del interrogante de qué hacer una vez terminado el primer manuscrito de una obra. Los inicios y trayectorias de los tres autores invitados lo ejemplificaron: entre términos de autopublicación, autoedición, coedición y búsqueda de editorial se movieron este viernes las palabras de Lorena Franco, Ana Ballabriga y Javier Díez, tres comienzos distintos.
En ningún momento se planteó Franco enviar su primer manuscrito a una editorial: decidió autopublicar la novela en Amazon, en papel y en digital, “con la intención de llegar a todo el mundo”. “De hecho, llegué antes a EE UU y a Latinoamérica que a España. Me alucinó”, reveló la barcelonesa, que ahora publica en Planeta y que, con más de veinte títulos, suma 250.000 lectores y es una de las escritoras más vendida y valoradas en Amazon.
Más similares fueron los comienzos de Ballabriga y Díez: la búsqueda de pequeñas editoriales. Ella es considerada una pionera de la autopublicación digital, pero hasta dar aquel paso se dirigió junto a su marido, David Zaplana, a editoriales: la primera les rechazó dos veces y la segunda, de Zaragoza, les publicó. “Nuestros inicios fueron con editoriales pequeñas hasta que vimos que la oportunidad de publicar en Amazon y de presentarnos a su premio literario podía darnos visibilidad, que es lo que necesitamos los escritores”, señaló Ballabriga, que con Zaplana es Premio Literario Amazon Storyteller por 'Ningún escocés verdadero' (2016).
Al trabajo de terminar su primera novela, 'Correr a ciegas', añadió Díez el de buscar todas las editoriales que aceptaban manuscritos y cumplimentar con lo que solicitan (dosier editorial, biografía, 50 primeras páginas...). Se la publicó Meteora, de Barcelona, lo que llevó a otra de San Sebastián a interesarse por él y editar E-King. “Creí que ya estaba todo hecho porque se habían dirigido a mí, no yo a ellos”. Pero no, y comenzó a recibir rechazos, un par, de Justicia. “Y ya cuando pensaba que no iba a publicar, me decidí por agentes literarios: desde que la agencia me dijo que sí hasta que se publicó con Grijalbo pasaron cuatro o cinco meses, mientras que yo lo había intentado antes durante cuatro años”, reconoció Díez.
GRATUITO O PAGAR
Estos inicios revelaron las cuatro formas de publicación: con una editorial tradicional, la autopublicación, la autoedición y la coedición. “La diferencia básica entre la autopublicación y la autoedición es que o pagas si quieres por ciertos servicios (corrección, maquetación, portada, promoción...) o pagas por todo y ya está”, resumió Ballabriga, manteniendo en ambos casos que el autor sigue siendo dueño del manuscrito.
“Donde veo el peligro”, continuó, “es en la coedición”. En una editorial, “un autor nunca paga por publicar su libro, al contrario”. “Y cuanto más dinero estén dispuestas las editoriales a pagarte como anticipo, mejor: significa que más van a apostar por ti. Si sin embargo pagas tú, aún menos”. Si embargo, en la coedición, además de que el autor paga por los servicios, “tampoco luego es el dueño de su manuscrito”. “De modo que cobras un porcentaje de las ventas, el 10%; asumes gastos, y los beneficios no van ni siquiera a medias. A mí no me convence”.
Lo ejemplificó Díez con su experiencia, por una oferta de una editorial de coedición. “No tenías ni que pagar ni que comprar, pero te organizaba presentaciones, siempre en tu pueblo, teniendo que invitar a la familia, a los amigos... Habían calculado cuántos libros ibas a vender a tus colegas y con eso amortizaban un poco. Lo rechacé porque no son formas”, describió, valorando el trabajo de la agente literaria con la que contactó después. “Las editoriales de coedición son las que más publican porque no corren riegos”.
La cuestión es que la gente joven que tiene la ilusión de ver publicado su libro en librerías -“realmente en muy poquitas porque la distribución es muy menor en estos casos”, apuntó Franco-, lo hacen y pagan de su bolsillo para coeditar. “Pero así apareció la autopublicación en Amazon, que es gratuita: subes tu libro a Internet y eres dueña de tu obra. La transparencia es total y ves tus ventas cada día, a cada segundo”. Y no te llevas el 10% en ventas, remarcó Díaz. “No, un 60% en venta en papel y un 70% en digital”, señaló Franco. Reconoció que existe “mucho prejuicio” con la autopublicación, pero cree que no debería ser así “porque se encuentran buenas obras”. Pero ocurre que en Amazon hay mucho ruido “porque se publica muchísimo, y hay que tener muy claro con qué cartas se juega y qué hay que hacer”, añadió Ballabriga.
“Imprescindible” coincidieron los tres en calificar a sus agentes literarios. “Andamos muy despistados y es quien te presenta, te hace de enlace, quien ve en que editorial puede encajar tu libro...”, manifestó Ballabriga. “Saben por dónde moverse”, prosiguió Díez, “encantado” desde que firmó con su agente. Y si bien en Amazon no es necesario, “en una editorial es una figura fundamental”, destacó Franco. El o la agente negocia el contrato, por cuánto tiempo, cuándo se rescinde. “De lo literario hablas tú con el editor y de lo económico, el agente”, resumieron los tres, que para quienes se inician aconsejaron trabajo, perseverancia y formarse. “Nunca el talento es suficiente, en ningún área”, cerró Ballabriga.
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