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Música

Calamaro mira al pasado sin miedo en el concierto de Madrid

El cantante argentino derrochó sabiduría y experiencia en el Festival Noches del Botánico

El músico y cantante argentino Andrés Calamaro durante el concierto en el Botánico.

El músico y cantante argentino Andrés Calamaro durante el concierto en el Botánico.

EFE
Actualizada 29/06/2019 a las 10:07
  • EFE. Madrid
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Andrés Calamaro dio toda una lección de sabiduría, experiencia y carisma con la que se metió en el bolsillo al entregado público del Festival Noches del Botánico, que disfrutó de un recital donde el músico desgranó algunos de los mayores éxitos de su carrera sin olvidar sus esfuerzos más recientes.

El argentino, con su clásico pañuelo atado a la cabeza, irrumpió en el escenario pasadas las diez de la noche y no tardó en electrizar al respetable con “Alta suciedad” y apostar por su nuevo material con “Verdades afiladas”, el primer sencillo de “Cargar la suerte”, su último disco de estudio con el que conmemora 40 años de carrera, 20 de ellos en solitario.

Por ello no dudó en tirar de material clásico recién comenzado el espectáculo con balas tan irresistibles como “Clonazepán y circo” o la mágica “A los ojos”, que sigue emocionando como el primer día cuando el de Buenos Aires canta aquello de “sin decir una palabra, casi sin decirnos nada...”, unos compases que hicieron sentir a Los Rodríguez cerca por una noche.

Calamaro, casi siempre sentado al piano, insistió en hilvanar material fresco (“Tránsito lento”, “Cuarteles de invierno”, la enérgica y guitarrera “Falso LV”) con piezas clásicas como la juguetona “La parte de adelante”, “Algún lugar encontraré” o “Las oportunidades”, que hizo que el público gritase al unísono su contagioso coro.

El artista, que dedicó el show a Pity Álvarez en el día de su cumpleaños, se fue creciendo a pesar del calor (33 grados a las 11 de la noche) y ofreció su versión más descarnada con “All u need is pop”, momento que precedió a la irrupción de Coque Malla sobre el escenario, con el que cantó “Tuyo siempre” y “Crímenes perfectos”, los grandes momentos de la primera mitad del concierto.

La moneda, en este caso, no cayó por el lado de la soledad. Madrid alzaba los brazos al cielo y se entregaba al frenesí blusero. “Gracias por arropar a los toreros buenos esta noche”, dijo Calamaro.

La comunión con los espectadores era un hecho y el cantante lo sabía. Momento perfecto de atacar “Loco” y dedicar a la capital española un poema que ha escrito en su honor, con versos que erizaron al respetable como “me viste en mis peores días y madrugadas en la Gran Vía” o “Madrid... o no soy nada”.

Y el cantante, impasible ante los vítores: “Me despido mientras tanto para enfocarme en el canto, que me sale por los poros”.

Los interludios con música de AC/DC y grabaciones de discursos políticos no desorientaban al respetable, que devoraba temas como “Cuando no estás” y abrazaba al Calamaro más abatido en “Los aviones” (“No quiero que se termine, no quiero que me abandones”) y al más lírico en “My mafia” (“me corresponde cantar a la libertad”).

Tras una historia de andar por casa sobre los miedos de pasar por el dentista y de referencias varias a la marihuana, el opio y el hachís, llegó el momento de vibrar de verdad con “Mi enfermedad”. El Botánico se vino abajo: saltos constantes, gritos de alegría y un recuerdo vibrante hacia un tiempo que ya pasó.

El trance continuó con “Estadio azteca” y el público, abrazados los unos a los otros, jaleaba cada estrofa con la emoción de una primera escucha. “Los chicos” mantuvo la intensidad en una recta final que dejó patente por qué el argentino, a sus 57 años, mantiene firme su estatus como una de las figuras primordiales del rock en español. Y por si hacía falta dejarlo patente aún más, se sacó de la chistera “Milonga del marinero y el capitán”, otro guiño a Los Rodríguez, con el que invitó “a bailar hasta el amanecer”.
Tras ofrecer otra balada marca de la casa (“Paloma”), Calamaro se preparaba para decir adiós y, durante los bises, ofreció una “Flaca” a la altura de las circunstancias: sincera, bella, desgarrada y con la ayuda, de nuevo, de Coque Malla. Para la conclusión, una emotiva “Me estás atrapando otra vez” y un mensaje que los espectadores hicieron suyo: “Nunca me podré alejar de ti”.

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