Pablo Antoñana y su vida inacabada

La familia de Antoñana presentó este jueves unas memorias que el autor no llegó a terminar

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Pablo Antoñana y su vida inacabadaEduardo Buxens
Pablo Antoñana y su vida inacabada

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Iranzu Larrasoaña

Actualizado el 01/06/2018 a las 06:00

“Cuesta nacer, cuesta morir. No se sabe si nos resistimos a nacer y si al sucumbir a la muerte nos da pereza irnos”, reflexiona Pablo Antoñana al comienzo del segundo capitulo Hilvano recuerdos (Memorias de mi infancia, la Guerra Civil y la posguerra). Como su vida, esta obra también se vio truncada por su fallecimiento en 2009. “La muerte le pilló desprevenido. Su vida se le escapó en una operación de corazón que no salió bien”, recordaba ayer su hija, Elvira Antoñana, durante la presentación del libro en Elkar. Le acompañaban su hermana, Blanca Antoñana, y su madre, Elvira Sáinz. Miguel Ángel García Andrés resumió trescientas páginas en las que, a través de sus vivencias personales, Pablo Antoñana supo profundizar en la sociedad.


El oficio de escritor fue para mi padre difícil, pero a la vez era como una terapia. A través de los escritos él se curaba, le servía para sacar sus disgustos y sus ideas pesimistas sobre este mundo”, contaba Elvira Antoñana. “Sufría con lo que le ocurría, con las guerras, con el sufrimiento humano, con las corrupciones políticas...” y eso lo ha plasmado en este libro que ahora ve la luz, y al que llegó a ponerle el título.


“En este libro tenemos unas memorias inacabadas. Llegamos a sus estudios en Zaragoza y un poquito de la vida en Pamplona”, explicaba su otra hija, Blanca Antoñana. “La muerte le sorprendió sin terminarlo, pero eso no excluye que sea una gran obra”, comentaba. Pablo Antoñana parte de lo particular y personal y pasa a lo general. Costumbres, oficios, guerra, pinceladas que hablan de la vida, también de la muerte, en un cuadro que representa la visión que este autor tenía de la sociedad.


“Pablo siempre remarcaba que sus memorias eran un hilván de recuerdos, no una historia”, aclaraba Miguel Ángel García de Andrés, autor del epílogo del libro. La memoria siempre es traicionera, pero a Pablo Antoñana no le preocupaba demasiado ya que era consciente de su subjetividad.


LOS PRIMEROS AÑOS

Las raíces de estas memorias crecen en el siglo XIX, unos inicios en los que “Pablo nos sitúa en sus orígenes familiares”, apunta García. En esta primera etapa cobra relevancia el papel de su madre, una narradora temprana de historias y leyendas del entorno de Viana. “Yo creo que es ahí donde se gesta el territorio vital y literario de Pablo”, se aventuraba García. “Su Viana natal es una encrucijada de tierras y culturas. Así lo refleja él. Un lugar donde la historia, la tradición, las guerras carlistas, o quizás esa guerra que para Pablo es la misma de siempre, pesan en la memoria ávida de un niño”, exponía las primeras páginas de Hilvano recuerdos. (Memorias de mi infancia, la Guerra Civil y la posguerra).


Ya desde niño, Pablo Antoñana abrió todos sus sentidos para empaparse de cuanto sucedía a su alrededor. “Es ahí donde incuba al futuro escritor en el que se va a convertir”, señalaba su epiloguista.


En los años de la República, el autor habla del enfrentamiento con la Iglesia Católica. Recuerda la retirada de los crucifijos, las procesiones en la calle o los carnavales. Respira en aquellos años “un clima prebélico que se expande con olor a pólvora”.

La tragedia de la Guerra Civil marca la vida de Pablo Antoñana y también su libro, ya que ocupa una tercera parte de sus páginas. “Pablo no se va a asomar a ella desde la sorpresa, pues es un estallido largamente anunciado después del triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936”. Lo hace desde el horror que él ve en su pueblo natal. “Aparecen los voluntarios forzosos a marchar al frente, las patrullas de los matones que visitan los pueblos o los cadáveres apilados en las tapias del cementerio” recordaba. “La posguerra llevó a Pablo a construir su conciencia cívica, ética y literaria”, señalaba.


“De manera inevitable, un autor está atado a su biografía y su territorio. Pero es una fortuna que estos sean contemplados por su singular mirada porque los libros alcanzan una vida independiente tras la muerte del autor”, agradeció al autor fallecido. “Para quienes hemos leído y gozado de su obra literaria y periodística, las memorias de Pablo no solo contemplan el universo creado, sino que forman parte del mismo, lo enriquecen y lo lanzan hacia cimas más elevadas”, añadía. Esta obra no es el único escrito que el autor dejó sin publicar tras su muerte. “Tenemos cofres llenos de material que tenemos que revisar”, adelantaba su hija Blanca durante la presentación.

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