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Estación de libros
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Viaje a Armenia, Ósip Mandelstam

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Viaje a Armenia, Ósip Mandelstam
Actualizada 06/07/2018 a las 09:11

Camino con el poeta ruso por los alrededores del lago Seván, al este de Armenia. Es una mañana fría de otoño. Desde aquí se ve la cima del Guneu y otras montañas del Cáucaso. El señor Mandelstam viajó por esta región durante unos meses de 1930 y luego escribió el libro del que va a hablarme ahora.

 

 

Llevaba tiempo sin escribir. Necesitaba reinventarme de algún modo. Había estado leyendo mucho sobre este país, sobre su paisaje y su gente, sobre sus tradiciones y sus leyendas, y pensé que era el mejor lugar para recuperar la inspiración.

Su recorrido por las tierras del sur recuerda a los que hicieron Lord Byron por Grecia y Goethe por Italia a principios del siglo XIX. Supongo que en el suyo había un espíritu parecido, no es así?

Había sobre todo un presentimiento. La intuición de que me esperaba algo valioso en estas latitudes. Algo que no sólo me enriquecería como persona, sino como autor. Yo ya había tenido contacto con caucasianos en Moscú y siempre salía de esos encuentros con un ánimo diferente. Ellos irradiaban una luz especial. Había en sus ojos una mezcla de alegría y añoranza hacia su tierra. Aunque no hablaran de ella conmigo, despertaban en mí el deseo de visitarla.

Más tarde resultó que era verdad. Una vez aquí, me topé de nuevo con la misma sensación. Y la prueba definitiva de que la cosa funcionaba fue la cantidad de poemas y fragmentos de historia que empezaron a surgir en mi cabeza ya en los primeros días.

Hay cierta idealización en sus observaciones. Se diría que usted sólo estaba dispuesto a quedarse con lo majestuoso.

Suele ocurrir en todos los viajes. Al visitante no le afecta lo mismo que al lugareño. No es sensible al mismo dolor. Las dificultades de la vida, la dureza del entorno, le llegan como ecos apagados. No entorpecen su excursión ni reducen su entusiasmo. Donde el habitante ve desolación o problemas, el turista descubre exotismo y autenticidad.

En todo caso, es cierto que en esta clase de expediciones hallamos lo que buscamos. Por el motivo que mencionaba más arriba. Porque alguien dentro de nosotros ha tomado una decisión sin consultarnos. Porque el hombrecillo que lleva cada escritor consigo señala el camino hacia un destino concreto. Hacia la siguiente estación. Hacia un espacio donde advierte la existencia de una veta literaria que no quiere desperdiciar y que explotará pase lo que pase.

Lo curioso es que, a partir de esa experiencia, usted no sólo escribió sobre el lugar, sino sobre muchos otros asuntos que no tenían nada que ver con Armenia.

Sí, una vez desatascado el canal expresivo, empezó a circular por él todo tipo de material. De pronto, como sucede a menudo en el quehacer literario, unas ideas establecían relación con otras. Creaban conexiones extrañas que yo no podía evitar. La contemplación de un monte derivaba en una reflexión sobre Bach. El sonido de la lengua autóctona me recordaba a un pasaje de Víctor Hugo. La llegada a la ciudad de Sujum me trajo las notas de una marcha fúnebre de Chopin.

Y ése era el momento que yo había aguardado. Era el indicio de mi curación. Entonces ya estaba preparado para regresar a Rusia. Regresaría con la satisfacción de haber vuelto a escribir. Con la tranquilidad de haber encontrado un santuario. Armenia sería en adelante una fuente segura. Más que un punto geográfico, sería un código con el que nombrar para siempre una medicina capaz de sanar los males del poeta.

Ya es mediodía en Seván. El señor Mandelstam y yo nos hemos detenido unos minutos a orillas del lago. Antes de despedirme de él, hago memoria de su vida, de lo que le sucedió más tarde, de su final aciago, y le pregunto si fue aquí donde se le ocurrió aquel poema despectivo sobre Stalin.

Es posible. No en vano, él procedía de una aldea de Georgia, no muy lejos de donde estamos ahora. Puede que, de pronto, me diese rabia pensar que alguien tan monstruoso había nacido en un lugar tan bello. Quizá sospechase que ya no tendría más ocasiones de contar al mundo cómo era ese hombre en realidad.

 

 

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