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Entre visillos, Carmen Martín Gaite

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Entre visillos, Carmen Martín Gaite

Actualizada 23/06/2017 a las 08:28
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Estoy paseando con la escritora por el casco antiguo de Salamanca. Nos hemos citado para hablar de una obra de cuya publicación se cumplirán pronto sesenta años. Aunque en la novela no se nombra la ciudad, la historia transcurre en ella.

 

 

Supongo que era un arranque literario previsible en alguien que había crecido en una capital de provincia. Yo apenas conocía otro mundo. Entonces, cuando escribí el libro, ya vivía en Madrid y, sin embargo, en ese regreso al pasado que emprende al principio todo autor, yo me topé necesariamente con Salamanca. Era el lugar donde había nacido y donde había estudiado. Era el sitio donde había empezado a disfrutar de la amistad, a intuir la existencia del amor. Era un escenario obligado para situar a mis personajes. Para hacerles hablar, llorar, reír y soñar. Para darles vida y observar su comportamiento.

Y en esos primeros pasos narrativos también era natural una porción de crítica hacia la propia tierra, no es así?

Claro. Pero esa atmósfera asfixiante, ese ambiente pequeñoburgués no eran exclusivos de mi ciudad. De manera que la sensación que experimenta Pablo Klein, el protagonista, después de unos meses viviendo en ella, es la que habría tenido en cualquier otra población del mismo tamaño. Era algo propio de la época. Era un rasgo más del régimen, una consecuencia más del tipo de país que había surgido de la guerra. En el fondo, todas esas figuras recogidas en la novela no habrían podido ser de otra forma, no les habrían permitido ser diferentes.

Igual que sucede en otros libros, usted recurre a un forastero, a alguien con una relación muy vaga con el lugar, para describirlo tal como él lo ve.

Me interesaba una persona que volviese allí al cabo de mucho tiempo. Que tuviese un motivo para hacerlo. Que fuese extranjero en parte. Que fuese capaz de comparar el sitio con otros muy distintos por haberlos conocido bien.

Pero no me bastaba con un único plano. Quería otro punto de vista. El de un narrador omnisciente. De ese modo, el lector dispondría de varias perspectivas a lo largo del relato. Podría incluso pasar por una misma escena dos veces. Sabría cómo son las cosas contempladas de manera neutral, o a través de la mirada de alguien con criterio y sin prejuicios como Klein.

Los diálogos son ágiles y verosímiles. La ambientación es viva. Me gustan los personajes femeninos: Elvira, Rosa, Julia, Mercedes, Natalia. Creo que están mejor perfilados que los hombres.

Sí, la paleta de sentimientos es más compleja, mucho más rica en su caso. La vida de provincia genera en ellas una gama muy amplia de ansiedades. La estrechez de su mundo, la limitación de posibilidades de futuro, la dificultad para conducir su propio destino, afecta a su estado de ánimo, les hace albergar muchas emociones a la vez, algunas contradictorias entre sí. Tanto las que quieren marcharse como las que desean una existencia tranquila junto a la familia atraviesan en esos momentos una etapa agitada. Temen y anhelan al mismo tiempo. Se exponen y ocultan al mismo tiempo. Fingen y se sinceran al mismo tiempo. A su lado, comparados con ese alboroto sentimental, los hombres parecen niños disputándose un objeto sin importancia.

Y en ese contexto, Pablo Klein funciona también como paño de lágrimas a su disposición, al servicio de todas.

Porque es distinto y porque esas mujeres saben que él no va a quedarse. Y no se queda precisamente por eso, porque la autora lo emplea como una especie de cámara, lo necesita sólo mientras filma. Por medio de ese objetivo, traza un travelling a lo largo del lugar. Lo recorre en horizontal, de la estación a la iglesia, del cine al casino, del Gran Hotel a cada uno de los hogares particulares, y de ese modo nos muestra un universo minúsculo de inquietudes.

Hemos terminado nuestro paseo por Salamanca. La señora Martín Gaite me ha acompañado hasta el andén. Ya en el vagón, me asomo a la ventanilla justo cuando el tren empieza a andar y le pregunto si Julia se casó con Miguel, si Mercedes se enamoró de Federico, si Natalia pudo estudiar, si....

Entonces Carmen sonríe y me desea un buen viaje a través de los libros.

 

 

http://retratosycaricaturasdemiguelcoll.blogspot.com

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