4. Las lunas de Júpiter, Alice Munro

Publicado el 08/04/2016 a las 14:01
El primer capítulo del relato Los Chaddeley y los Fleming, recogido en este volumen, se titula Relaciones. Y es que a Munro le interesa de manera especial el tema de los vínculos afectivos, los conflictos que provocan y la reflexión que generan después. Los protagonistas de sus historias son a menudo mujeres de mediana edad atrapadas entre la generación anterior y la posterior a ellas, impelidas a ejercer de madres en un momento en que aún no han asumido del todo su condición de hijas.
Otro de sus referentes es Dalgleish y, en general, la región rural que se extiende al oeste de Toronto. En el cuento mencionado arriba, la narradora insiste en describir esa población de Ontario como un sitio al margen del progreso en muchos sentidos. Pero es verdad que, si por un lado transmite bien al lector el ahogo que sienten algunos de sus personajes en un espacio tan limitado, por otro se ríe del esnobismo que supone renegar de las propias raíces.
Lector: Qué recuerdas del momento en que leíste el libro? Lo relacionaste con algo que vivías entonces?
Esos días pensaba en mis vecinos, en lo difícil que me resultaba entenderme con ellos. Me los encontraba a veces al salir a pasear por el campo y notaba una mezcla de curiosidad y suspicacia en su forma de mirar. Ya había algo en común entre nosotros en el hecho de estar allí, en la elección de un lugar y de un hábito relacionado con él, y sin embargo yo me daba cuenta de que no les bastaba con eso. Incapaces de tolerar la diferencia, necesitaban borrarla de golpe con aquellas miradas cargadas de ansiedad.
Sí, muchos de los que nos rodean tienden a creer que, como vivimos en el mismo pueblo, urbanización, barrio o escalera, somos igual que ellos. Pero su error no se queda ahí. Ocurre que, cuando por fin constatan que tenemos costumbres, ideas o gustos distintos, se sienten de repente ofendidos. Cuando se enteran de que comemos a una hora diferente o que nos hace gracia otro tipo de chistes, se consideran víctimas de una especie de traición.
En Munro encuentro ecos de Updike, de Carver, incluso de Sebald. Mucho más importante que el argumento es el tono empleado por la autora, la sensación de estupor que provoca la vida a sus personajes y la emoción que ese asombro produce al lector. Munro vuelca sobre el tapete un puñado de destinos personales, los mezcla y deja que saboreemos el resultado. Para contarnos lo que inquieta a sus mujeres, las lleva a mirar hacia atrás y hacia adelante, hacia el pasado y hacia el futuro, y de ese modo consigue una imagen aproximada de lo que son. No quiere que nos quedemos con una idea cerrada, con un trazado exacto de las personas y sus temores, prefiere que al final flote entre nosotros una impresión difusa pero sugerente.
Lector: Crees que es posible llevar a la práctica lecciones aprendidas en los libros?
Siempre que leo algún cuento de la autora canadiense, noto dentro de mí una confusión positiva. Me siento engrasado por un flujo veloz de palabras que, más tarde, ya enfrentado a mis propias historias, me permite escribir mejor. Sé que tiene que ver con ella, con esa forma abrupta y melancólica con que terminan algunos de sus relatos, y es algo que me hace sonreír aunque esté solo.
En cuanto a las instrucciones para lo cotidiano, para poder navegar entre todos esos que andan por ahí, pienso que haríamos bien en heredar de las figuras de Alice su compasión hacia los demás.