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Divorcio y custodia compartida o exclusiva

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Divorcio y custodia compartida o exclusiva

09/02/2018 a las 14:24
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Por Maite Ruiz Aquerreta

Las parejas con hijos, una vez tomada a la decisión de terminar con su relación, deben tomar otras sobre diferentes temas. Algunas son económicas, como por ejemplo, donde vamos a vivir cada uno de nosotros, si alguno se queda a vivir en el domicilio familiar, cómo terminamos de pagar las deudas que hemos asumido de manera conjunta, cómo hacemos para seguir manteniendo nuestros gastos y los de nuestros hijos, o cómo nos repartimos el patrimonio que hemos construido durante el tiempo que ha durado nuestra relación.

Son temas muy espinosos y dolorosos que esconden emociones que nos conectan con vivencias, y nos devuelven a la memoria situaciones vividas. Aparentemente sólo son bienes materiales, pero en ocasiones, esconden otros componentes, que si no son gestionados o tratados como cada pareja necesita, les pueden mantener “enganchados” a una situación de conflicto en la que la relación necesaria que deben mantener por su condición de padres, va a ir deteriorándose. Así tenemos parejas litigando durante años por los bienes que compartieron, o peleando sin tregua por una casa, un coche, hasta llegar al absurdo de hacerlo por una colección de cromos que hicieron juntos.

La realidad y nuestra experiencia traen a nuestro despacho personas que se encuentran en esta situación. Pero si somos capaces de batallar por cosas, qué seremos capaces de hacer por el bien más preciado que compartimos: nuestros hijos.

 

 

Las parejas que se enfrentan al final de su relación, que en su día supuso un proyecto común en el que encontraban amor y bienestar, tienen necesariamente que hablar de la custodia de sus hijos. Tienen que decidir qué régimen de custodia les parece más adecuado para sus hijos y para ellos.

Encontramos en nuestro trabajo en el despacho, personas cuyas convicciones o valores, acerca de la maternidad, la influencia social, la opinión que otros pueden tener sobre nosotros, etc pueden ser elementos que inciden en lo que queremos respecto a la custodia de nuestros hijos. Así hay madres que se aferran a la custodia exclusiva de sus hijos, porque qué van a pensar en mi familia.o padres que viajan continuamente pero quieren la custodia compartida porque es lo que le ha dicho su amigo que es lo mejor.

Así, que nuestra primera recomendación es cambiar el lenguaje. Para quitarle ese peso económico, emocional, moral, jurídico o social que acompaña al término custodia, no hablamos de custodia, sino de reparto del tiempo.

El segundo paso es hacer una reflexión conjunta en la que les guiamos para que cuenten cómo han hecho hasta ahora para organizarse en el cuidado de los hijos desde que nacieron. Aquí hablan de sus profesiones, trabajos, aficiones, edades de los hijos, hobbies de todos y cada uno de ellos, relación con la familia extensa de cada uno de los progenitores, disponibilidad de tiempo para estar con ellos.

No es lo mismo hablar de reparto del tiempo, cuando los dos miembros de la pareja trabajan de 8 a 3, que cuando en la pareja uno de ellos es piloto de avión, trabaja a turnos o lo hace a 100 kilómetros de distancia.

En esta conversación, en este relato de la realidad, y en el que los dos están de acuerdo, porque es su historia y saben lo que han vivido, puede que discrepen en detalles o en modelos de dedicación al cuidado de los hijos, pero en los trazos gruesos están conformes y hay elementos objetivos que no pueden negar, como que los niños esquían los fines de semana o que tienen una casa en la playa donde pasan los dos meses de verano. Nuestra misión es que esas diferencias no impidan hacer una foto de su realidad, sus actividades, las de sus hijos, las necesidades de todos y la posibilidades de marcar los tiempos de mantener la relación de esos hijos que ya no pueden estar con los padres a la vez.

 

 

Una vez hecho ese reparto del tiempo teniendo en cuenta todos esos aspectos, y a través de un trabajo colaborativo en lugar de confrontativo, son capaces de controlar esa tensión que les impedía tratar este tema. Su incertidumbre cede ante una realidad que comprenden, se disipan sus miedos y son capaces de cerrar acuerdos.

Una vez hecho esto, y plasmado en un calendario, hay que poner la etiqueta jurídica, no queda más remedio, pero si el adjetivo que acompaña a la palabra custodia es exclusiva o compartida, será aceptado por ambos, porque responderá a la realidad que han determinado de manera conjunta por el bien de todos y fundamentalmente, por el bien de sus hijos.

 

 

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