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El Forofillo : El blog de Fran Pérez
El Forofillo : El blog de Fran Pérez

A lo Napoléon

El Forofillo Fran Pérez
A lo Napoléon
JESÚS CASO
Actualizada 03/11/2018 a las 20:33

Las páginas de la historia están marcadas por la presencia de grandes nombres que quedaron impresos en los libros a causa de su carisma, su capacidad de liderazgo y su estrategia en el campo de batalla. Haníbal, Gengis Kan, Atila, Julio César o el propio Napoleón Bonaparte fueron líderes que sacaron el máximo rendimiento a la estrategia militar en unos tiempos en los que las diferencias se arreglaban en el campo de batalla, con sangre, sudor y lágrimas. Afortunadamente hoy en día son pocos los países en los que la guerra está presente, más de los deseados, y en el mal llamado primer mundo los enfrentamientos no se dan.

 

Torres toca suavemente el cuero en presencia de dos rivales. Esa bota derecha nos dio tres puntos al final del encuentro. AZCONA

 

De ahí que las guerras, batallas o peleas se trasladen a otros planos, como el político en el Congreso de los Diputados o el deportivo en los distintos recintos deportivos. Balonmano, baloncesto, rugby, waterpolo, voleibol, pelota, ajedrez... En todos ellos se presentan dos frentes, dos ejércitos, dos equipos o nombres que pugnan por hacerse con la victoria final. Sin derramamiento de sangre, sin conquistas de tierras ni desolación, sin elefantes atravesando los Pirineos o ejércitos pisando hierba que luego no vuelve a crecer. Pero con estrategias.

La estrategia te da la vida y te la quita en esto del fútbol. La estrategia te permite sumar puntos, trabajar el balón parado para marcar y, aunque menos comentado pero no por ello menos importante, trabajar la defensa en grupo para minimizar los daños en la estrategia en contra, que pueden ser insalvables.

Hace mucho tiempo existía la idea del Laboratorio de Tajonar. Esos córners de la cuadrilla con los rojillos apiñados en la frontal del área, como mozabletes de botellón esperando el centro para ir cada uno a un punto y aumentar la capacidad de remate, o esas jugadas de tiralíneas tras una falta en corto para acabar centrando y encontrar al rematador sólo, con la defensa mareada y removida. En Tajonar se parían jugadas que dejaban a la gente boquiabierta, algo que desafortunadamente poco se fía hoy en día, confiando más en la calidad de los jugadores o en la labor del colectivo.

Contra el Málaga, el flamante líder que se fue de Pamplona saboreando lo que es jugar en la ingrata LaLiga 123, al escondite inglés, con árbitros de medio pelo y en la que cualquier equipo te hace un roto, la estrategia fue clave. Fue clave en contra, con el primer gol encajado que deja las calvas de una defensa que, pese a tener mucho pelo, nos lo peinan a lametazos. Centro lateral, pérdida del primer palo y Pau Torres fusila a placer a un Rubén que andará al deseo de terminar un partido, sólo uno, con dónut en su portería.

Y eso que Osasuna jugaba bien, presionaba, achuchaba al del primer puesto y hacía que los de Muñiz se exigieran para frenar las trombas rojillas. Con asistencias acrobáticas de Rubén, cabezazos de Juan Villar que salvaban los rivales sobre la línea de gol y un Munir que, si bien no hacía grandes estiradas, atrapaba todo lo que caía por la zona. Una primera parte que se moría con 0-1 en una de las dos ocasiones de la malagueños, porque la otra casi nos hace un roto el amigo Koné, aquél que parecía no saber firmar contratos si llevaban el escudo de Osasuna.

La segunda parte pedía remontada. Pedía un plan de acción, una alternativa de choque para tratar de remontar el marcador. Pedía estrategia. Y el primero que sacó la pizarra fue el colegiado de turno, expulsando a Blanco Leschuk cuando igual podía haberse ido a la ducha en la primera parte. Tanto va el cántaro a la fuente que al final se compra bonbús, y el atacante compró demasiados boletos como para irse de rositas. Es lo que tiene LaLiga 123, amigo Blanco, que lo que era rosa se convierte en negro para, con la remontada local, acabar en rojo.

De ahí creció Osasuna. El Napoleón Arrasate movió banquillo, quitando al incansable Brandon y a Barja para meter a Nacho Vidal y a Xisco. Una falta botada por la zurda de terciopelo de Rubén García la cabeceaba a las mallas el pichichi Villar, tras ganar la pelea a su par entre agarrones y empujones. El empate desató la locura del trencilla, al exigir Lillo el balón a un rival para no perder tiempo, reprocharle a empujón limpio el héore N'Diaye y, entre tanganas y tanganas, llegar Xisco a frenar al rival para evitar males mayores y, por meterse de bueno, llevarse la roja directa. Expulsión la del delantero injusta, pero ojito a lo que apuntaba el pitolari porque el balear, menos guapo, le dijo cuatro cosillas.

Era le minuto 80. Osasuna se quedaba con 10, el Málaga con 9. Los rojillos estaban enchufados,. El Sadar estaba on fire y los dos goles habían llegado de estrategia, de sendas faltas laterales. Y el colegiado pitó falta a favor de Osasuna en tres cuartas partes del ataque rojillo. Y se la pidió Roberto Torres. Un Robertito, huelga decir, que todas las faltas anteriores que había sacado habían terminado o en la rotonda de los lupanares o, en meta contraria, en el Navarra Arena.

Pero la estrategia es lo que tiene, que bien ejecutada, da puntos. Tres puntazos que salieron del guante derecho de Arre, a cuya bota hay que hacerle ya un molde. Golpeo fuerte, con rosca, que se va cerrando para morir en la escuadra derecha de Munir. Como tantas veces le hemos visto marcar y, no por ser repetido, deja de ser bello. Golazo, remontada, tres puntos más y estrategia al poder.

Osasuna es, tras 12 partidos, el equipo cuatrero. Cuatro ganados, cuatro empatados, cuatro perdidos. Estamos más arriba que abajo, pero sin volvernos locos. Luis Hernández, jugador del Málaga, comentaba al finalizar el encuentro y clamar contra los árbitros que esto es muy largo. Vaya si lo es. Por ello, ahora hay que empezar a pensar ya en el Extremadura y la visita a Almendralejo. Y de paso, si se trabaja la estrategia en el Laboratorio de Tajonar, miel sobre hojuelas...

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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