Mal inicio del Vía Crucis final

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Fran Pérez

Publicado el 01/04/2018 a las 18:24

Diez eran los pasos que le quedaban al Vía Crucis de Osasuna para saber si sus jugadores son acreedores del cielo, a saber, de esa Liga de las Estrellitas en las que Messi, CR7 y compañía campan a sus anchas, hacen diabluras y, lo que es más importante para la profesión se lo llevan más calentito que el puchero de un grupo de feriantes. Diez, como los mandamientos, como la nota máxima en un examen, como el dorsal de D10s, que dicen que platica argentino aunque eso siempre, ya se sabe, es opinable. Diez pasitos, o pasazos, o estaciones o paradas. Y la primera, contra el Tenerife, nos la dan en toda la frente.

 

Acosta, autor del chicharrazo que le dio la victoria al Tenerife, controla el cuero ante los contemplativos rojillos. AZCONA

 

Porque lo bonito de este peregrinaje de recta final de temporada era que, precisamente, se empezaba, se salía y se partía desde casa. Con dos partidos precedentes de buen fútbol, uno con derrota y el otro, lejos de Pamplona, con victoria. Pero todos nos las prometíamos felices, en domingo de Semana Santa y tras una copiosa comida acompañados de la familia, la propia y la política. Esperando el colofón del triunfo rojillo contra el Tenerife. Claro que sí, Guapi.

Guapi nos dejaron la cara los de Etxeberría. El técnico vasco, que según comentaristas de GOL TV debe estar figurín y pincel de los de quitar el hipo al sexo femenino y a buena parte del masculino, llegaba a Pamplona dirigiendo a unos nazarenos con una racha temible. Quitando el borrón de la derrota de su última salida de las islas, a la Soria numantina donde cayeron por 2-0, los últimos encuentros los contaba con seis victorias y un empate a domicilio. Ahí es nada. Y es que esto del fútbol va por rachas y está visto que todos, menos Osasuna, pillan la ola buena...

La cosa se aprieta más que las calles de Sevilla en Semana Santa y en plena hora de procesiones. Ganan Zaragoza y Numancia, pierde el Oviedo en casa. El Granada no suma en Lorca y Osasuna podía haber dado un golpe en la mesa con su candidatura a playoff. Ojo, playoff que se queda a un punto, pero las sensaciones esta vez son negativas. Encima van y empatan Rayo y Cádiz. Pero no se funcionó como equipo, se cometieron errores garrafales, se perdió contra un rival al que lo dejas a un punto tuyo y, para más INRI, que por algo estamos en esas fechas, perdemos a Lillo y a Torró para la visita a Granada.

Los rojillos están de penitencia. El primero de los pasos del Vía Crucis de la Semana Santa por el ascenso ha salido rana. Y eso que el capitán Oier, al terminar el encuentro, decía que había sido una primera parte aceptable. Vamos a la RAE, oigan. A ver qué dice en su definición. "Capaz o digno de ser aceptado". Jugando así se creen estos que van a ser aceptados? Ni aceptados ni mucho menos los elegidos. Porque más de un aficionado abandonaba El Sadar pensando en la crucifixión, y no en la nuestro Señor JC precisamente...

Osasuna no dio nunca sensación de poder sumar contra el Tenerife. Los isleños salieron mucho más enchufados, mucho más tensos, mucho más concentrados... La presión ejercida desde el primer minuto fue la que debía haber mostrado Osasuna. Pero seguimos sin aceptar que jugando en casa hay que saltar como si fuese una final, como si nos fuese la vida en ello, como si no hubiera mañana. Vamos, como saltan todos los rivales que visitan El Sadar, pero no los jugadores de Osasuna, claro.

El Tenerife plantó un centro del campo en el que Alberto y Mula desdibujaron en la primera parte a Torró, Mérida y Lasso. Ninguno de los tres encontró su sitio, se desunieron más que nunca y al tratar de hacer la guerra por su cuenta fue donde dieron comodidades a los de Etxeberría. A Torró se le acumulaba el trabajo. A Mérida los errores, que cometió demasiados y al pobre Borja no le llegaban balones y, cuando bajaba metros a por el esférico, veía mucha distancia hasta la zona en la que es peligroso.

La buena primera parte del Tenerife dio paso a una mala segunda parte de Osasuna. Y cuando se suman uno más uno ya se sabe que dan dos. Y la falta de comunicación precisamente entre dos, entre Torró y Mérida, en el enésimo balón suelto en tres cuartos, terminó con un pase a Bryan Acosta que soltó un zapatazo que para que salga de las botas de un rojillo tienen que chutar cuatro futbolistas a la vez. El cuero dibujó la estela de un obús que se coló pegado al palo derecho. Herrera se estiró, pero más por estética que por efectividad.

Y de ahí al final un querer sin poder. Un no aprovechar las pocas, con un Quique excesivamente chupón que chutaba todo lo que caía por ahí y con un plan B llamado Xisco desasistido y sin oportunidades de empatar. Osasuna lo intentó con más fe que acierto, quizás por aquello de estar en Semana Santa y que oiga, otros milagros más raros se han recogido en los escritos. Pero no. No hubo milagro. Hubo derrota y motivos para volver a reflexionar.

Primer paso perdido. Nueva oportunidad perdida, otra vez. No es la primera en la presente campaña, y lo decimos sabiendo que tampoco va a ser la última. Quedan nueve finales. Nueve partidos. Nueve pasos de la procesión cuyo final no sabemos si va a ser el cielo, el infierno, el purgatorio, el Calvario o el Gólgota. Nueve paradas que se nos pueden hacer muy largas o ir llenándonos de ilusión. Próxima estación, que ladran los metros de las grandes ciudades, Granada y el Nuevos Los Cármenes. Fuera de Semana Santa pero dentro de nuestro Vía Crucis rojillo...

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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