¡Y que nos suba el azúcar!

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Fran Pérez

Publicado el 30/10/2016 a las 18:45

Se necesitan cuatro huevos, cuatro cucharadas de azúcar o fructosa, medio kilo de mascarpone, galletas de relieve (en el Metadona hay unas muy buenas), cacao y café, que yo utilizo descafeinado. Se separan las claras de las yemas en dos boles diferentes. Se añade a las claras el azúcar y se tira de batidora con varilla para ponerla a punto de nieve, pero no de John el de Juego de Tronos, sino de esa montadita y espumosa. Lleva su rato, aviso, aunque gracias a la máquina que me deja la Pili en cinco minutos se hace la faena. En el otro bol se mezclan las yemas con el mascarpone. Con todo a punto, se mezclan ambos boles en uno y se mezcla bien mezclado. Se hace café y se echa en un plato. Se coge un recipiente cuadrado y se va procediendo: capa de mezcla, hilera de galletas sumergidas en el café y capa de cacao espolvoreado sobre las mismas. Así hasta poner dos capas de galletas. Y la última capa, con la mezcla, blanquita y bien espolvoreada de cacao. Al congelador dos horas.

 

Este pedazo de 'saltazo' de Oriol nos valió un punto en San Mamés. De dulce volvieron los rojillos, pese a las dos lesiones. EFE

 

Qué se hace durante esas dos horas? Bueno, las opciones son muchas. Desde poner una lavadora de sintéticos hasta recoger la casa, airear la zorrera que el fin de semana se pone insoportable o ver un partido de fútbol. Y ya que es domingo, ea, vamos a ver qué echan antes de comprobar nuestras habilidades como reposteros. ¡Leñe, si juega Osasuna en la Catedral! Pues no se diga más, que Martín repite el once por tercer partido consecutivo, algo que me da que no va a poder hacer la próxima jornada contra el Alavés.

Ahí que saltan rojillos de verde y los locales, a rayas blancas y rojas pero con el león en el escudo, que los del oso son de la capital y cholistas para más señas. Ya está todo preparado y empieza el partido. El tiramisú reposa rodeado de frío y el calor empieza a subir sobre el verde. Calor de las botas de Oriol Riera. Porque el delantero empezó a demostrar que igual esta vez se podía rascar algo de San Mamés. Por qué no? Pues eso...

Iraizoz sacaba una, la defensa sacaba dos. Osasuna sacaba un córner. Oriol saltaba más que nadie, Oriol cabeceaba abajo, Oriol celebraba el 0-1 Y la Catedral ojiplática pero confiada. "Bah, es el comienzo. No pasa nada". Y es que los kilates de los leones, los de Bilbao, ojo, no los de Pamplona, son muchos. Laporte comanda una defensa con Etxeita de pareja de baile, Balenziaga sigue progresando como un juvenil, Beñat tira la manija, Raúl García es 'Rulo' y todos lo conocemos. Williams vuela que se las pela y Sabin suple a Adúriz en esta fase de recuperación del delantero.

Tanto es así que en una descolgada sin aparente peligro de Sabin Merino, cinco minutos después de nuestro gol, la endeblez y confianza de Miguel Flaño permitió al delantero caracolear a un lado, recortar al otro, marearle como una perdiz y meter un centro que fue a cabecear Raúl García a gol. Sin celebrarlo, eso sí, pero marcando. Y es la maldita estampa de los exrojillos, que siempre tiene que salir alguno para meter el dedo en el ojo y dejarnos un pelín escocidos.

Luego se rompió Digard, un futbolista que empezaba a ser imprescindible en nuestra medular pero que tiene pinta de ejercer más en la enfermería que sobre el verde. Y es que llueve sobre mojado, porque el chavalico de la Chan, de nombre Iker, recortó ante el galo y le giró toda la rodilla. Menos mal que Muniáin, que no Muniaín, disparó alto. Y que no marcó en todo el partido, algo que me da por pensar que le dejó a buen seguro como el culito de un bebé sin talco...

Luego se rompió Oriol Riera. El goleador, asistente en una contra rojilla que no se culminó con éxito por la mala elección de De las Cuevas, despejó de cabeza un córner local y, al caer, pilló debajo la bota de San José. Esguince de tobillo, o eso parece que va a ser, y eso que larodilla tampoco es que cayera muy bien que digamos. A esperar a las pruebas médicas. Y con dos cambios y empate, al vestuario. Mientras, el menda lerenda, a ver cómo va el tiramisú...

Y la segunda parte fue como siempre para terminar como nunca. Fue otro asedio local, como mandan los cánones, en busca del gol que dejara los tres puntos en Bilbao. Saltaron los leones al verde. Volvieron también los de Txingurri Valverde. Y comenzó el festival atacante de los locales. Muniáin no acertó, Mikel Rico empalmó fuera con todo a favor, Nauzet se creció para sacar una palomita a la intentona del retornado Adúriz, o para despejar un disparo lejano de Laporte con mucho veneno. Lo intentaron por todas partes, por arriba, por abajo, calientito y bien despacio, que decía el ínclito Ricky Martin.

Todo parecía indicar que el final iba a ser el amargo, que el postre se nos iba a chafar, que el mascarpone se iba a cortar. Que era otro partido de esos que tantas veces hemos visto y que acaba como una película de terror, con un gol en el descuento del descuento a la remanguillé, con el cuero llorando, en propia puerta o algo así. Y sin embargo... No hubo carambola, no hubo falta de concentración en el último segundo del último minuto. No hubo error infantil. No hubo golazo imposible del rival.

Hubo concentración. Hubo trabajo colectivo, presión, correr tras el cuero, saltar a molestar, a despejar, a tapar. Hubo veteranía en la chavalada. Hubo mucho esfuerzo y sacrificio en un equipo con dos sacrificados por lesión. Y hubo premio. "Progresan adecuadamente", aseguraba Martín al concluir el partido, con el cerete algo más relajado y los esfínteres algo más sueltos que en el tramo final del mismo. Y es la verdad. Se suma, se trabaja, se cobra premio. Por eso, qué mejor manera que celebrar el punto con una ración de tiramisú. Y los que me conoce, oigan, saben que me sale de lujo. ¡A su salud!

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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