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El Forofillo : El blog de Fran Pérez
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El burro y la zanahoria

El Forofillo Fran Pérez

El burro y la zanahoria

JESÚS CASO
Actualizada 29/05/2016 a las 22:39
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Laestoy viendo, me la huelo, la oigo venir dando pasitos cortos, dubitativos y cargada de mala leche. Es la intención, la idea de cómo va a ser el desenlace de la temporada. Caprichosa y cargada de malas intenciones, torcida, imprevisible como esta primavera que estamos padeciendo. Ahí se vislumbra en el horizonte, dentro de seis días y medio, con toda la semana por delante para sacar calculadoras, hacer cábalas, dimes y diretes, que si el abuelo fuma y la abuela está de vacaciones en Tenerife. Es ella, la temida, la indeseada, la innombrable, la fábula del burro y de la zanahoria...

 

Berenguer hace lo mismo que las ilusiones del ascenso: marcharse cabizbajo. ¡Mientras hay vida, hay esperanza, rojos! ARKAITZ ZUDAIRE

 

Con la temporada que se han marcado los rojillos, siempre asomando por las proximidades del ático de la clasificación e incluso ocupándolo. Con la garra que siempre nos ha caracterizado, con la ilusión de la chavalería, con la calidad de los fichajes de diciembre, con la defensa sólida, con el meta rozando imbatibilidades, con el público como siempre, entregado, enchufado. Con resultados, con victorias en Pamplona y fuera. Con todas las opciones posibles y recibimos al Huesca, equipo casi salvado.

Pero es lo que tiene esta Liga Adelante. La necesidad de unos se convierte en carencias de los otros. Ellos necesitaban puntuar para salvarse, nosotros para cotas mayores. Estaba casi todo hecho. La victoria se daba por ganada, por obtenida, por lógica. Pero no. Otro reloj que nos hicieron, acompañado de las pulseras de los rivales que, con sus resultados, nos dejaban fuera de los puestos de promoción. Con el año que llevábamos.

No pudo comenzar mejor el Día de las Peñas. Chicharrazo de De las Cuevas. Pero no todo iba a salir bien. Para nada. La apuesta de #TodoAlRojo empezaba a torcerse con un error infantil de Berenguer. Que se va un rival sólo ante tu portero? Déjalo, alma de cántaro. Vamos ganando 1-0, la tiene que meter y, si lo hace, es un empate y hay tiempo. Pero con ese agarroncito, necesario para ser expulsado, das una oportunidad a balón parado con el precedente de Tarragona y dejas a tus compis vendidos y con una hora para correr y desalmarse.

Pues conejada que, de postre, nos castiga con el empate con otra falta de esas que parece que los futbolistas sólo le meten a Osasuna. Y para mayor penalidad, otro gol en contra con las líneas deshechas. Y descanso. Y reanudación. Y salida en tromba, con el hijo de Meho fallando dos que podían haber entrado, con otro golazo de Osasuna, del hijo de Miguel, con falta de gasolina, con contras mortales del rival, con un gol de rebote y a última hora, cuando creíamos todos que iba a pasar como contra el Numancia, que la épica y la gesta se iban a quedar en casa para tener casi asegurada la promoción.

No hubo voltereta. No hubo ni siquiera empate. Hubo derrota y salvación del Huesca, hubo ascenso del Alavés, hubo salida de los puestos privilegiados de Osasuna. Hubo ganas pero no calidad. Se fallaron en cosas que no se pueden fallar a estas alturas del campeonato. Manda narices que Nino fuera el que más corría al final, con el saco de tacos que sujeta a sus espaldas, o que De las Cuevas se desfondara hasta el último segundo, mientras la chavalería no encontraba ni aire para oxigenarse. Y ahora?
Había una vez un burrito de orejas rojas. Cabezón, testarudo y soñador, que vestía manto colorado y calzas azules marinas. El rucio fue a parar a manos de un granjero de Campanas, de nombre Enrique, quien le regalaba palabras dulces, suaves y bonitas. Un buen hombre que quería que el borrico hiciera su trabajo, que agradara a los de su alrededor, que llevara alegría e ilusión al pueblo en el que vivía, tan necesitado de buenas nuevas y de sonrisas que iluminaran sus caras. Y el bueno de Enrique calzó un palo, una cuerda y una zanahoria en su extremo y lo colocó sobre las orejas lanudas y peluditas del asno, el cuál echó a andar.
Anduvo por todos los campos de la Liga Adelante, correteó en Pamplona con el signo de la victoria, viajó hasta islas desconocidas donde mostró su mejor cara e hizo cortas excursiones a prados más cercanos donde volvía con las orejas gachas y el rabo entre las piernas. Y llegaron las dos últimas jornadas de paseo, las dos batallas en las que, de forma inexplicable, la zanahoria, el palo y la cuerda se cayeron al suelo y el burrito rojillo se comió el suculento tesoro.
Y qué le pasó al burrito?Subió a Primera?No encontró el granjero Martín otra zanahoria, otro palo y otra cuerda?Qué ocurrió? Todo dependerá de otros pollinos de la manada. El asno rojillo, liberado de la carga, tendrá que saltar al césped ovetense con la energía, las ganas y la fuerza del último paseo. Y esperar, aguzando los orejones, a ver si otros hacen el garañón y se dejan caer la zanahoria. Porque hasta el último minuto, del último segundo, del último encuentro de la temporada no se va a decidir nada. Lo vengo avisando, pero no me hacen caso. ¡Si es que, como buenos navarros, a veces somos un poquito burros!

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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